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El hombre del traje anticuado*

Posted by : Le poinçonneur | 17 ene 2013 | Published in


Hoy tampoco tenía un motivo para madrugar y, sin embargo, lo ha hecho.

Con el automatismo que da la rutina de muchos años, el hombre se ha repasado la barba -afeitado sobre afeitado- y ha rematado la faena con un enérgico masaje de Floïd. Después, y como todos los días desde que empezó la pesadilla, se ha vestido con la ropa que colgaba del galán, a los pies de su cama. La camisa, la corbata, los pantalones, y finalmente la chaqueta -de un traje algo anticuado- han abrazado su cuerpo en el orden aprendido desde que se estrenara como aprendiz en aquel comercio.


A punto de salir ya por la puerta, el hombre del traje anticuado ha querido asegurarse de que no olvidaba nada: el portamonedad y la tarjeta de metro -con un último viaje- en el bolsillo derecho y la vieja navaja multiusos -recuerdo de su primer sueldo- en el izquierdo.

Nervioso por la hora, el hombre del traje anticuado se ha encaminado hacia el metro, al tiempo que hacía saltar la navaja en su bolsillo y el contacto del metal en su mano le devolvía, poco a poco, la tranquilidad.

El hombre del traje anticuado ha alcanzado a colarse en el último vagón del convoy, rumbo al centro. En el tren, un viejo -el único que parecía no tener prisa- repetía en voz alta una letanía que hablaba de ladrones con salud de hierro, mientras el resto de pasajeros fingía no escucharle.

Ya en su destino, un joven con americana y enormes perforaciones en las orejas se le ha adelantado, ocupando su lugar en el ascensor que conducía a la calle. El hombre del traje anticuado lo ha visto alejarse, camino del día, sonriendo a la nada desde el interior del elevador. Sin tiempo para enfadarse, se ha dirigido a las escaleras y en unos minutos ya estaba ante la tienda.

Pero ya era tarde. El joven del metro -que ahora lucía una flamante corbata- charlaba en la puerta con el encargado en distendida conversación, le estrechaba la mano y le ayudaba a retirar el anuncio del escaparate.

El hombre del traje anticuado lo ha visto alejarse decidido y sin pensarlo ha dirigido sus pasos tras él. El metal de la navaja multiusos ha dejado de ser frío al contacto con su mano.

Pero el joven no llega muy lejos. Apenas una docena de metros más tarde se detiene y empieza a forcejear con el cuello de su camisa, que parece tenerle sin aliento. Por eso no ve al hombre del traje anticuado, plantado a sus espaldas. Con la navaja en la mano.

Tras unos instantes de lucha, el joven logra al fin quitarse la corbata y la tira con rabia a una papelera. Después retoma la marcha y unos segundos más tarde desaparece tras la esquina.

El hombre del traje anticuado se asoma a la papelera. La corbata es alegre y de vistosos colores. Ayudado por su navaja, consigue rescatarla sin tocar el resto de desperdicios.

Entonces piensa que un poco de color no le iría nada mal a su traje anticuado.

TEXTO: MARIBEL RUIZ.
FOTO: CRISTINA COSTALES.


*Con imperdonable retraso sólo a mí achacable, les ofrezco hoy el relato de Maribel, que, ilustrado como siempre por el sagaz objetivo de Cristina, sirve, además, para inaugurar el año en este libelo guadiánico. Disfrútenlo afiladamente.

El chico de los túneles en las orejas

Posted by : Le poinçonneur | 29 nov 2012 | Published in


-Recuerdo que la noche anterior había llovido muchísimo.

-¿Y qué tiene eso que ver con nosotros? ¿Ahora hablamos del tiempo?

-Pues aunque no lo creas, mucho. Yo siempre he creído que el clima es una proyección de nuestro estado de ánimo, que podemos forzar que llueva o que salga el sol.

-Anda, ¿cómo las tribus indias? Qué gracia. Tienes unas ideas muy extrañas.

-Bueno, en realidad también lo recuerdo por otra razón. Cuando entraste en la sala llevabas unas de esas botas que ahora os gustan tanto a las tías poneros en cuanto caen cuatro gotas.

-¿Las katiuskas?

-Sí, como se llamen. Siempre me han parecido ridículas, es como si os hubiera dado un ataque de infantilismo y anduvierais como locas a la caza de un charco en el que meteros.

-Muchas gracias.

-No me entiendes. Eso es lo que te quería explicar, que algo que siempre me ha reventado en las demás tías, en ti me pareció un detalle adorable. ¿Qué raro no?

-Tan raro como tus teorías, chico de los túneles en las orejas.

-¿Por qué me llamas así? No habías vuelto a hacerlo desde que nos conocimos.

-¿Te refieres al mismo día en que el tú me bautizaste como la mujer madura?

-¿Me lo vas a recordar toda la vida? No sabía cómo te llamabas y, bueno, eras la mayor del grupo.

-Sí. Y bastante más mayor. No seas tan prudente.

-Espera.

-¿Qué pasa?

-Un viejo que se me ha sentado al lado y no para de hablar solo. Dice no se qué de la gente que roba y que se deberían morir de cáncer.

-A lo mejor es un yayo-flauta.

-No tiene pinta. Más bien parece que no está bien de la olla.

-¿Y quién lo está?...Te voy a dejar.

-Espera. Déjame ir a verte.

-Te he dicho que no. No me encuentro bien. Creo que estoy incubando algo. Hasta puede que tenga fiebre.

-Si me dejaras, yo podría hacerte sentir mejor.

-Qué procaz eres, jovencito.

-¿Ya estás otra vez con eso? ¿Cuándo me vas a tomar en serio?

-Es mejor así. ¿No crees? Además, estoy enferma, ¿es que no lo entiendes?

-Eso a mí no me importa.

-Pero a mí sí. Y no me envíes más mensajes.

-Espera. Es mi parada. ¿Seguimos luego? Por favor.

-….

El chico de los túneles en las orejas guarda el móvil en el bolsillo del pantalón y salta del vagón. El tren se aleja envuelto en estridentes pitidos, que la profundidad del túnel transforma en carcajadas.

Mira su reloj. Se le ha hecho tarde. Acelera el paso y en tres zancadas alcanza el ascensor. Consigue colarse en su interior robándole el sitio a un hombre de traje anticuado y que apesta a Floïd, al que ni ha visto.

Una vez en la calle, se ata la larga melena en una cola que oculta bajo la espalda de la americana. Saca una corbata del bolsillo y, sin dejar de caminar, se la anuda al cuello de la camisa.

El escaparate de la tienda señorea el edificio de esquina a esquina. El anuncio sigue en la vitrina. Sin darse tiempo a dudarlo, empuja la puerta y entra, perseguido por el canturreo chillón de la campanilla.

El resto ha sido fácil. El encargado se ha mostrado reticente sólo al principio. La imagen, blablablá, un negocio conservador, más blablablá. Pero él siempre ha sabido lo que la gente necesita oír y el esparadrapo con el que le ha prometido cubrir sus lóbulos ha terminado de persuadirlo.

Después han caminado juntos hasta la puerta, y mientras se deshacía en alabanzas hacia el escaparate –por supuesto obra del encargado- le ha ayudado a retirar el anuncio. No lo lamentará blablablá, mañana a la misma hora, más blablablá.

Solo ya en la calle ha notado una vibración en el muslo. Con la sonrisa todavía en los labios, ha rebuscado en su bolsillo hasta rescatar el móvil y comprobar que había un mensaje nuevo.

-La fiebre me ha ayudado a verlo todo con más claridad. No me busques ni me llames más. He bloqueado tus mensajes.

El chico de los túneles en las orejas vuelve a guardar el móvil y camina hasta la esquina. Entonces siente que le falta el aire. Se palpa el cuello y sus dedos topan con la presión de la corbata. Deshace el nudo, se la arranca del cuello y la arroja a una papeleta. Mucho más ligero, reemprende el camino.

Un trueno estalla a sus espaldas. Las primeras gotas de lluvia lo alcanzan antes de entrar en el metro.

TEXTO: MARIBEL RUIZ.
FOTO: CRISTINA COSTALES.

Cool cars (11): Porsche 959

Posted by : Le poinçonneur | 25 nov 2012 | Published in

H.

Posted by : Le poinçonneur | 27 oct 2012 | Published in


Como el curso pasado, la presente temporada volverá a contar con Vosotras, la sección-homenaje al sexo femenino compuesta y trufada de instantáneas de lectoras de este su cuadernillo. Si a alguna de Vdes., anónima o habitual, se le antoja participar, remítame su gentil instantánea a petittrou2009@hotmail.com. Se publicará, como es natural, obviando su nombre, que quedará reducido a una letra tan sugestiva como la H. referida al bombón que preside estas líneas.


FOTO: TXUS GARCÍA.
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La mujer que llega tarde*

Posted by : Le poinçonneur | 12 oct 2012 | Published in


 
La mujer que llega tarde salva de un salto los últimos escalones que dan acceso al andén y aterriza sobre sus tacones. La multitud inicia ya el abordaje del tren y, tras unos segundos, tres pitidos anuncian el inminente cierre de las puertas.

Recuperando todavía el equilibrio, la mujer alcanza a colarse en el último vagón.
 
El calor es sofocante.

Con la pericia que da la experiencia, la mujer logra abrirse un hueco entre la gente y avanzar lentamente hasta encontrar un rincón en el que atrincherarse. Después, rebusca con decisión en el interior de su maletín y saca un periódico.

Millones de gotas de sudor se deslizan por la espalda de la mujer, que tras considerable esfuerzo consigue localizar su sección favorita y se sumerge en la lectura de los anuncios personales.

Sólo cinco minutos más tarde, un muchas gracias señora, la devuelve a la realidad. Una mujer gorda y de melena ardiente, está cediendo su sitio a un anciano. El viejo suspira y se deja caer con dificultad sobre el asiento. La mujer abandona por un momento el periódico y fija su mirada en él. El viejo tiene el pelo gris y los ojos claros, va vestido con un traje oscuro de aparente buen estado, aunque un estudio más profundo delata unos puños y bajos raídos.

La mujer lo observa unos instantes. El anciano le resulta extrañamente familiar. Decide desechar la idea pensando que podría tratarse del abuelo de cualquiera. Una sacudida del tren hace coincidir sus miradas. La mujer siente en su cara el calor de la vergüenza. El viejo le envía una sonrisa neutra y distante, que le hace dudar que vaya dirigida a ella. Por si acaso, la mujer le corresponde con un asentimiento fugaz y vuelve a clavar la nariz en la prensa.

Pero es inútil. No puede quitárselo de la cabeza. Su cara le es conocida, así que vuelve a examinarlo, asomándose por encima del periódico. El viejo habla ahora en voz queda, mientras mira a su alrededor en busca de interlocutor. "Dicen que hay Dios, pero es mentira, si la gente que roba muriera de cáncer, entonces no lo sería" repite, una y otra vez. Su vecino de viaje –un joven de pelo largo y túneles en las orejas- se desentiende de él simulando leer algo en su móvil.

La megafonía interna anuncia la próxima estación. La mujer que llega tarde reconoce el nombre de su parada y salta al andén en cuanto se abren las puertas.

Y entonces lo recuerda.

Orlando Mir. 75 años. El anuncio en el periódico de ayer -el único que no vendía nada- con una foto del viejo, algo antigua, y un teléfono de contacto.

La mujer se vuelve y lo busca con la mirada. El viejo se ha levantado de su asiento y avanza hacia ella. Tres pitidos anuncian el cierre de las puertas.

-¡¿Orlando?! - grita la mujer.

-Dicen que hay Dios, pero es mentira, si la gente que roba muriera de cáncer, entonces no lo sería- repite el viejo a modo de respuesta.

El tren cierra las puertas y retoma la marcha.

El viejo agita la mano y le sonríe con la mirada perdida.

La mujer que llega tarde le devuelve el saludo.

*Un año más, me hincho cual pavo en ofrecerles las felices colaboraciones de Maribel -con la palabra- y Cristina -con el objetivo-, en esta sección aplaudible y destacada entre el páramo que conforma este libelo, que es, como siempre, el suyo y el de todos Vdes.


TEXTO: MARIBEL RUIZ.
FOTO: CRISTINA COSTALES.

Amor sexus

Posted by : Le poinçonneur | 22 jun 2012 | Published in


Vía el Face de Erika Lust, me doy con este estupendo tumblr de temática erótica. Contenido explícito y para mayores de edad, as usual.

Pásenme, ufanos, un fecundo y cochinillo fin de semana.

O.

Posted by : Le poinçonneur | 2 may 2012 | Published in

Cool cars (9): Renault Rodeo 5*

Posted by : Le poinçonneur | 1 may 2012 | Published in


*Sí, hoy ración doble. ¿Pasa algo?

Cool cars (8): Ferrari Rainbow

Posted by : Le poinçonneur | | Published in


Rostros pálidos

Posted by : Le poinçonneur | 3 abr 2012 | Published in


Cualquiera que peine ya canas -si es que aún tiene la suerte de peinar algo- sabe que, desde el punto de vista estético, la década actual es de las más decentes: posturas aparte -esos morritos perennes-, los treintañeros del mañana van tan absolutamente ideales -deben pasarse horas componiéndose antes de salir para el insti, cuando los de mi generación apenas nos lavábamos la cara y nos poníamos lo primero que pillábamos- que podrían encajar sin problemas en el remake de Sensación de vivir. Repasen mentalmente a cualquiera de sus sobrinos y verificarán que raro es el día que no lleve quinientos euros puestos encima entre Blackberry, iPod, gafas Carrera o zapatillas Dolce & Gabbana.

Yo, que vestía de mercadillo o de Carrefour, valoro la perfección de la mocedad actual, pero encuentro su estilo tan sustancioso como una pared de pladur: quítenles un solo elemento y el castillo de naipes se irá al carajo en cero coma.

Para los que, como quien esto escribe, se nostalgien de los felices noventa -horrendos, mas coloristas-, avanzo, vía El País, que un par de cachondos -los cineastas estadounidenses Anna Bak-Kvapil y Alex Ross Perry- han compuesto para nuestro solaz Pale Face Première, un descacharrante tumblr dedicado a sobresaturadas fotos de estrellas del celuloide en la alfombra roja de hace veinte años. Cliquen aquí y disfrutarán de sus iconos envueltos en palidez de geisha -culpa del makeup o de los flashes, según las fuentes- y revestidos de la inolvidable moda de una etapa lamentablemente sustituida por el vacío más contumaz.

FOTO: CORDON PRESS/EL PAÍS/PALE FACE PREMIÈRE.

R.

Posted by : Le poinçonneur | 20 mar 2012 | Published in

M. (Fe de erratas)*

Posted by : Le poinçonneur | 5 mar 2012 | Published in


*Un lamentable error de este juntaletras traspapeló la foto original que mi exquisita M. había enviado para todos Vdes. Como la máxima de este Vosotras es que las imágenes respondan a la selección de las propias interesadas, desfago el entuerto devolviéndoles lo que tan torpemente les hurté.

M.

Posted by : Le poinçonneur | 20 feb 2012 | Published in

Kissy corner

Posted by : Le poinçonneur | 16 feb 2012 | Published in


Lo que tienen Vdes. sobre estas líneas es un rincón del delicioso y recién remodelado salón pamplonés de mis más que estimados Álex Herrera y Princesa de Hojalata -sus espacios, aquí y aquí- Podría escribir mil fruslerías sobre esta imagen, pero como en ningún caso le harían justicia, prefiero abstenerme y dejar que Vdes. se centren en disfrutarla tanto como yo.

MEG

Posted by : Le poinçonneur | 30 ene 2012 | Published in

S.

Posted by : Le poinçonneur | 19 ene 2012 | Published in

T.

Posted by : Le poinçonneur | 2 ene 2012 | Published in


Este nuevo curso he decidido reconvertir la antigua sección Ellas, dedicada a mujeres que, por una u otras razones, me parecen la personificación de lo sublime. Sin cambiar en absoluto de propósito -el perenne homenaje, ya saben-, abandono las frías celebrities a quien jamás conoceré en favor de todas Vdes., mujeres de carne y hueso que demuestran a diario en despachos, juzgados, supermercados y salas de parto cuál es, sin discusión, el sexo fuerte.

Ellas, pues, muta en Vosotras: tras una inicial prospección entre mis próximas -a todas, grazie mille-, dispongo ya de unas cuantas instantáneas que serán publicadas por orden de recepción sin más detalle identificador -privacidad obliga- que la inicial del nombre de pila de cada una de las participantes. Si alguna lectora quiere unirse, contribuya con su imagen a petittrou2009@hotmail.com, la habitual ventanilla de atención al cliente.

Y a todas, las que se decidan y las que no, una vez más, prospérrimo 2012.

Uma*

Posted by : Le poinçonneur | 25 jun 2011 | Published in


*Con la inasible Thurman acaba Ellas. Han sido, en total, cuarenta instantáneas de mujeres fascinantes con las que confío haber respondido al propósito inicial de proclamar a los cuatro vientos y por enésima vez mi inveterada pasión por las más exquisitas criaturas jamás proyectadas: Vdes., señoras. En mi nombre, y para siempre, tres palabras: a sus pies.

FOTO: DAVID LACHAPELLE

Sylvia

Posted by : Le poinçonneur | 18 jun 2011 | Published in

Beyond the MILF

Posted by : Le poinçonneur | 16 jun 2011 | Published in


Como he dicho por aquí en alguna otra ocasión, y en tanto que experto comprador compulsivo, soy perenne fan de Taschen, esa fábrica alemana de libros que nadie lee, pero que dan un postín que te cagas al salón de cualquier moderno que se precie. En casa hay varios Taschen de la serie gamberra -Roy Stuart, The New Erotic Photography, The Playboy Book- que me divierte dejar a la vista en cualquier estante para escándalo de ciertas visitas -a propósito del asunto, llevo tiempo amagando con dejar lomo arriba en la mesa de centro The Big Penis Book, pero mi aguafiestera esposa me veta el capricho una y otra vez-.

Ahora, ahondando en la temática, mi editorial de cabecera se descuelga con Days of the Cougar, la crónica fotográfica de las aventuras sexuales de Liz Earls, una oronda californiana que, a sus late forties, perdió cuarenta kilos, le dio puerta a su marido y se decidió a pasar el resto de su vida tirándose a todo aquél que se pusiera por delante, siempre -condición indispensable- que tuviera la mitad de su edad. Desembridada, la Earls lleva años documentando sus maratones pélvicos en  Fantasy Capture, web aquí disponible a golpe de clic para mis lectores mayores de edad.

Por si algún imprudente aún no lo supiere, el término cougar hace referencia a aquella dama de más de 35 años que, como la feliz Liz, hace de su capa un sayo en lo carnal por la vía huracanada. Es de suponer que en lo sucesivo, con el concurso del sagaz Herr Taschen, el cougarismo va en camino, si no de extenderse, sí de divulgarse al menos en lo teórico.

Y yo que me alegro, oigan.