Columnistas

Posted by : Le poinçonneur | 14 sept. 2009 | Published in


Leía yo el otro día un artículo de David Trueba en el dominical de El Periódico acerca del columnismo, ese palo de la expresión escrita que algunos practicamos como hobby, y del que otros hacen, además de oficio, trinchera. Como mi pesimismo sobre el ser humano es cada vez más acentuado, progresivamente voy reduciendo el tiempo que dedico a hojear las páginas de política, internacional y similares para centrarme -amén de las de chismorreo- en las dedicadas a los artículos de opinión, bancal en el que muchos siembran, pero del que sólo unos pocos cosechan un producto digerible.

Se dolía el cineasta en su crónica en relación al ombliguismo de muchos columnistas que parecen estar permanentemente enfadados con el mundo, quejándose de todo y de todos sin ofrecer solución alguna. Lector como soy habitual de los textos del marido de Ariadna Gil, encuentro que el pequeño de los Trueba comete el mismo pecado que la generalidad de los opinadores, viendo la leve pajita en el ojo ajeno antes que la viga hormigonera en el propio. Semana a semana, el director de La buena vida pontifica a diestro y siniestro contra casi cualquier asunto a través de una prosa de aceptable calidad, aunque lamentablemente ausente de sentido del humor, ofreciendo una visión pseudoprogresista de la vida que, a veces, casa mal con el elitismo que desprenden sus textos.

Tengo para mí que el escribidor público, antes de sermonear, lo primero que debe hacer es mirarse en el espejo de la autocrítica para darse cuenta de que, teclado en mano, todos nos convertimos en unos jueces parciales que condenamos al vecino por ver Gran hermano, mientras nosotros, a la misma hora, voceamos como energúmenos jaleando a nuestro equipo de fútbol preferido.

En mi caso concreto, como además de despacharme a gusto contra lo que me da la gana, trato de entretener, por respeto a mis lectores, y en mi humildad, intento con este panfleto satirizarme a mí mismo a diario -motivos me sobran- antes de tirarle al de enfrente, con la intención de conservar la perspectiva y no caer en el mismo páramo que mi estimado Trueba. Si así lo hiciere, que mis innumerables seguidores me lo premien, y, si no, que me lo demanden.

Le disciple du Gainsbarre, 18-09-2007.

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