La Déesse salvatrice*

Posted by : Le poinçonneur | 17 oct. 2012 | Published in


Hacia las 19:30 horas del viernes 22 de agosto de 1962, finalizado el Consejo de Ministros semanal, una fila de chóferes uniformados espera, en la explanada del Palacio del Elíseo, a que sus ilustres pasajeros ocupen sus berlinas. De entre ellos, los más señeros son el general Charles de Gaulle, presidente de la V República, e Yvonne, su esposa desde hace más de cuarenta años. La pareja presidencial se acomoda en el asiento trasero del Citroën DS negro, matrícula de París 5249 HU 75. En los delanteros, el gendarme Francis Marroux -que oficia de chófer- y el coronel Alain de Boisseu, ayuda de cámara del Presidente y yerno del matrimonio.

Escoltado por motoristas y un segundo Citroën idéntico, el automóvil sale del Elíseo a toda velocidad en dirección al aeródromo de Villecoublay, donde espera el helicóptero que trasladará al matrimonio a su residencia de fin de semana en Colombey-les-Deux-Églises. La comitiva sale de París por la Puerta de Chatillon para tomar la carretera nacional 306.

A menos de nueve kilómetros, a la altura de la subcomuna de Petit-Clamart, doce hombres esperan, distribuidos en diferentes vehículos. En un Simca 1000 aguarda Jean-Baptiste Bastien-Thiry, un joven teniente coronel del Ejército del Aire. Alain de la Tocnaye, descediente de una familia de rancio abolengo, está instalado en un Citroën ID. Lo acompañan Georges Watin y Jacques Prévost. Cinco hombres más esperan en una furgoneta Renault Estafette; otros tres, en un Peugeot 403. Todos ellos, armados con pistolas, explosivos y fusiles ametralladores, forman parte de la terrorista Organisation de l'Armée Secrète -OAS-, un grupo de militares de extrema derecha que se la tiene jurada a De Gaulle por haber concedido la independencia a Argelia.

La caravana presidencial arriba a Petit-Clamart a las 20:08. Bastien-Thiry, al divisarlos, hace la señal convenida, agitando un periódico. Los restantes conjurados abren fuego. Casi doscientas balas son disparadas. Catorce alcanzan al DS negro. De ellas, unas cuantas pasan a escasos centímetros de la cabeza de De Gaulle. Al grito de su yerno -à terre, Père-, el Jefe del Estado salva la vida agachándose in extremis. Boisseu ordena al chófer que acelere. El Citroën, con dos ruedas reventadas por los proyectiles, responde a la perfección de su muy sofisticada técnica salvando la vida de sus ocupantes.

Algunos minutos después, De Gaulle ayuda a su esposa -ambos milagrosamente ilesos- a bajarse del DS, ya en las pistas de Villecoublay. Con voz de profundo desprecio, y encarando el helicóptero, se dirige a su hijo político: ni disparar saben.

*El atentado del Petit-Clamart -primorosamente recreado por Fred Zinnemann en la introducción de Chacal- me ha fascinado siempre por razones divergentes -francofilia, interés por De Gaulle, gusto por lo policíaco, afición por la Historia-, mas, de entre ellas, una por principal: de cómo un coche absolutamente sideral salvó el pellejo del estadista más importante del siglo XX europeo. Si quieren saber más, tiren, como yo, de Wikipedia y de las múltiples páginas dedicadas al frustrado magnicidio.

(2) Comments

  1. Nico Pérez said...

    Perplejo me dejas con:'el estadista más importante del siglo XX europeo'... Y yo que pensaba que era 'Ansar' :P
    jijiji

    26 de octubre de 2012, 7:55
  2. Le poinçonneur said...

    ¿Ansar, estadista?

    Pérez, qué gran futuro tienes en el mundo del humorismo, la charanga y el vodevil.

    27 de octubre de 2012, 4:35