Magnited States of America

Posted by : Le poinçonneur | 11 jun. 2011 | Published in


A veces, alguno de mis conocidos me pregunta si he visto tal o cual estreno cinematográfico en cartel. Mi respuesta siempre es la misma: no. Y es que, salvo excepciones que no admiten demora -Almodóvar y double-O-seven, básicamente-, hace años que no piso una sala de proyección -con lo que yo he sido-. La razón, cristalina: un día me cansé de cuchicheos, comentarios, risitas y demás impertinencias por parte de mis compañeros de patio de butacas, por lo que ahora espero unos meses a que la cinta en cuestión aparezca en la sección de ofertas de cualquier gran almacén -qué sería de mi vida sin FNAC o Media Markt- y la disfruto en la paz de mi domicilio, donde la pongo todo lo alta o lo baja que me sale del nabo sin molestar a nadie y, sobre todo, sin que nadie me moleste a mí.

La cosa será muy otra si, en mi probable futuro estadounidense, acabo por instalarme en Austin, Texas. Y es que allí se halla el Alamo Drafthouse, un cine donde el uso del teléfono móvil equivale a la expulsión inmediata del recinto. Hace unos días, a una incauta la pillaron in fraganti manipulando su celular en medio de una proyección, lo que le costó -dura lex, sed lex- ser puesta al instante de patitas en la calle. Hasta aquí, nada especialmente noticiable.

La gracia estriba en que la afectada, ofendida, llamó a los responsables del establecimiento para exponer su indignación, y, al no hallarlos, les dejó un mensaje en el contestador automático. No contaba, claro, con que los cachondos propietarios del Drafthouse lo colgaran en Youtube, donde, por su delirante contenido, se ha convertido en un viral que arrastra ya casi millón y medio de visitas a estas horas.

(2) Comments

  1. MesaParaOcho said...

    Lo peor es cuando el de al lado no dejar de mascar gominolas como un gorrino o crispetear palomitas como un loro...
    Por no hablar, en alguna ocasión, de extraños olores...

    Sandra

    11 de junio de 2011, 15:48
  2. Le poinçonneur said...

    Ya te digo: como en casa, ná.

    14 de junio de 2011, 13:16