Santiago Carrillo, 1915-2012

Posted by : Le poinçonneur | 19 sept. 2012 | Published in


Retomo este panfleto, agonizando el verano, para lamentar la muerte de Santiago Carrillo, un tipo tan largo como incombustible -hasta ayer mismo, tristemente- de quien siempre he sido fan. Tuvo Carrillo la inteligencia generosa de saber ceder lo incedible, demostró sus arrestos ante Tejero -nada se le había perdido en el suelo- y cultivó sus últimos tiempos con una viveza intelectual impropia de sus noventa y muchos.

Para comprender el personaje, dos anécdotas contadas a su propósito por José Luis de Vilallonga en El Rey, su largamente exitosa biografía regia. Dice el marqués de Castellbell que, acabado su exilio, y en vistas de la próxima legalización del PCE, a Carrillo lo convocaron a La Zarzuela para entrevistarse con el nuevo Jefe del Estado. Entre los preparativos del cónclave, alguien le previno de que su interlocutor, según la costumbre borbónica, lo tutearía desde el primer momento. Pero cómo, ¿tutearme a mí? Ni que hubiésemos hecho la mili juntos. Si él me tutea, yo lo tuteo, bramó el comunista. Advertido del asunto, Juan Carlos lo recibió con un ¿cómo está usted, don Santiago? que provocó la sorpresa de quien venía dispuesto a montar el cirio. A partir de ahí, fue conocida la simpatía entre uno y otro, refrendada hace escasas horas por la visita de los Reyes a Carmen Menéndez, la viuda.

Remato, y siguiendo con el biógrafo real, mencionando aquel sucedido acaecido en una conversación que el recién traspasado, en sus años soviéticos, mantuvo con Stalin a propósito de las religiones y su papel de opio del pueblo. Stalin, al parecer, estaba cagándose literalmente en el Dios cristiano ante el silencio de Carrillo, quizá menos dado al exceso verbal. En un momento dado, cambió el Padrecito de tercio, pasando a poner a la virgen María de hoja de parra. Carrillo, como un resorte -cuenta Vilallonga-, interrumpió bruscamente: camarada, de Dios puede decir Vd. lo que quiera, pero a la Virgen Santísima, en mi presencia, ni tocarla.

Dos retazos de un político, cuyo aspecto humano puede consultarse en esta entrevista a María Antonia Iglesias, publicada por El País en 2005.

(2) Comments

  1. koolauleproso said...

    Aunque suene raro, tuvo la muerte que se mereció (y que yo quisiera para mi): tras 97 años de vida, de una vida plena y riquísima, conservando la lucidez hasta el final, echarse a dormir una siesta y no despertar. Le envidio

    19 de septiembre de 2012, 23:00
  2. Le poinçonneur said...

    Cierto, Koolau. Nada mejor que una vida larga, fecunda para uno mismo, y que se acaba en paz.

    Envidiable, sin duda alguna.

    Abrazos.

    24 de septiembre de 2012, 13:28