Instantánea

Posted by : Le poinçonneur | 23 ene. 2012 | Published in


Irene se incorpora en la cama y tantea en la penumbra del cuarto en busca de la mesita de noche. Su mano choca por fin con el interruptor de la lamparilla y enciende la luz. Rescata un cigarrillo de un paquete de rubio y lo enciende. Las primeras dos caladas le saben a mar. Separa entonces el cigarrillo de sus labios para lamerse la comisura de la boca y descubre que son sus lágrimas las que han empapado el filtro del cigarrillo.

Irene siempre llora cuando se siente feliz. Juan dormita a su lado, hecho un ovillo. La luz amarillenta de la lamparilla le da un tono ocre a su desnudez. Irene se inclina sobre él con mucho cuidado y pega la nariz a su sien. Inspira lentamente hasta que el aroma de Juan inunda por completo sus pulmones.

Juan huele a galleta, a galleta de vainilla.

Irene echa un vistazo al reloj que hay encima de la mesita. Las cuatro de la mañana parpadean en números verdes. Se le hace tarde. Apaga el cigarrillo en un cenicero atestado de colillas y se levanta de la cama. Recupera su ropa del suelo y se viste deprisa. Ya en la puerta del cuarto, se vuelve para contemplar por última vez el cuerpo desnudo de Juan. Un aroma a vainilla flota en el aire.

Deshaciendo el camino andado sólo una hora antes, Irene alcanza la calle. La luna llena y limpia de la madrugada guía sus pasos hasta el coche. Irene se acomoda ante el volante e introduce la llave en el contacto. Abandona las calles estrechas del casco antiguo y desciende por Vía Layetana hasta llegar a la Barceloneta. Un fuerte olor a salitre se le cuela por la ventanilla. Irene no sabe en qué momento decidió marcharse del restaurante con Juan. Tuvo que ser después de los postres, posiblemente, cuando Rodríguez iniciaba su batida fotográfica por la mesa, con la intención de inmortalizar otra cena de Navidad. Irene vuelve a verse sentada junto a Juan, de espaldas a la puerta, jugando a enroscar su pie descalzo entre las piernas de él, al amparo del mantel. Ha sido entonces cuando el disparo inesperado del flash le ha estallado en la cara, cegándola durante unos segundos. Cuando ha recuperado la visión, Rodríguez andaba haciéndole ya una ráfaga de fotografías a la bella Lola, la secretaria de Contabilidad.

Irene cae en la cuenta de que tiene que hacerse con esa foto. Quiere conservar la instantánea robada de su felicidad, esa imagen que tal vez pasaría inadvertida para unos ojos poco expertos. Antes del café ya lo había decidido, ahora lo recuerda con claridad. Juan le ha apretado la mano después de que les hicieran la foto y le ha sonreído, a ella le ardían las mejillas y no le ha hecho falta decir nada. Irene se ha levantado de la mesa y ha buscado el amparo del vestíbulo para hacer la llamada. Ha marcado mecánicamente, sin reparar en el orden caprichoso de los números. Hola, soy yo… sí, todavía estamos en el restaurante… no, ya sabes como son estas cenas… volveré tarde, no me esperes despierto… vamos no te enfades, que sólo lo hago una vez al año… sí, sí, vale… hasta luego.

Después ha colgado, conteniendo la respiración, orgullosa de que él no haya descubierto la excitación en su voz, y ha regresado a la mesa. Ahora Irene baja del todo la ventanilla del coche para que el viento le golpee a gusto en la cara y concluye que no se siente culpable. Hacía tanto tiempo que no lloraba.

TEXTO: MARIBEL RUIZ.

(6) Comments

  1. Patricia said...

    Precioso

    23 de enero de 2012, 14:05
  2. Cristina said...

    Eres una cuentista, m'ha agradat molt!

    cristina

    23 de enero de 2012, 18:24
  3. Iseta Barrufeta

    Uy, uy, uy, hay que revisar la crítica de las imágenes demasiado evidentes. Algunas de este cuento son soberbias: “Las cuatro de la mañana parpadean en números verdes”. Además, me encanta la impresión que me deja el cuento de que has robado una franja de realidad para encarnar un sentimiento. ¿Y qué decir de la estructura? ¡Cómo te lo montas para cerrar el círculo abriendo al mismo tiempo múltiples expectativas para que el lector prolongue ese instante de la vida de Irene después de haber leído la última línea! ¡Menudo rollo he soltado, pero es que, como ya te imaginarás, el cuento me ha gustado mucho mucho!

    24 de enero de 2012, 9:33
  4. Blue said...

    Me ha gustado, me ha gustado, me ha gustado mucho.
    Besos.

    24 de enero de 2012, 16:48
  5. Loles Gonell said...

    Aunque me falta tu voz, tu tomo al leerlo.
    Brillante, como siempre.
    Hasta la vista beibi !!

    24 de enero de 2012, 17:22
  6. Maribel

    ups, me he puesto roja grana.

    25 de enero de 2012, 22:30