Gracias, maestro

Posted by : Le poinçonneur | 2 nov. 2009 | Published in


Yo, que más que admirarle, le he venerado desde que tengo uso de razón, llevaba tiempo preguntándome qué iba a ser de mí el día que se fuera José Luis López Vázquez. No porque no vaya a poder seguir viviendo sin él -no soy como aquellos infelices que lloraban histéricos a la puerta del hospital donde se autopsiaba a Michael Jackson-, sino porque, a partir de este momento, me falta un trozo referente de mi acervo sentimental, ése que no se mama en casa, sino que deriva de las propias elecciones. Parece una tontería, pero cuando el fondo es poco -como es mi caso- uno acaba siendo la música que escucha, los libros que lee, y, sobre todo -vuelvo a mi circunstancia-, las películas que ve. Ahí entraba él.

Por grande, por único, por carismático, por gracioso y por todo lo que ustedes quieran. En cuantas entrevistas le leí, aparecía como un señor mayor, serio, adusto, probablemente desengañado de los farolillos del showbiz. Todo esto poco importaba, porque su oficio, amigos, era el de cómico. Cómico con todas las letras, cómico como yo -medianía- hubiera soñado ser para embellecer el mundo a través del arte, como él hacía. Cómico de los que se dejan la úlcera, el madrugón o el lumbago en la caravana de maquillaje para darlo todo en cuanto suena la claqueta.

Un actor de raza, a lo Mastroianni, que hacía lo que le mandaran, y, probablemente, sin método. Los grandes nunca lo necesitaron.

He pasado casi una hora buscando una foto con que ilustrar este artículo. A ser posible, en blanco y negro, que siempre queda más elegante -los gafapastas somos así-. Al final, la imagen que quiero mostrar del gran cómico es en color y corresponde al día en que, hace cuatro años, recogió el Goya honorífico al conjunto de su carrera artística. A través de ese premio, los honrados éramos nosotros, sus devotos, que, aunque indirectamente, pudimos hacerle llegar nuestro reconocimiento. La gratitud que se lee en sus ojos encoge al lado de la mía mientras escribo estas líneas. Gracias, maestro, por conmoverme, por divertirme, por alegrarme, en suma, la vida.

López Vázquez dignificaba nuestro cine, que, sin él, agrava un poco más su agonía.

FOTO: PÚBLICO.

(4) Comments

  1. Alex said...

    El que tuviese cerca de noventa años no amortigua el golpe que hemos sufrido los que le admirabamos. Una vez, hace años, le escuché decir que él hacía películas, sin importar su pedigrí, porque ésa era su profesión. Pocas veces la clarividencia de ideas fue más certera.

    Mi agradecimiento para él por las horas de diversión regaladas es infinito.

    3 de noviembre de 2009, 18:31
  2. Le poinçonneur said...

    Exacto, Álex. Lo más meritorio de L.V. es que, para él, ser actor no era nada extraordinario, sino, simplemente, su oficio. De ahí, probablemente, su poca querencia a los focos y oropeles tan típicos de su ramo.

    Una lástima, no me canso de decirlo.

    3 de noviembre de 2009, 18:37
  3. Nodisparenalpianista said...

    La cosa es que él dignificó hasta las pelis alimenticias que alimentan nuestra memoria, así que bien buenas serían.
    Yo, es que es eacordarme de que el turismo es un gran invento y me troncho de mala manera.
    Y si amo el cine negro es por Atraco perfecto, por Rufufú y por Atraco a las tres.

    Y sin subvenciones; con un par de buenos oficios.

    3 de noviembre de 2009, 21:22
  4. Le poinçonneur said...

    Coincido contigo en el apego a "El turismo es un gran invento". Genial.

    4 de noviembre de 2009, 1:07