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Mi tío (edición homenaje)*

Posted by : Le poinçonneur | 12 mar 2012 | Published in


Dentro de unas semanas, mi tío Manuel cumple los 83.

No se ha quitado el bigote desde que hizo la mili. Con él, deviene un híbrido entre David Niven y el padre de Julio Iglesias.

Llegó a Barcelona soltero, aún reciente la posguerra. Trabajó en lo que encontró. Según me cuenta, -a lo que dice hay que concederle un 50% de credibilidad-, se recorrió todas las casas de putas del Barrio Chino. El polvo salía a duro. Al final, acabó intimando con una gallega. La que es hoy mi tía, mientras tanto, lo esperaba en su pueblo andaluz bordando el vestido de novia.

De pequeño, me enseñó a tirarme pedos de la manera más sonora posible. No le importaba que mi abuela -su suegra- estuviera presente.

Es capaz de comerse guindillas picantísimas sin echar una sola lágrima. La leche, sin embargo, le sienta como un tiro desde que lo operaron de una úlcera, poco antes de nacer yo.

No tiene inconveniente en bajarse los pantalones en una reunión familiar si lo juzga menester. He sido testigo de ello en varias ocasiones.

Ya jubilado, le dio por ir solo a la playa nudista. Siempre negó que fuera a hacer de mirón.

Echa sal a las naranjas.

Se sacó el carnet yendo para cincuentón. Tuvo un 127 verde hierba hasta el 86, en que lo cambió por un Opel Corsa blanco que dio de baja el año pasado, según él, en estado impecable. El coche, en realidad, se caía a pedazos. Aunque su modo de conducir me recordaba a Los autos locos, jamás tuvo un accidente. Tampoco pinchó una rueda.

Pasa las tardes tumbado en el sofá viendo El diario de Patricia.

Hasta hace unos meses no tomaba ni un solo medicamento.

Siempre he sido su sobrino favorito.

De huertos adyacentes, competía con mi padre a ver quién cosechaba los tomates más gordos. No ganó ni un solo año.

En los bares del barrio era el rey de la barrecha.

El único periódico que ha leído en su vida es El Caso.

Escondía las revistas guarras debajo del colchón.

Mi tío Manuel, a qué decirlo, es uno de mis referentes. No sé qué será de mí el día que me falte.

*Ayer despedimos para siempre -porque no creo en el otro barrio- a mi tío Manuel. En vez de dedicarle una elegía o un texto arrebatado, creo mucho mejor recuperar este antiguo post escrito cuando él estaba vivo y en estado aún aceptable. Se ha ido un connaisseur, y, sin él, el mundo es hoy un poco más aburrido. Por suerte para mí, tomé buena nota de sus enseñanzas ya desde la cuna y pienso aplicarlas hasta que me toque seguirlo.

Estando este sábado mi tío el calavera aún de cuerpo presente, me tomé un
gintonic a su salud; hoy, le dejo estas letras que no le harán justicia.

Manolo, eres grande.

IMAGEN: GAUMONT FILMS.

Juanito XXXVII

Posted by : Le poinçonneur | 17 feb 2012 | Published in


El moderno contumaz que tienen sobre este texto -una especie de réplica de bolsillo de Nacho Vegas- es mi amigo Juan Vico, un tipo colorista recientemente reseñado en este libelo a cuenta de un relato erótico de la serie La Folie Nue.

Como dije en su día, son más de dos décadas las que llevamos de amistad, lapso en el que ha pasado de resoplar conmigo para tratar de aprobar Gimnasia -materia dañina y superflua: quítenla ya de los currículos- a convertirse en uno de mis ídolos terrenos.

Mi Juanito, que vive como quiere -como un Dios, básicamente- cumple hoy 37 años en su mejor momento desde todos los puntos de vista. Le deseo, al menos, otros 37 de plenitud -después, ya nos acompañaremos en las unidades hepáticas de cualquier centro hospitalario-.

Te quiero, cabrón.

John F. Kennedy, Jr.

Posted by : Le poinçonneur | 20 abr 2010 | Published in

Habránse preguntado algunos de mis feligreses por el sentido de los artículos que aquí se publican bajo el epígrafe Connaisseurs. Como puede fácilmente comprobarse, las más de las reseñas van dedicadas a hombres legendarios que hicieron de la bragueta su estilo de vida, exponentes de aquel noble oficio antiguamente conocido como playboy. La causa de todo ello es, evidentemente, mi envidia contumaz hacia quienes, tocados por la divinidad, vivieron -o viven- entre sábanas de raso, barreños de caviar y hembras despampanantes. Y es que sí, amigos, yo diera todo por haber pasado mis mejores años saltando de cama en cama de Gstaad a Montecarlo, pero mi humilde casta, mi carisma inexistente y mi nefando físico me condenaron al lugar que en justicia me correspondía: el montón. Dura lex, sed lex.

Merecedor como pocos de panegírico, John Fitzgerald Kennedy, Jr vino al mundo en Washington el 25 de noviembre de 1960, apenas tres meses antes de que su padre se convirtiera en el 35º Presidente de los Estados Unidos. Entre oropeles, John-John vivió sus tres primeros años junto a su hermana Caroline en una Casa Blanca recién redecorada por la etérea Jacqueline, regalando a cada poco al mundo tiernas estampas infantiles en el Rose Garden o bajo el escritorio Resolute del Despacho Oval.

La vida pública -que no política- de la Primera Familia norteamericana discurría en un ambiente de cuento de hadas -de puertas para adentro, la cosa era muy otra, merced a los escarceos presidenciales con Marilyn y otras muchas- cuando el 22 de noviembre de 1963, el magnicidio de Dallas puso fin a la Administración más glamourosa del siglo XX. El pobre Lee Harvey Oswald acabó pagando el pato de una trama sin duda mucho más complicada, provocando, de paso, otra foto histórica: la del pequeño Kennedy saludando marcialmente ante el féretro de su progenitor.

La desconsolada -y aterrorizada- Jackie se trasladó a Nueva York con sus hijos, hallando consuelo -según las malas lenguas- en los brazos de Bob, su cuñado, pronto destinatario de la misma suerte que su infortunado hermano. La exclamación llegó cuando, en 1968, la viuda nacional contrajo matrimonio con el rupestre Onassis en lo que no fue sino un intercambio entre las ansias de lujo y seguridad de una y el deseo de introducirse en la alta sociedad estadounidense del otro. Un lustro después, las facturas de las tarjetas de crédito empezaban a resultar preocupantes hasta para el griego de oro, que, para entonces, ya se había dado cuenta de que su mujer prefería Park Avenue a la inhóspita Skorpios. El proceso de divorcio, inevitable, sólo fue interrumpido por el fallecimiento del magnate en 1975, y la todavía consorte recibió un buen pellizco de la herencia, regresando definitivamente a la Gran Manzana junto a su descendencia. John, ya un adolescente, encaraba una juventud marcada por el dinero, los paparazzi y los gorilas del Servicio Secreto encargados de su protección.

A principios de los ochenta, el príncipe de la Costa Este se licenció en Historia, formación que completó con un doctorado en Leyes unos años más tarde. Tras un período filantrópico dedicado a mantener el legado de la memoria de su padre, acabó convirtiéndose en ayudante del fiscal del distrito de Manhattan después de suspender el examen en dos ocasiones. Como él mismo reconoció sin pudor alguno, no era ningún genio jurídico.

Daba inicio por aquella época el período de esplendor del que, para la revista People, fue considerado en 1988 the sexiest man alive. Despreocupado por su sustento por razones obvias, pasaba largas horas en Central Park practicando todo tipo de deportes y luciendo un físico que era la envidia de la jet mundial. Especial mención merece su selecta lista de amantes, trufada de celebrities como Sarah Jessica Parker, Ashley Richardson e incluso Madonna -el mejor escribano echa un borrón-. Fue, sin embargo, Daryl Hannah su relación más duradera, siempre a punto de un enlace que nunca llegó a producirse.

En 1995, Kennedy fundó George, una revista de actualidad social y política que pasó por los quioscos con más pena que gloria. Tres años más tarde, el divino amagó sentar la cabeza finiquitando definitivamente su idilio con Hannah para contraer matrimonio con Carolyn Bessette, una rubia algo insulsa de la alta sociedad de Boston. La prensa los adoró, aunque la opinión pública nunca acabó de creerse a la nueva pareja.

Así las cosas, el 16 de julio de 1999, John-John despegó del aeropuerto de Essex County con su Piper Saratoga acompañado de su esposa y Lauren, la hermana de ésta. Acababa de obtener la licencia de piloto -afición en la que fue introducido por Alexander, el malogrado hijo de Onassis-, por lo que su experiencia en vuelo era más que magra. Tenía, además, un tobillo renqueante por un reciente accidente deportivo. Aun así, decidió, en medio de la noche, sobrevolar el Atlántico para dirigirse a Martha's Vineyard, una exclusiva isla de Massachussetts donde debían asistir a una boda. Probablemente por la impericia del piloto, la avioneta acabó precipitándose al océano durante la maniobra de descenso, causando la muerte de sus tres ocupantes.

Sin querer, el adonis americano acabó plegándose a la máxima de los viejos rockeros: vivió deprisa, murió joven y dejó un bonito cadáver.

*A Eva. Petición cumplida :)

Bad guys drive Charger

Posted by : Le poinçonneur | 25 mar 2010 | Published in








Actor superlativo. Connaisseur de connaisseurs. Macho entre los machos -Bogart, a su lado, una nenaza-. Hoy, el gran McQueen cumple 80 años.

Algunos infelices van por ahí diciendo que está muerto. Qué sabrán ellos.

Álvaro se depila*

Posted by : Le poinçonneur | 1 mar 2010 | Published in


*Este sábado, durante la cena, mi amigo Rubens y yo, primarios, mantuvimos entre copa y copa una animada conversación acerca de la creciente tendencia rasuradora que cierto público masculino aplica a sus partes íntimas. Obviando aquí nuestra opción personal -qué ordinariez-, esta mañana me he dado cuenta de que el gran Muñoz-Escassi, al respecto, lo tiene clarísimo. Quizá de ahí su éxito, más que inveterado. Bravo por él.

FOTO: SHANGAY EXPRESS.

Ferruccio Lamborghini

Posted by : Le poinçonneur | 28 feb 2010 | Published in

Cuenta la leyenda que, a principios de los años sesenta, Ferruccio Lamborghini, un acadaulado industrial dueño de una fábrica de maquinaria agrícola, se entrevistó con Enzo Ferrari para exponerle sus quejas acerca de los constantes problemas de fiabilidad de sus coches, de los que poseía unos cuantos ejemplares. Il Commendatore, altivo, lo despachó con una frase: yo no construyo coches para fabricantes de tractores. Lamborghini, indignado, abandonó Maranello con una sola idea en la cabeza: concebir un automóvil deportivo que dejara a los de Ferrari a la altura del betún. Y a ello se puso.

Sea o no cierta la anécdota -de la que circulan varias versiones- está claro que Lamborghini fue un visionario. Hijo de granjeros, nació el 28 de abril de 1916 en Cento, un pequeño pueblo de la provincia de Ferrara, y se hizo rico después de la II Guerra Mundial comprando al Ejército italiano restos de vehículos militares para reconvertirlos y destinarlos al trabajo en el campo. Durante la contienda formó parte de un destacamento de transporte, lo que le permitió adquirir preciosos conocimientos de mecánica que más tarde emplearía, primero, en sus tractores, y, más tarde, en sus deportivos.

Con el ánimo de conseguir su vengativo propósito, estableció la sede de su nueva filial en la localidad boloñesa de Sant'Agata, cerca del eterno rival. Gran aficionado a nuestra discutida fiesta nacional, eligió como emblema un toro, su signo del zodíaco. En 1963 presentó el primer fruto de la apuesta, el 350 GT, gestado con la ayuda de antiguos ingenieros de Ferrari como Gianpaolo Dallara o Robert Wallace. Vetada Pininfarina por su estrecha relación con la firma del cavallino, el primogénito fue diseñado por Carrozzeria Touring, que lo dotó de su renombrado sistema superleggera de chasis liviano. El movimiento vino a cargo de un V12 de 5,5 litros y seis carburadores Weber. El impacto en el público italiano, acostumbrado al duopolio Ferrari-Maserati, fue total.

El golpe definitivo, sin embargo, vino en 1966 con el tercer modelo, el Miura P400, un deslumbrante Gran Turismo dibujado en Bertone por el veinteañero Marcello Gandini. Con él, Lamborghini introdujo la técnica del motor central, que permitía que comportamiento y reparto de masas fueran ideales para la conducción de altas prestaciones. El sistema -avanzado tímidamente por Ferrari en el 250 LM- convirtió al instante en obsoletos a los temperamentales 365 Daytona del vecino de Maranello, que, aun potentes, poco podían hacer contra el recién nacido novillo y su refinado planteamiento.

El éxito del producto fue tal que algunos potenciales compradores, desorientados, contactaron con el ganadero español Eduardo Miura para encargarle un P400. Éste, enfadado, exigió explicaciones a Lamborghini por el uso de su divisa. La cosa se solucionó con un encuentro en la finca andaluza de Miura en que éste quedó prendado de los deportivos del italiano. Su nombre, a la vista estaba, quedaba a buen recaudo. La saga de las denominaciones taurinas continuó con modelos tan emblemáticos como los Espada, Urraco o Islero, éste último relativo al astado que acabó con Manolete.

La década de los setenta, sin embargo, se tornó amarga, y una serie de problemas financieros en sus empresas derivados de la crisis mundial del petróleo obligó a Lamborghini a vender su división de coches de lujo. Hoy, tras pasar por varias manos, la firma forma parte del coloso alemán Volkswagen, que, pese a fabricar buenos productos, está lejos de igualar el carisma de los clásicos impulsados por el fundador.

Retirado al campo, Ferruccio se convirtió en viticultor, actividad que continúa hoy día con gran éxito su hijo Tonino. El innovador empresario murió en Perugia el 20 de febrero de 1993, a los 76 años, dejando huérfanos a millones de incondicionales en todo el mundo.

Para la historia, la frase que pronunció Frank Sinatra hace más de cuarenta años: cuando uno quiere ser alguien, conduce un Ferrari. Cuando ya es alguien, conduce un Lamborghini. Amén.

The Real Prince

Posted by : Le poinçonneur | 6 oct 2009 | Published in

El príncipe Felipe siempre me ha parecido un sosainas, impresión que, lejos de atenuarse, se incrementa con el paso de los años. Poco ducho en las artes de la oratoria, parece que no hubiera quitado la percha al traje antes de ponérselo. Tal circunstancia puede parecer fútil, mas no lo es: la Monarquía seguirá existiendo mientras la gente -o sus representantes, siempre a golpe de encuesta- quiera, lo que tiene mucho que ver con el magnetismo de su titular; mientras Juan Carlos es jaleado por las masas, su heredero -qué decir ya de Letizia- despierta bastantes menos simpatías. That's a fact, que dirían los ingleses.

Probablemente, la cosa fuera muy diferente si nuestro Asturias trasmutara en Hubertus, el hijo menor del mítico Alfonso de Hohenlohe -alma mater de la Marbella más in de los años sesenta- y la princesa italogermana Ira von Fürstenberg. Descendiente, en suma, de la familia real de Württemberg, y sobrino por parte de madre del gran Gianni Agnelli -de casta le viene al galgo-, el ya no tan joven Hohenlohe -alcanza la cincuentena este año- divide su carisma en disciplinas tan diferentes como la fotografía, el esquí de alto nivel -ha representado a México, su país de nacimiento, en varios Juegos Olímpicos- y la música pop más vanguardista.

Dandy de referencia, Hubertus cuelga en su web sus propuestas en los ámbitos antes mencionados, permitiendo paladear de balde pequeñas píldoras de su arte. Undiscovered streets, corte del CD Enter my universe, vol. 1, es una de ellas. También aparece expuesta su afortunada colaboración con el estiloso Lapo Elkann -su primo, a la sazón-, fundador de la firma de moda Italia Independent, anteriormente glosada en estas páginas.

Mientras, desde aquí, animo a Felipe a hubertizarse aunque sólo sea un poco -hacedme caso, Alteza, que me lo agradeceréis-, yo, por mi parte, trato de hacerme vía Internet con Urban Jungles, libro recopilatorio de fotografía urbana publicado por teNeues en 2008. Ochenta euros tienen la culpa. Qué cara es la bohemia, válgame el cielo.

Todo sea por el glamour.

Luis Miguel Dominguín

Posted by : Le poinçonneur | 24 sept 2009 | Published in

Nacido en Madrid en 1926, Luis Miguel González Lucas vino al mundo en una familia cornúpeta comandada por su padre, el maestro Domingo Dominguín. Iniciado en el mundo del toreo en plena adolescencia, tomó la alternativa con el mote paterno en 1944, figurando tres años después en el mítico cartel de la tarde que Islero mató a Manolete en Linares.

De faena refinada y artista, Dominguín fue amigo de seres tan antagónicos como Picasso o Franco, lo que demuestra su ductilidad en temas políticos, cualidad especialmente apreciada en tiempos como los que le tocó vivir. Legendario tanto en los ruedos como en los lechos, su lista de conquistas contuvo nombres como los de Lauren Bacall, Rita Hayworth, Lana Turner o Ava Gardner. El macho entre los machos, sin embargo, terminó cediendo a Cupido en 1955 a través de su enlace con la actriz italiana Lucia Bosè, madre de sus hijos Miguel, Lucía y Paola.

El matrimonio, tempestuoso, acabó separándose a finales de los sesenta a raíz de la publicación de unas fotos en que el racial esposo retozaba alegremente en una piscina con su sobrina Mariví. La escocida Bosè, harta de infidelidades, jamás volvió a mentarlo por su nombre, refiriéndose a él únicamente a partir de ese momento como el torero. Hoy todavía, sin embargo, asegura que, de darse la oportunidad, volvería a casarse con él sin dudarlo un instante.

Especialmente enconada fue su rivalidad con Antonio Ordóñez, el marido de su hermana Carmen, madre de Carmina, la divina. Los cuñados, amos del escalafón, acabaron por no hablarse, retomando su relación únicamente después de sus respectivas retiradas.

Apartado de la vida pública, el gran Dominguín acabó sus días en 1996 casado con Rosario Primo de Rivera y reconciliado con su hijo mayor, cuyas tendencias artísticas levantaron inicialmente ampollas en su cañí progenitor. Bien está lo que bien acaba.

Dandis

Posted by : Le poinçonneur | 18 jul 2009 | Published in

Los que tenemos el carisma de una ameba, es lógico que nos busquemos unos cuantos referentes que nos sirvan de guía en este valle de lágrimas. Si encima de inútiles, somos aficionados a ciertas artes que requieren de ese carisma ausente, el drama se multiplica. Mas hacemos lo que podemos.

A mí mismo, simple y vacuo cual berberecho, me gusta vestir bien. Que habría que determinar lo que cada cual entiende por vestir bien: para mí, simplemente, la cosa consiste en ponerte lo que te da la gana, en función de un estilo propio. Vestirse, que no cubrirse: parece baladí, pero la diferencia es galáctica.

Como no tengo un duro, he de conformarme con mis camisetas y calcetines multicolores. Ocurre, además, que soy alérgico a planchar, lo que hace que, en mi vida diaria, haya desterrado las camisas, prenda que me subyuga y de la que llegué a acumular más de dos docenas simultáneamente. Hay que joderse que la vagancia gane a la bohemia, pero así son las cosas.

De vez en cuando, sin embargo, me gusta dar el golpe. En las bodas, por ejemplo. En la última, con mi veterano traje negro de raya diplomática, zapatos color miel y corbata verde césped, mi prima Mari me piropeó: ¡estiloso! Cuando me dijo que era el más elegante del evento casi me desmayo. Es lo que tiene la ausencia de autoestima, que con una tontería levitas.

¡Hola!, cada cierto tiempo, dedica unas líneas a tratar de dilucidar quién es, actualmente, el hombre mejor vestido del mundo. Sobre cuestión tan banal, existen diferentes teorías, mas hace un tiempo se aventuraron dos nombres, los de Rafael Medina, actual duque de Feria -el hijo de Nati Abascal, para los profanos- y Lapo Elkann, miembro de la familia Agnelli y patrón de la firma de moda Italia Independent, alfa y omega de todo lo in.

A Medina lo despacho pronto: siendo más joven que yo, se atavía como si tuviera 75 años -Arturo Fernández, a su lado, un hippy-.

El auténtico dandy arriesga, huyendo del conservadurismo. Es así desde la noche de los tiempos. Elkann -centrándome ya en mi candidato- combina los trajes que heredó de su abuelo -el gran Gianni- con unas deportivas azul turquesa y se queda más ancho que largo. Las gafas de sol, XXL. Sombreros, pulseras. Stravaganza en estado puro. Y arrestos, por qué no decirlo: ya daría yo un brazo por atreverme a hacer lo mismo. Atrás quedaron los accidentes con drogas y travestís: pleitesía ante Lapo.

Y es que en eso consiste el dandismo: en ser un excéntrico. Bien lo sabía el duque de Windsor cuando, en su exilio parisino, pedía gaseosa para acompañar los costosísimos vinos con que obsequiaban al exrey de Inglaterra. O el Avvocato, ya mentado, que lucía sus Rolex por encima del puño de la camisa. Del brazo de Grace Kelly, si era necesario.

Es por todo ello que bostezo cuando veo a Urdangarín y aplaudo si diviso a Marichalar, que, intrépido, casi nunca acierta, pero al menos tiene la valentía de intentarlo.

FOTO: HUBERTUS HOHENLOHE/ITALIA INDEPENDENT.

Rubi, la leyenda*

Posted by : Le poinçonneur | 31 may 2009 | Published in

Aquí y aquí pueden disfrutarse dos fragmentos de un documental que, aunque incompleto, puede servir a los profanos para hacerse una idea del potencial de Porfirio Rubirosa, Rubi, el célebre dominicano ídolo de reprimidos que dio origen al más noble oficio que aspirarse pueda: el de playboy.

Nacido en 1909 en la villa de San Francisco de Macorís, Porfirio vivió gran parte de su infancia y primera juventud en París, lugar de destino de su padre, diplomático. Acomodado a principios de los años treinta en los círculos de poder de su país a raíz de su breve matrimonio con Flor de Oro, la hija del dictador Trujillo, pronto sus modales y savoir faire lo catapultaron a lo más selecto de la jet set internacional, coto en que conquistó a damas tan heterogéneas como Barbara Hutton, Doris Duke, Zsa Zsa Gabor, Marilyn Monroe o Rita Hayworth. Con las más ricas se casó, con las otras, sólo se divirtió.

En compañía de otros connaisseurs como Gianni Agnelli o José Luis de Vilallonga, el huracanado Porfirio vivió su época dorada en el París de los cincuenta, saltando de boîte en boîte y de cama en cama. Siempre dijo que su tiempo era demasiado precioso como para perderlo trabajando. A fe que lo cumplió.

La decadencia, tránsito reservado a los verdaderamente grandes -unicamente puede caer quien ha estado en lo alto-, sorprendió a Rubirosa en la década siguiente. Poco a poco, las fiestas fueron espaciándose; las aventuras, conteniéndose. Aterido ante su propio proceso de envejecimiento, acabó sus días una madrugada de 1965 estrellando su Ferrari descapotable contra un árbol del Bois de Boulogne. Las causas dieron pie a la especulación, y la especulación, al mito. Para la historia queda.

Rubi nunca fue ni alto ni guapo, cualidades, en su gremio, sólo necesarias para los mediocres. Su secreto residía en una galanura fuera de lo común, además de una máxima inquebrantable: para seducir millonarias, no hace falta ser rico, basta con aparentarlo.

Es posible, sin embargo, que la razón definitiva de su éxito fuera otra: aquélla que Truman Capote, admirado, definió como una macana café con leche de once pulgadas, tan gruesa como la muñeca de un hombre.

Las cosas como son.

*Gracias a mi compadre Jose por los vídeos al principio mencionados y la fe de erratas.

Junot, leyenda viva

Posted by : Le poinçonneur | 29 mar 2009 | Published in

Maestro de maestros, Philippe Junot nació en París el 19 de abril de 1940. De fama legendaria y contrastada en las boîtes de la Ville Lumière, combinaba su dandismo con una labia que le hizo acreedor de los favores de innumerables damas.

A finales de los setenta, una veinteañera y huracanada Carolina de Mónaco, con la excusa de unos estudios en la Sorbonne, se instaló en el apartamento paterno de la Avenue Foch, desde el que, noche tras noche, partía a los locales más chic de la capital en busca de la libertad que mamá Grace le negaba. En una de sus incursiones festivas se cruzó con el maduro Philippe, que, al instante, la cautivó por ser el primer hombre que la trató como una mujer corriente.

El idilio fue instantáneo, y el matrimonio, imprescindible tras la divulgación de unas imágenes de la princesa y el playboy compartiendo yate en paños menores. Según la mitología, cuando Tessa de Baviera, invitada al enlace, acudió a dar la enhorabuena a Rainiero, éste le contestó: no me felicites, mejor dame el pésame.

Tras un par de tormentosos años dedicados a las fiestas y eventos más selectos de Montecarlo, Nueva York o Marbella, pasó lo que tenía que pasar, publicándose unas instantáneas del príncipe consorte en actitud comprometida con la espectacular modelo costarricense Giannina Facio. El divorcio fue inevitable, y, con él, el nacimiento del mito Junot, el crápula que conquistó a la princesa más bella del mundo.

Como diría su colega Julio Iglesias, lo mejor de tu vida, me lo he llevado yo, lo mejor de tu vida, lo he disfrutado yo...

Le disciple du Gainsbarre, 20-02-2008.