La pelma de la tía Gertrudis (Ninguno)*

Posted by : Le poinçonneur | 11 abr. 2011 | Published in

Un servidor había salido a unos recados e iba tratando de memorizar los sitios a los que tenía que ir y las cosas que debía de comprar en cada sitio previniendo que no se diera el caso de llegar a la tienda y preguntarse a qué rayos había ido a parar allí, cuando de repente la vio venir, cerrándosele de golpe el proceso de memorización y todo. Acaparaba gran parte de la acera de la calle en dirección opuesta a la mía, con sus más de cien kilogramos de peso, un carrito de la compra que arrastraba pesadamente y su habitual cara de sargento. Yo en ese momento traté de hacer como que no la había visto proyectando la mirada en lontananza, pero fue inútil, enseguida me llamó:

-Juan José Francisco, ¿a onde va usté?

Lo hace a posta, sabe que detesto que se dirijan a mí por el compuesto nombre con el que me coronaron mis padres bautizándome nada más nacer. Yo me llamo Paco.

-Ah, tía Gertrudis –no me quedó más remedio que responder a su llamada-. Voy a hacer unos recados.

-Pues muy bien –dijo ella por su parte como si alguien le hubiera preguntado su parecer-. Yo vuelvo de hacer los míos también.

Y sin más dilación entró de lleno con el sermoneo al que me tenía acostumbrado, mientras yo me toqueteaba el pelo en un gesto nervioso que suelo hacer cuando me veo en alguna apurada situación.

-¿Cómo no te cortas ese pelo? Pareces algo con esas greñas, con lo bien que estarías con el pelo a cepillo como aquel muchacho que va por allí –dijo señalando al imbécil del barrio. Al apercibirse de que su consejo de peluquería caía en saco roto enseguida cambió el tema-:

-Seguirás en el paro, claro...A tu edad y sin ser capaz de ganarte la vida, si tu abuelo levantara la cabeza...

Yo le hubiera dicho, como así era en verdad, que no escatimaba esfuerzos para buscar trabajo pero que lo que sucede es que no lo hay; aunque ¿para qué?

Un gran camión de cuatro ejes se aproximaba en ese momento por la carretera y mi imaginación pervertida por la humillación arrojó a la tía Gertrudis bajo sus ruedas. En la realidad en cambio seguía aguantando estoicamente su insultante perorata.

-Ay hijomido, no sé cuando te llegará la hora de sentar cabeza. A ver si te echas una novia y te casas ya –dijo a modo de propuesta de solución de los males que me achacaba-. Pero ya veo yo que tú no te casas no, tú...nada.

En este punto se me vino a la mente el tío Hilario, ese pobre hombre que tuvo la desgracia de casarse con Gertrudis hace muchos años y que me inspiró mucha lástima en ese momento por tener que aguantar a la tía a diario no solo de día sino también de noche.

-Mira que le dije yo veces a tu madre –dijo devolviéndome a la apurada realidad- que no os diera tantos caprichos a ti y a tus hermanos, que os estaba malcriando de esa manera, pero ella ni caso. Así le habéis salido.

Cuando yo ya me estaba haciendo a la cuenta de que tendría que aguantar los sermones de la tía ni se sabe cuánto tiempo, inesperadamente para mí, llegó la salvación:

-Bueno, tengo que dejarte que estoy que no puedo ya de los riñones de arrastrar este carro y deseando de llegar a casa para sentarme.

“Bendito carro” pensé yo para mis adentros.

-Bueno tía Gertrudis -dije tratando de disimular la alegría por el precipitado final del encuentro y me despedí-: hasta otro día entonces.

Sin más dilación salí huyendo. Pero no acabó ahí la cosa, apenas habría andado unos veinte metros cuando oí un murmullo de gente a mis espaldas y al volver la vista vi a la tía Gertrudis espatarrada en medio de la calle. “Se ha resbalado” dijo un señor de los que estaba tratando de levantarla del suelo. Después mi tía me llamó: ¡Paco, ven acá, que me he caído!  “Sí, ahora Paco“ pensé “hace un momento era Juan José Francisco“, y disimuladamente me hice el desentendido prosiguiendo mi camino con una alegría, tengo que reconocer que bastante cochina.

*En tiempos de horas bajas en cuanto a la cosa creativa, me viene de perlas poder echar mano mensualmente de mis comentaristas para ofrecerles algo digno de llegar a sus pantallas. Hoy, es Ninguno quien adorna el Special de abril con este inclemente y divertido relato sobre esa tía que todo español tiene. Ninguno es, además de lector fiel, un tipo amabilísimo con el que da gusto intercambiar opiniones en nuestros respectivos panfletos -aquí, el suyo-. Un dandy del ciberespacio que me honro en utilizar para darles la bienvenida a este lunes que se levanta.  

(4) Comments

  1. MesaParaOcho said...

    Jajaja, ¿pero después la ayudarías, no?

    Sandra

    12 de abril de 2011, 0:30
  2. Ninguno said...

    No se lo merecía.

    12 de abril de 2011, 7:31
  3. Anónimo

    ...pues si que molesta cuando te van sacando todos los defectos y tu aguantas y aguantas y ellos siguen y siguen, te dan ganas de decirla bueno ¿que tal lleva la dieta? aaaaa que no sabe lo que es eso, pues buena falta le hacía perder unos kilos para eso de la mala circulación, ale corra ha hacer la comida de su marido que es lo único que sabe usted hacer.

    13 de abril de 2011, 18:39
  4. Ninguno said...

    No te falta razón querido Anónimo pero me temo que seria tan inutil como arrojarla imaginariamente a las ruedas del camión a su paso, aunque esto puede que alibiara un poco nuestra humillada conciencia. Gracias por tu comentario, ya estaba empezando a pensar que este tipo de tías no son tan comunes como yo pensaba.

    13 de abril de 2011, 20:41