Delirios

Posted by : Le poinçonneur | 17 dic. 2012 | Published in

Como he comentado por aquí en algunas ocasiones, conozco, por razones biográficas, lo que es la vida estadounidense -hablo de la USA profunda- en su cotidianeidad más descarnada. Es por ello que, como, encima, el país me gusta -la gente, a veces no tanto-, me canso de luchar contra los molinos aprioristas en las discusiones que tan a menudo dedicamos por aquí a los del otro lado del charco.

En Estados Unidos -al menos, en gran parte de su territorio-, la cultura de las armas está tan extendida como aquí la del carajillo. Para un yanqui medio, no hay nada más normal que apelar a la gravedad del Colt ante cualquier situación de riesgo, sea real o imaginada.

Deriva todo ello de la asunción nacional del pueblo elegido, de una formación como Estado basada en comunidades pequeñas y aisladas unas de otras, y de las rémoras que la Guerra Fría se empeñó en dejar a su marcha, hace más de veinte años.

Sazonen todo ello con un pensamiento ultraderechista, religioso y anarca que predica la desconfianza hacia todo bicho viviente -empezando por el inquilino de la Casa Blanca, negro a la sazón- y que deja en manos del ciudadano medio el derecho-deber de defender su familia y su property. Rematen con un lobby armamentístico que mueve miles de millones de dólares y que está más que interesado en mantener un status quo basado en el miedo al próximo y al diferente.

Los vecinos de Nancy Lanza, la madre del asesino de Connecticut -también abatida por su propio hijo- la describen como una vecina amable y una progenitora abnegada y solícita. Tenía, empero, un debe: un juego de armas de fuego -incluyendo rifles de asalto- de fácil acceso para un chaval con una mente perturbada. El resto, por sabido, no debe removerse, en señal de respeto a las víctimas.

Que una madre confunda educar con adiestrar en el tiro a sus hijos demuestra hasta qué punto la todavía primera potencia mundial basa sus fundamentos en pólvora pura. Otro día les cuento el escalofrío que siento cada vez que los neocon de estos pagos propugnan y amagan con importar los delirios de allá: no se extrañen que, en nada, en alguna tertulia cavernícola se defienda por aquí la venta libre de armas. El TDT party, que lo llaman.

(5) Comments

  1. Maribel

    Sin duda, a esa madre abnegada le hubiera ido mejor si hubiese criado a su hijo en la cultura del carajillo.

    17 de diciembre de 2012, 16:46
  2. Quintela

    No has nombrado a la NRA? Si al final vas a ser un inflitrado y todo.

    Lo dicho, lo de la cultura de las armas allí es imposible de que entren en razón. Si la extensión propia de su pensamiento es enseñar a disparar a los niños de preescolar, y que lleven armas a clase, por si pasa esto.

    #fail

    17 de diciembre de 2012, 17:14
  3. Iseta Barrufeta

    En poco y con estilazo todo o casi todo.

    17 de diciembre de 2012, 23:44
  4. TRoyaNa said...

    Por muy cultural que sea la posesión de armas,creo que con lo que pasó en Columbine,ya podrían haber cambiado las leyes...¿cuantas muertes más hacen falta para que los legisladores modifiquen una ley obsoleta y desfasada?
    bsts

    19 de diciembre de 2012, 23:45
  5. Le poinçonneur said...

    El otro día leí un artículo en que se comentaba que a priori puede parecer imposible que los EEUU abandonen la cultura de las armas libres, pero también lo parecía en su día respecto a la esclavitud o la segregación racial.

    Esperemos que tenga razón.

    A todos, gracias por vuestra calidez :)

    muas.

    21 de diciembre de 2012, 16:01