Trabajos manuales

Posted by : Le poinçonneur | miércoles 11 de noviembre de 2009 | Published in

Hoy día, a la juventud se lo dan todo hecho. Los de mi generación, sin embargo, tenemos mucho más mérito: fuimos, ay, autodidactas.

Un nuevo golpe a la cultura del esfuerzo, no hay más que verlo. Así están los institutos.

Comandante

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No descubro nada si pongo de manifiesto los sentimientos ambivalentes que Fidel Castro y su gobierno despiertan entre un buen número de nosotros, los izquierdosos. Frente a la munión que lo pone a los pies de los caballos, muchos seguimos todavía albergando un atisbo de simpatía -¿síndrome de Estocolmo?- hacia el régimen cubano. Cosas de la vida.

Será porque, quizá inocentes, percibimos en Fidel, aun equivocada, la fuerza de la convicción. Convicción que, tal vez candorosos, achacamos a la fidelidad a los ideales que le llevaron junto al Che a derrocar a Batista, partiendo de Sierra Maestra, hace más de cincuenta años.

Hay quien lo tacha de corrupto, demente e incluso genocida. Yo, que no creo que sea ninguna de las tres cosas, me limito a señalar que las palabras más gruesas provienen del exilio de Miami, bien alentado desde Washington y Madrid por sectores de carácter indisimuladamente conservador -por no decir ultraderechista-. Sectores que, curiosamente, siempre han sido bastante más concescendientes con las tiranías de signo contrario que durante tantos decenios han asolado Hispanoamérica.

En mi opinión, la crítica mesurada hacia Fidel y su sistema debe venir, precisamente, de las filas de la izquierda: aun exculpándolo del grueso de tropelías que se le achacan, aun reconociendo los enormes avances que la Revolución ha supuesto para los cubanos en campos tan fundamentales como la enseñanza o la asistencia sanitaria, somos nosotros, los progresistas -los que, sin condenar totalmente el sistema, exigimos su reforma-, quienes estamos más legitimados para pedir cambios a los Castro. No queremos que en nombre de los valores de la izquierda se cercene la libertad de nadie. Por el contrario, a sus adversarios más feroces, en demasiadas ocasiones, lo que les escuece de verdad no es que no sean demócratas, sino, simplemente, su condición de comunistas. El futuro del pueblo hermano les importa, a mis ojos, bastante menos.

Habría que ver qué sería hoy de Cuba sin el infame bloqueo que sufre desde 1960; probablemente, muchas de las carencias que padecen sus habitantes derivan en igual o mayor medida de la cerrazón extranjera que de la de sus propios dirigentes. No ha de ser ello, empero, excusa para lo fundamental: urge una democracia real, pero concebida y desarrollada en la propia isla, sin injerencias foráneas. Que el tiempo de Fidel y Raúl ya ha pasado es algo tan obvio como el sol del amanecer.

Me viene todo esto a la cabeza a propósito de Comandante, el atinado documental de Oliver Stone que esta tarde he vuelto a repasar. Que al cineasta estadounidense se le cae la baba con su entrevistado es algo que salta a la vista; su trabajo, del todo hagiográfico, no disimula sus simpatías hacia el caribeño. Mucho se le criticó por ello, a tal punto que la cinta no ha sido estrenada en su país de origen. Ellos se lo pierden: pocas veces se ve a un jefe de Estado mostrarse tan abierto ante una cámara, dispuesto a contestar a todo cuanto se le pregunte, y sin exigir que se corte o edite ni un solo minuto de película, como aclara el propio realizador en los créditos iniciales.

Merece Stone toda mi defensa: ni es historiador, ni periodista, por lo que su aproximación al líder revolucionario puede ser todo lo subjetiva que tenga por conveniente*. Estaría bueno que fuera un director de Hollywood quien tuviera que mostrarnos la senda de la verdad.

Comandante
es, al cabo, un punto de vista. Y los puntos de vista son, por definición, parciales.

*En 2003, Oliver Stone volvió a La Habana para entrevistar nuevamente a Fidel Castro con ocasión de diferentes actos represivos que culminaron con la ejecución de varios condenados. El trabajo, mucho más incisivo que el anterior, se estrenó como
Looking for Fidel, e incluyó la participación directa de algunos de los encarcelados por actividades políticas o subversivas.

Fantômas

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FOTO: STUDIO GAUMONT.

Star*

Posted by : Le poinçonneur | martes 10 de noviembre de 2009 | Published in

Dirigido por Guy Ritchie para BMW.

*Hace años que no soporto a Madonna, pero debo reconocer que aprecio su valentía autoparódica en este corto de su entonces marido. Clive Owen y los 400 CV del M5 E39 completan el reparto. Feliz soirée.

Obama hace historia

Posted by : Le poinçonneur | lunes 9 de noviembre de 2009 | Published in

Socialismo, socialismo, clama con la desfachatez propia de la ignorancia o la mala fe la extrema derecha del partido republicano. Estados Unidos, tras varias tentativas y salidas en falso, está a punto de homologarse con las demás democracias avanzadas en la existencia de un sistema de Seguridad Social universal.

La Cámara de Representantes aprobó el sábado por sólo dos votos de mayoría -220 sobre los 218 necesarios- con la defección de 39 demócratas y el voto afirmativo de un único republicano, un proyecto de ley que aún tiene que pasar el cedazo del Senado, lo que se espera, no sin áspera refriega, para antes de fin de año. Pero éste ya es un gran paso en la revolución, a escala de una clase política básicamente moderada como la norteamericana, que había prometido en su campaña el presidente Obama. Según el proyecto, 36 de los 46 millones de ciudadanos que carecían de esa protección -una cobertura del 96%,- tendrán acceso a un sistema de salud en lo fundamental gratuito, del que podrán servirse asimismo los residentes extranjeros; con ello, sólo quedará desatendida la inmigración ilegal.

El plan, con un coste no inferior al billón de dólares (700.000 millones de euros) para los próximos 10 años, consiste en una ampliación del servicio médico gratuito (
Medicaid) para los más pobres, y subsidios para que las personas de ingresos modestos puedan suscribir pólizas privadas de asistencia sanitaria. A este planteamiento se había opuesto la derecha más extrema y otra que no lo parece tanto. Los primeros son los que se dicen defensores de las libertades ciudadanas -entre ellas, sin duda, la de morir sin asistencia médica- y los segundos, más circunspectos, argumentaban que no era éste el momento, con la crisis destrozando la macro y la micro economía, de meterse en gastos. Pero el razonamiento vale exactamente para lo contrario: lo que pide el empobrecimiento general y es mayor inversión pública. Y, por añadidura, la Administración asegura que el sistema pondrá fin a una pésima gestión de recursos públicos. Cada norteamericano gasta o cuesta al año 7.300 dólares (5.000 euros) en atención sanitaria, el doble que en países europeos tan supuestamente estatalizados como Alemania o Francia.

Los ciudadanos que superen el umbral de ingresos que les permita acogerse al plan, deberán contratar con aseguradoras privadas, o servirse de la cobertura costeada por su propia empresa, si gozan de tales beneficios. Y no hace falta decir que tras las exclamaciones de falso y dolorido patriotismo e invocación a libertades ancestrales de las que eran portadores los Padres Fundadores están los intereses de los dispensadores privados de salud y de acción preventiva contra la enfermedad y el declive físico.


Estamos ad portas de lo que puede ser un gran éxito del presidente demócrata; de lo que puede ser el primer gran elemento definidor de su mandato. Falta muy poco para decir: sí, pudimos.

Editorial, El País, hoy.

El nuevo secretario general

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Vergara, Público, hoy.

Sexy lingerie

Posted by : Le poinçonneur | domingo 8 de noviembre de 2009 | Published in

Kylie Minogue glosando en primera persona las excelencias de la lencería Agent Provocateur.

El reparto de mi vida

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La muerte de un actor es una muerte doble o triple o infinita, porque con él se mueren todos aquellos personajes que podría haber encarnado y no le ofrecieron. López Vázquez había muerto ya un poco antes de morir porque los directores no le llamaban para ofrecerle papeles a su altura y un actor sin personajes es un hombre disminuido. Él, que era un señor al que no le importaba manifestar educadamente su fastidio, se quejaba con franqueza en una entrevista que le hizo Juan Cruz hace unos cinco años en la que el cómico brilla: no por su simpatía ni por un especial apasionamiento, brilla por su autenticidad. Es el señor mayor que no le encuentra la gracia a ser mayor, el ciudadano que no le encuentra el chiste a estos tiempos, el cómico que se siente extraño entre los suyos, el actor que no habla de su método ni de los sufrimientos psicológicos de su oficio. ¡Milagro: un ser humano que se representa a sí mismo tal cual es! Todo esto expresado con claridad de madrileño antiguo, silabeando mucho las palabras. Permítanme conmoverme por la muerte de este cómico viejo de una manera especial. Poco o nada tiene que ver esta emoción con la pomposidad que se inyecta en las necrológicas culturales y que las hace flotar como globos sobre nuestras cabezas. Pero a los globos se los lleva el viento; en cambio, el recuerdo que deja un viejo cómico está amarrado al de nuestra propia vida. Muere López Vázquez y se me dispara la imaginación haciendo un reparto con esa troupe de secundarios que protagonizaron teatro y cine en los años cincuenta y sesenta. Mi abuelo, claro, sería Pepe Isbert; mi padre, por supuesto, ese pedazo de hombre que era José Bódalo; mi madre, la dulce Elvira Quintillá; mi portero de finca, Cassen; mi tía soltera y sentenciosa, la gran María Luisa Ponte; las amigas de mi tía soltera, Laly Soldevila, Mary Carrillo y Luisa Sala; la chacha, Florinda Chico; otra chacha, Gracita Morales; esa vecina jaquetona que llevaba un sostén de los que hacían los pechos picudos sería Emma Penella; Tony Leblanc, el amigo liante de mi padre; la secretaria de mi padre para alarma de mi madre, Conchita Velasco; mi tío soltero al que le gustaban las chicas de revista, Manuel Alexandre; Paquito Valladares, el solterón que recita en las bodas; el director del colegio, Agustín González; el cura, Sazatornil; José Luis Ozores, la cara franca y alegre de cualquier trabajador manual; las vecinas elegantes, las Gutiérrez Caba y Rafaela Aparicio, que podría ser una abuela o una chacha, gritando a la hora de comer: "¡Que se enfrían las cocletas!". Podría seguir fantaseando con un reparto de actores que habrían de representar a todas las personas que habitaban mi universo infantil; dejando a un lado la presencia poderosa de mis padres, todos ellos serían lo que son en mi recuerdo: maravillosos secundarios que dan color y gracia a tu biografía. Lo extraordinario es que si pienso en López Vázquez, su cara se me confunde con la de la mayoría de los hombres que yo observaba desde mi estatura infantil. López Vázquez puede ser el director de banco, el empleado pelota, el portero de finca, el tío, el adulto rijoso y sobón; resumiendo: puedo asegurar que en mi escalera vivían varios López Vázquez, en mi calle, en mi familia; incluso, si pienso en las amigas solteras de mi tía soltera, a esa edad en que la cara se amojama y unos pelillos inoportunos pueblan las barbillas femeninas, si las recuerdo velando al Señor en la tarde de Jueves Santo, con sus gestos de dolor religioso alumbrados por la luz de las velas, siento que todas me miran de pronto desde el recuerdo con la cara de López Vázquez en Mi querida señorita. Cómo no extrañarle si su cara, sus gestos y su manera precisa de hablar se confunden con los de las personas entre las que me crié. Los tiempos son otros. No creo que a ninguno de los que conforman mi irrealizable reparto les hicieran muchas entrevistas a lo largo de su vida laboral. Es imposible imaginar, por ejemplo, a Rafaela Aparicio ofreciendo entrevista tras entrevista para explicar cómo había interiorizado el papel de asistenta en La vida por delante, o señalando el injusto desdén con el que la figura de la asistenta suele ser tratada en el cine, o alabando a ese genio (el director). No. Entonces se les prestaba mucha menos atención, su vida (aunque tenían la condición extraordinaria de cómicos) se parecía de manera más precisa a la de la gente común a la que debían representar. Así que cuando llegaban a aquel programa, Cómicos, de Diego Galán estaban tan ávidos de que se les hiciera caso como vírgenes a la hora de contar sus aventuras. Habían vivido mucho y podían contar mucho. Hay ahora en España grandes actores, más preparados físicamente, más intelectualizados, por así decirlo, pero debieran aprender de sus mayores, verlos una vez y otra en las buenas y en las malas películas de las que siempre salían airosos; olvidar algo de lo que aprendieron en la escuela, o desaprenderlo, buscar el misterio de representar a la gente con la que se cruzan a diario. Considerarse a sí mismos como personas corrientes con un oficio. Un oficio como el de López Vázquez que, sin ser un actor internacional, consiguió convertirse en el mejor actor del mundo, según Chaplin.

Elvira Lindo, El País, hoy.

FOTO:
PÚBLICO.

La segunda oportunidad (10)

Posted by : Le poinçonneur | sábado 7 de noviembre de 2009 | Published in

Curva con tierra.

VÍDEO: PACO COSTAS.

Tributos

Posted by : Le poinçonneur | viernes 6 de noviembre de 2009 | Published in


Según la doctrina oficial, uno lleva muerto más de un año, y el otro se halla gravemente enfermo, y, en consecuencia, apartado de la actividad artística. Eso dicen las hemerotecas, pero ca, a mí no me engañan: Rafael Azcona y Luis García Berlanga siguen tan pimpantes, y desde algún lugar ignoto orquestan la vida del país del que, para nuestra salud, tanto se han reído.

Y riéndose siguen: sólo así puede explicarse que la SGAE pretenda cobrar un canon mensual a un barbero de L'Hospitalet de Llobregat que tiene la insensata y escandalosa costumbre de afeitar a sus parroquianos junto a un transistor encendido. Así mismo.

Mis cachondos favoritos, esta vez, se han superado. Siempre fueron, desde luego, unos provocadores.

You could be mine

Posted by : Le poinçonneur | | Published in

Guns N' Roses, A&M Records-Universal Music. Incluida en Terminator 2, de James Cameron.

M.

Posted by : Le poinçonneur | jueves 5 de noviembre de 2009 | Published in

M. fue uno de los amores frustrados de mi adolescencia. Mientras yo besaba el suelo por donde pisaba, ella, como si hablara con un gato de escayola, solía detallarme casi a diario a modo de soliloquio los desplantes que recibía de un tercero del que, a su vez, estaba enamorada. M., a qué decirlo, era simpática, atractiva aunque no despampanante, despierta, dicharachera y con un escote en el que gustosamente me habría adentrado con total desprecio de brújulas y calendarios. Yo, por mi parte, podía resumirme como cejijunto, gafotas, granujiento y soso cual lechuga, tenía un sentido de la elegancia más que discutible y necesitaba una ortodoncia que jamás llegué a utilizar. La situación, como es natural, se resolvió de la manera esperable: le perdí la pista sin haber obtenido de ella más que algún casto beso en las mejillas, que, a buen seguro, me dio más por caridad que por otra cosa.

Tras unos cuantos lustros, hace un par de noches, M., sorpresiva, se personó en mis sueños. A través de no recuerdo qué línea argumental, la acción se situaba en el momento presente, lo que me permitía atisbar qué había sido de ella lejos de mis brazos. En mi onirismo, M. se había convertido en una magnífica treintañera felizmente casada con un ejecutivo guaperas. Tenía dos niños rubicundos y vivía en una fastuosa villa de la Costa Brava. Entre sus aficiones, destacaban el golf y los deportes náuticos.

Si es que entre mis escasas cualidades albergo la de pitoniso, al parecer, M., mandándome a paseo, tomó en su día la decisión correcta. Brindo por ella.

¡Guadalquivir almeriense!

Posted by : Le poinçonneur | miércoles 4 de noviembre de 2009 | Published in

Oriunda de la comarca de Los Vélez, en el límite entre las provincias de Almería y Murcia, mi familia siempre ha sido de natural combativo ante injusticias, falsedades y demás atropellos contra la rectitud de las cosas. Traigo todo ello al hilo de que, durante siglos, probablemente a causa de alguna oscura maniobra conspirativa, a los escolares se les ha venido inculcando la especie de que el río Guadalquivir, el más largo e importante de España, tiene su nacimiento en la sierra de Cazorla, sin que nadie -país de adocenados- osara levantar su voz contra lo que, a todas luces, no es sino una impostura.

Hora es ya de reivindicar la verdad, y como tal se ha creado un movimiento que demuestra que el río que baña Sevilla, en realidad, alumbra en las almerienses Cañadas de Cañepla, pedanía en la que vinieron al mundo mi madre, sus hermanos, mis abuelos y el grueso de nuestros antepasados. A tal efecto, mis tíos Alfredo y Agapito, comprometidos, han contribuido a la causa colaborando con su participación en el vídeo que a continuación adjunto, en la línea del más puro Dogma de Lars von Trier. Agapito, caro a las cámaras, respalda con su rotunda presencia las palabras del narrador; Alfredo, más discreto, se limita a apoyar el manifiesto desde una posición secundaria, pero no por ello menos meritoria.

Concienciado, y agitando los valores en los que fui educado, aporto mi granito de arena en pos de tan noble propósito divulgando las imágenes esclarecedoras.

Frères

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FOTO: CITROËN.

Gracias, maestro

Posted by : Le poinçonneur | lunes 2 de noviembre de 2009 | Published in


Yo, que más que admirarle, le he venerado desde que tengo uso de razón, llevaba tiempo preguntándome qué iba a ser de mí el día que se fuera José Luis López Vázquez. No porque no vaya a poder seguir viviendo sin él -no soy como aquellos infelices que lloraban histéricos a la puerta del hospital donde se autopsiaba a Michael Jackson-, sino porque, a partir de este momento, me falta un trozo referente de mi acervo sentimental, ése que no se mama en casa, sino que deriva de las propias elecciones. Parece una tontería, pero cuando el fondo es poco -como es mi caso- uno acaba siendo la música que escucha, los libros que lee, y, sobre todo -vuelvo a mi circunstancia-, las películas que ve. Ahí entraba él.

Por grande, por único, por carismático, por gracioso y por todo lo que ustedes quieran. En cuantas entrevistas le leí, aparecía como un señor mayor, serio, adusto, probablemente desengañado de los farolillos del showbiz. Todo esto poco importaba, porque su oficio, amigos, era el de cómico. Cómico con todas las letras, cómico como yo -medianía- hubiera soñado ser para embellecer el mundo a través del arte, como él hacía. Cómico de los que se dejan la úlcera, el madrugón o el lumbago en la caravana de maquillaje para darlo todo en cuanto suena la claqueta.

Un actor de raza, a lo Mastroianni, que hacía lo que le mandaran, y, probablemente, sin método. Los grandes nunca lo necesitaron.

He pasado casi una hora buscando una foto con que ilustrar este artículo. A ser posible, en blanco y negro, que siempre queda más elegante -los gafapastas somos así-. Al final, la imagen que quiero mostrar del gran cómico es en color y corresponde al día en que, hace cuatro años, recogió el Goya honorífico al conjunto de su carrera artística. A través de ese premio, los honrados éramos nosotros, sus devotos, que, aunque indirectamente, pudimos hacerle llegar nuestro reconocimiento. La gratitud que se lee en sus ojos encoge al lado de la mía mientras escribo estas líneas. Gracias, maestro, por conmoverme, por divertirme, por alegrarme, en suma, la vida.

López Vázquez dignificaba nuestro cine, que, sin él, agrava un poco más su agonía.

FOTO: PÚBLICO.