SMS

Posted by : Le poinçonneur | 4 feb. 2010 | Published in

Hará como una semana, según mi costumbre, acudí a almorzar a mi bar-restaurante habitual, un lugar más que acogedor donde Encarna, la mestressa, me cuida como una segunda madre. Tomaba yo asiento cuando, en la mesa contigua, se acomodó un caballero septuagenario de elegante estampa. Enseguida se reunió con él un cincuentón de melena aznaril, también de cuidado aspecto aunque algo entrado en carnes. Pedimos todos a la camarera lo que nos apeteció.

Una vez servidos los correspondientes menús, me disponía a saciar mi apetito cuando, en la proximidad, el cincuentón inició lo que, más que conversación, convirtióse pronto en soliloquio. Mientras yo atacaba con fruición unos deliciosos fideos con almejas enfrascado en la lectura de un Motor 16, mi puntual vecino desgranaba el relato de una serie de peripecias que le estaban ocurriendo con su teléfono móvil, temática a priori banal que no penetraba en mis oídos más que por puro accidente.

El citado comensal detalló prolijamente la escalofriante factura que acababa de recibir -unos seiscientos euros-, importe que, según explicaba a su compañero, debíase a unos mensajes que, a euro y medio cada uno, y a razón de diez o quince diarios, recibía en su terminal. Al escuchar la cifra -pronunciada con toda tranquilidad-, mi atención abandonó la lectura automovilística para concentrarse en mi oreja izquierda.

Entre cucharada y cucharada, el orador continuó refiriendo que, pese a haberse quejado a su operadora, no conseguía poner fin a la sangría. Al parecer, la cosa derivaría de unas llamadas que había realizado a una línea 803. Para hablar con mujeres, precisó calmadamente. Infería el afectado que, de algún modo, y sin dar su consentimiento, su número había sido interceptado y ahora lo estaban esquilmando a base de SMS de pago por recepción.

Total, por hablar con mujeres, repetía. Y en ésas que, con el segundo plato, cerré mi revista y me concentré con discreción en la peripecia, procurando no girar la cabeza y fascinado por haber conocido -siquiera tangencialmente- a uno de los imprudentes de los que hablaba en un reciente post.

Ante la indiferencia del elegante septuagenario -que encontraba infinitamente más atractivo su bistec con patatas que la perorata del de enfrente-, el ingenuo telefónico insistía en exculpar a las chicas con las que se comunicaba. Ellas hacen su trabajo, remataba, generoso, sin desmentir su intención de seguir gozando de sus servicios.

Tenía ya ante mí la crema catalana del postre en el instante en que, desatado, el panoli confió a su acompañante que, últimamente, las cosas no le funcionaban. Problemas empresariales y personales entre los que el asunto del móvil no era más que una fruslería. Si pudiera, me iría a vivir a la República Dominicana, suspiraba. Es que en la República Dominicana, al cambio, con cuatro duros de aquí vives como un rey.

Estaba casi por darle la razón cuando precisó que, naturalmente, lo mejor de la República Dominicana eran las tías. Es que allí hay unas tías impresionantes. Al oír mencionar el mujerío, el setentón levantó ligeramente la vista hacia el conferenciante. Éste, sorprendido por la súbita atención, se vio en la obligación de matizar: pero oye, con condón, ¿eh?, que yo lo hago con condón. Que no soy ningún desgraciado*. Al tiempo que apuraba mi manzanilla, la narración alcanzó cotas delirantes, relativas a una antigua enfermedad venérea contagiada por una prostituta que ocasionó el actual celo profiláctico.

Tocadas las tres y cuarto, empero, mi curiosidad se había desvanecido junto con mi apetito, así que recogí mi chaqueta y el Motor 16 y me fui sin esperar al desenlace, dejando sobre el mantel los diez euros del menú. La constancia, ay, nunca ha sido mi fuerte.

*Desgraciado, en catalán -idioma en que se desarrollaba la conversación- tiene una connotación despectiva mucho más acusada que en castellano (N. del T.).

(4) Comments

  1. MK said...

    ¿Fideos con almejas , bistec con patatas , crema catalana y la infusión de manzanilla por diez euros?.
    los hay que se irian a vivir a la República Dominicana , y los que nos iríamos a vivir con su mestressa Encarna...

    4 de febrero de 2010, 18:51
  2. MEG said...

    Desgraciado en murciano es aquel que no tiene padre conocido... ¿qué connotación tiene en catalán?

    4 de febrero de 2010, 19:30
  3. Pablo said...

    ¡Qué bueno!

    4 de febrero de 2010, 20:47
  4. Le poinçonneur said...

    *MK, ventajas de vivir fuera de Barcelona. Aunque, sorry, tienes razón: el café va aparte. Total: 11 euros :)

    *MEG, en catalán, "desgraciat" suele implicar gente de baja estofa, al menos en mi zona. Alguien sin oficio ni beneficio y digno de escasa consideración social -ya sabes que los catalanes valoramos mucho el dinero :P-. Todo lo contrario que mi elitista vecino de mesa, al menos a su parecer.

    *Pablo, fue mejor que bueno xD En directo la cosa ganaba mucho.

    5 de febrero de 2010, 1:18