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Florinda

Posted by : Le poinçonneur | 10 mar 2011 | Published in


A muchos puede extrañarles que, de todas las posibles, y para ilustrar esta breve reseña, escoja una imagen de Florinda Chico enseñando sus rotundos pechos en Cría cuervos. Habrá incluso quienes se exclamen ante una supuesta falta de respeto a la actriz recién fallecida. Con su pan se lo coman.

Y es que pocas intérpretes me han suscitado tanta admiración como la Chico enseñándole las tetas a Ana Torrent desde su cincuentena, desde su físico en nada semejante a Brigitte Bardot, en el filme cumbre de Saura.

Nada tuvo aquello que ver con el barato destape que se atisbaba: sólo hubo, en el gesto, valentía. El arrojo de una cómica que valía su peso -mucho- en oro, y que, tristemente, acaba de dejarnos, como demasiados de sus compañeros de generación.

A Florinda, siempre, mi cariño y mi agradecimiento. Y el de todos Vdes., estoy convencido.

FOTO: ELÍAS QUEREJETA, P.C..

A Juanito*

Posted by : Le poinçonneur | 11 ene 2011 | Published in


*Enormemente respetuosa -por lúcida- resulta la reseña que Borja Cobeaga dedica hoy en El Periódico al recién fallecido Juanito Navarro. No se la pierdan.

A Manolo*

Posted by : Le poinçonneur | 13 oct 2010 | Published in


A pesar de haberlo votado en las últimas elecciones, no me siento especialmente casado con Zapatero. No me parece, ni de lejos, el hombre providencial que él mismo se cree, aunque, en vistas de la alternativa, probablemente hoy volvería a meter su papeleta en la urna. Es lo que hay.

De vez en cuando, sin embargo, el zapaterismo atina con precisión cirujana: ayer, sin ir más lejos, entregó al inconmensurable Manuel Alexandre la Gran Cruz de Alfonso X en reconocimiento a sus más de 60 años de carrera.

Lo que más me ha gustado a mí de siempre son las mujeres y los percebes, comenta el canalla Alexandre, a sus 91, en el documental Un actor para un pueblo. ¿En qué orden? Depende de la calidad, remata.

Manolo, fenómeno.

*Con ocasión -triste- de la muerte de Manuel Alexandre, creo oportuno recuperar este antiguo post que le dediqué hace ya bastante tiempo y que en una frase -la de los percebes- concentra la esencia vital del gran cómico. Lo ilustro con una fotografía suya en que aparece junto a Agustín González y José Luis López Vázquez. La imagen fue captada a finales de 2004 con motivo del estreno de Tres hombres y un destino, montaje teatral en que compartían escenario. Ninguno de ellos se halla ya entre nosotros -curiosamente, se han ido yendo en orden inverso a sus edades-. Ahora ha sido el mayor de los tres, Manolo, quien nos ha dejado, a sus devotos, viudos. No se lo tendremos en cuenta: es tanto lo que nos ha dado.

A Don Antonio Ozores*

Posted by : Le poinçonneur | 12 may 2010 | Published in

Alkjhfdslkjfsdhlksdf, fdslkjsdfhlkfsdhflkjhdjs, qwropuewfñlidf, dsakjadshksljahdlkjasd. Poiuoifalkjsdfhdksjhfh,mrepoyetpoytutrop, dslpñgdspoiysgdpoik. Ppiosdufgopdsfugpdoi, soiugfdpoiugfpoisfdd, sougspoisugpogsiugspi.

Owoeriwtepoiwtuowt, kljehttwljkhwtelkjtwtl, tewktwltwjtwlkjtwlñekteñwj. Akljdsfhlkjsdhlgkjhg, ewkljrehwlkrewjhrlekj, gslghglfñgpodfopupoiuñqepiìopipoioiurweoiwuo. Troiuerpowiñlka, sdalñkgjhñlkjgflñu.

*Traducción: hoy, se me ha muerto -se nos ha muerto- el irrepetible Antonio Ozores. Este panfleto, como tantos otros, está de luto por un cómico de magnitud sideral. Antonio, canalla: eso no se hace, ¡caca!

Soy viuda

Posted by : Le poinçonneur | 2 mar 2010 | Published in


Las viudas de Pepe son un colectivo de amigos y admiradores del inmenso Pepe Rubianes -impulsado, entre otros, por Joan Lluís Bozzo, Carles Flavià y Joan Gràcia- que, con ocasión del primer aniversario de su fallecimiento, reclaman que se dé su nombre a una vía de su ciudad, Barcelona. Como primer acto reivindicativo, han pegado unos carteles adhesivos sobre los rótulos de la calle Almirall Cervera, en la Barceloneta donde siempre vivió. En ellos puede leerse: CARRER DE PEPE RUBIANES, ACTOR GALAICO-CATALÀ.

Si el desnortado Ayuntamiento de Hereu se dejase de gilipolleces como pretender organizar unos Juegos Olímpicos de Invierno en la capital del clima mediterráneo y prestase atención a lo que sus ciudadanos quieren de verdad, habría derogado la norma absurda que impide incluir a un personaje en el nomenclátor urbano hasta transcurridos cinco años desde su muerte. Ignoro quién era el almirante Cervera, sin duda insigne, pero no me cabe duda de que los barceloneses prefieren -preferimos- levantar la vista y encontrar a Pepe en los altares de su barrio: las esquinas.

Me proclamo, desde ya, viuda. Para los restos, además.

FOTO: FLICKR/KADIX.

Descapullando*

Posted by : Le poinçonneur | 25 feb 2010 | Published in


Nota: España, finales de los años cuarenta. Tarsicio y Mari Pili son una pareja de jóvenes -ella, de clase humilde; él, pudiente- a punto de contraer matrimonio. A efectos de escoger el dormitorio conyugal, se dirigen a una tienda de muebles en compañía de Roque y Fernanda, padres de Tarsicio, y Patricia, madre de Mari Pili. Tarsicio alberga secretas tendencias homosexuales y muestra poco interés por las curvas de su futura esposa, que, a su vez, apenas le mira, ya que está enamorada del padre José, un atractivo fraile alojado en la pensión que regenta junto a su progenitora, y con quien ha de representar próximamente una comedia musical escrita por Tarsicio.


Secuencia 9


Tienda de muebles. Interior. Día.


El MUEBLISTA, untuoso, viene hacia el grupo.


TARSICIO.- Bueno, yo os lo aviso: si Corcuera me falta al respeto, lo echo...

FERNANDA.- Por Dios, olvídate de la función ahora... (Saluda al MUEBLISTA). Hola, Millán...

ROQUE.- ¿Qué tal, hombre? (Los hombres se palmean las espaldas). Bueno, aquí tienes a mi chico... (Más palmadas). Su prometida... Y aquí... nada, la madre de la prometida...

MUEBLISTA.- Estupendo, estupendo... Señora... Todo preparado, adelante, adelante... Claro, queda a decidir el dormitorio... ¿Cama matrimonial o dos camas gemelas? Por aquí...


(Los guía a través del establecimiento. PATRICIA, ofendida).


PATRICIA.- ¡Qué pregunta!... ¡Cama matrimonial!


(El MUEBLISTA y ROQUE se han adelantado, charlando entre ellos. FERNANDA, molesta).


FERNANDA.- Patricia, por favor, son ellos quienes deben decidir. ¿Tú qué dices, Tarsicio?

TARSICIO.- Yo lo moderno, dos camas...


(El MUEBLISTA se ha detenido ante un dormitorio con una cama).


MUEBLISTA.- (Sin que nadie le haga caso, ponderará el estilo, la madera, las telas, etcétera..., de acuerdo con el decorado).

FERNANDA.- (Con ternura) ¡Qué bobo eres, hijo!...


(ROQUE ya está tumbado en el lecho, dando botes; roza la procacidad al comentar:)


ROQUE.- ¡Menudos saltos váis a pegar aquí!

FERNANDA.- Si depende de tu Tarsicio, no creo... ¿Y tú, qué dices?


(MARI PILI, desenfadada, sonríe para hacer menos brutal su respuesta).


MARI PILI.- Ah, yo lo que diga Tarsicio... Y mejor todavía dormiremos separados.


(El MUEBLISTA ha pasado a un dormitorio contiguo).


MUEBLISTA.- (Sigue sus explicaciones).


(ROQUE se levanta de la cama, pasmado).


ROQUE.- ¿Dormitorios separados?


(PATRICIA, ominosa).


PATRICIA.- Si me lo da el corazón... Si tengo un pálpito... A mí, esta boda...

MARI PILI.- No empieces, mamá... Es mucho más higiénico.

ROQUE.- Y más caro...


(TARSICIO defiende la postura de MARI PILI).


TARSICIO.- Tienes razón. Además, como yo ronco mucho... Aparte, yo no sé por qué le dáis tanta importancia al dormitorio. ¿Total, para qué sirve un dormitorio?


(ROQUE, a FERNANDA, asombrado).


ROQUE.- ¿Pero tú lo estás oyendo?


(FERNANDA se limita a hacer un justo gesto, porque TARSICIO sigue).


TARSICIO.- Lo importante es el salón... (Al MUEBLISTA). A ver, ¿dónde está el salón?

MUEBLISTA.- Por aquí... (Sigue con sus explicaciones técnico-artísticas, sin que nadie le preste atención).


(Todos tras el MUEBLISTA y TARSICIO, que ha cogido del brazo a MARI PILI).


ROQUE.- ¿El salón? ¿Importante el salón para unos recién casados?

MARI PILI.- El sitio donde se hace la vida, ¿no? Bueno, pero el comedor, aparte...


(ROQUE busca la mirada de PATRICIA, que se lamenta, siguiendo al MUEBLISTA, que los guía al "salón").


PATRICIA.- Con la educación que le he dado yo a esta hija...


(TARSICIO tira de MARI PILI hacia un tresillo).


TARSICIO.- ¡Ah, el sofá, mira qué bien! (Se sienta; la sienta). Bárbaro, bárbaro... Imagínatelo: por la tarde, llego a casa, me pongo la bata, viene el gato...


(Hasta el MUEBLISTA mira a la pareja, pasmado).


MARI PILI.- Nada de gato...

TARSICIO.- Bueno... Yo cojo el ABC, tú vienes de la cocina...


(MARI PILI, implacable).


MARI PILI.- ¿Por qué tengo que estar en la cocina?

TARSICIO.- Es un decir... Estás aquí, a mi lado. Llegan las diez, oímos el parte de Radio Nacional de España y...

MARI PILI.- (Lo mismo). No. Yo, la gramola. ¿Dónde está la radio gramola?


(Se levanta TARSICIO para mirar a su alrededor y se planta ante él PATRICIA, muy ágil a pesar del zapato ortopédico).


PATRICIA.- ¿Y yo?


(TARSICIO no comprende, mira a MARI PILI, que dice algo que debe ser obvio).


MARI PILI.- Se vendrá a vivir con nosotros, ¿no?


(TARSICIO decide sobre la marcha).


TARSICIO.- Ah, bueno... Pues nada, usted estará en su cuarto...

PATRICIA.- Ya. (Da un paso hacia TARSICIO). Un cuarto con ventana al patio, claro...

TARSICIO.- Pues...


(Y no puede decir más, porque PATRICIA le suelta una patada impresionante con el zapato ortopédico y le da justo en la horcajadura).


PATRICIA.- ¡Miserable!


(TARSICIO, las manos en el bajo vientre, salta y ulula).


TARSICIO.- ¡Mis partes, papá, me ha dado en mis partes!


(En el revuelo, ROQUE auxilia a TARSICIO, FERNANDA protesta, MARI PILI censura a su madre).


ROQUE.- Déjame ver, hijo...

FERNANDA.- ¡Habráse visto la bestia!

MARI PILI.- Mamá, no tienes derecho... Parece mentira...


(Se engalla PATRICIA).


PATRICIA.- Ah, entonces, a ti no te importa que metan a tu madre en un zaquizamí...

MARI PILI.- ¡Pero si Tarsicio ni siquiera ha dicho la palabra patio! Es que eres imposible, mamá...


(Y se apresura tras el MUEBLISTA, que guía a padre e hijo).


MUEBLISTA.- Aquí, en el aseo... Lo mejor es el agua fría... Que meta los testículos en la pila...


(FERNANDA carga contra PATRICIA).


FERNANDA.- Porque soy una señora, que si no... Los ojos le sacaba a usted, por mala...

PATRICIA.- Ah, ¿sí? Pues ahora me voy...


(Y, en efecto, se larga muy airosa dando grandes zapatazos en el suelo).


MARI PILI.- Mamá... Mamá...


(Pero desiste y vuelve hacia el cuarto de aseo, abre la puerta).


¿Qué tal?


(ROQUE la cierra).


ROQUE.- Fuera, mujeres fuera... (A TARSICIO, abriendo el grifo). Lo malo es si te viene una orquitis...

TARSICIO.- Pero, ¿cómo voy a meter los huevos en el lavabo?


(Subiéndose a un taburete, se inquieta).


¿Qué es la orquitis?


(ROQUE vigila el nivel del agua en el lavabo).


ROQUE.- Que se te ponen los huevos como quesos de bola. Y luego no puedes tener hijos...


(Parece que la información tranquiliza a TARSICIO).


TARSICIO.- Ah, bueno...

ROQUE.- Vamos a ver... Súbete a esa banqueta.


(Debe descubrir algo extraño en los genitales de TARSICIO, porque cambia de opinión).


Un momento... (Investiga). Pero... (hace un movimiento brusco).

TARSICIO.- ¡Aiiiiiiiiiiiii!


(ROQUE, estupefacto, levanta la mirada, y encuentra la de TARSICIO en el espejo).


ROQUE.- Pero, entonces, tú no descapullas...

TARSICIO.- Salvaje...


(ROQUE se pone serio).


ROQUE.- Claro, ¡así se comprende lo de las dos camas, los dos cuartos!... O sea, que tú...

TARSICIO.- ¡Qué daño me has hecho, papá!...

ROQUE.- Bueno, esto se arregla rápido. Tú descapullas aquí mismo, como me llamo Roque... Cógetela, vamos...

MARI PILI.- (Off). Tarsicio... ¿Qué tal va?

ROQUE.- (Hacia la puerta). Bien, bien... (A TARSICIO). Pobre muchacha... Menuda luna de miel si no llego a enterarme... ¡Que te la cojas!

TARSICIO.- Pero, ¿para qué?

ROQUE.- Trae aquí...


(Por sus gestos, ROQUE ha debido obligar a TARSICIO a cogerse el pene).


Así... Agarra fuerte, sin miedo... Y ahora, a la de tres, tiras para atrás con toda tu alma... Venga: una, dos y ¡tres!


(Evidentemente, es ROQUE quien tira).


TARSICIO.- ¡Aiiiiiiiiiiiiiiiiiii!


(Terminado el alarido, la voz satisfecha de ROQUE).


ROQUE.- Ya está, completamente descapullado.


*J., J. y C. son tres de mis amigos que, pese a no conocerse entre sí, tienen algo en común: carecen de prepucio. Según me han contado, de pequeños padecían una contumaz fimosis de la que sólo se libraron gracias al frío escalpelo. Como yo me salvé de tal defecto, y ni soy hebreo, ni anglosajón, ni formo parte de los Borbones, puedo presumir de hallarme tan entero como el día que vine al mundo. Aún así, solidario, quiero homenajear a mis camaradas con un fragmento del guión original de
La corte de Faraón, de José Luis García Sánchez, en que el genial Rafael Azcona hace sufrir a Tarsicio (Josema Yuste) una descarnada operación de frenillo a manos de Roque (Fernando Fernán Gómez), su expeditivo padre. Completan la escena Ana Belén, Mary Carmen Ramírez y María Luisa Ponte, en los papeles respectivos de Mari Pili, Fernanda y Patricia, al principio detallados. La comedia, en suma, hecha oro puro. Va por ellos y por ustedes.

Titiriteros*

Posted by : Le poinçonneur | 24 feb 2010 | Published in

No sé cómo se sentirán los titiriteros al comprobar que el nombre que denomina su oficio ha adquirido matices de insulto. Titiritero es la forma chusca de rebajar la categoría de los actores españoles. Lo veo aquí y allá. Cada vez que un comediante expresa una opinión política el clamor de antipatía que despierta se resume en un nombre pronunciado con enorme desprecio: titiritero.

Hay que ser muy ignorante para ensuciar la nobleza de ese oficio. Tal vez aquellos que vivan ajenos por completo al universo de la imaginación infantil no sepan calibrar lo que para un niño significa un espectáculo de títeres. Desde el teatrillo callejero más modesto al que llega al Teatro Real, como las espectaculares marionetas de Enrique Lanz representando El Retablo de Maese Pedro, de Manuel de Falla, todos tienen su valor. Uno de los espectáculos españoles más reseñados en Nueva York el año pasado fue el de las marionetas del grupo aragonés Caleidoscopio. Yo asistí aquel sábado mágico de oscuridad y muñecos fluorescentes y compartí la emoción de unas criaturas a las que los titiriteros hicieron soñar con esa cualidad de lenguaje universal que posee el títere. Recuerdo a los titiriteros al final de la función: vestidos con mallas negras para hacerse invisibles, sudorosos, felices por haber llenado un gran teatro y haber demostrado la magia sin fronteras de su oficio.

Pero hay más. No entiendo qué ha pasado en este país para que, recién salidos de una dictadura, en los setenta, se respetara a los cómicos aunque gran mayoría de ellos se declararan de izquierdas, y ahora seamos incapaces. ¿Éramos más tolerantes? ¿Entendíamos entonces que no es necesario coincidir políticamente con alguien para apreciar su trabajo? Los medios que fomentan ese desprecio alientan un espíritu antidemocrático, aunque se les llene la boca con la palabra concordia.

Elvira Lindo
, El País, hoy.

*Hace tiempo escribí en otro lugar un artículo con la misma temática y que expresaba idéntica opinión que el texto de Elvira Lindo arriba adjunto. Como ella, encuentro asqueroso tratar de degradar el noble arte de los cómicos con maneras tan zafias como sus pronunciadores. En cualquier caso, Elvira y yo somos -otra vez- unos ingenuos: esperar cierta sofisticación en según qué plataformas equivale a pretender que las ovejas balen en esperanto.
Las pobres, ay, hacen lo que pueden.

Juncal

Posted by : Le poinçonneur | 18 feb 2010 | Published in

La serie Juncal se estrenó en TVE la primavera de 1989. Primorosamente escrita y dirigida por Jaime de Armiñán, narra las desventuras de José Álvarez, un antiguo y prometedor torero a quien una cornada en una pierna apartó de los ruedos pocas temporadas después de su alternativa. Juncal, cojo y sesentón, es retratado como un calavera que subsiste gracias a la caridad de Teresa, su amante, tras haber abandonado a su esposa e hijos un par de décadas atrás.

Juncal, de herencia murciana, vive en Sevilla, y cada mañana, al pasar frente a la Maestranza, se para a saludarla. No tiene más recursos que los que le procura Teresa -mil pesetas diarias y un paquete de tabaco-, por lo que acostumbra a sablear a próximos y conocidos. Desayuna de gorra en el café de doña Emilia, a cuenta de una fianza que nunca abona. Vicente el Búfalo, limpiabotas y amigo incondicional, le aguanta las borracheras y le presta el dinero que no tiene. Atiende, también, embelesado, a la narración de sus antiguas corridas, siempre trufadas de referencias a Lobero, el toro que lo imposibilitó.

Juncal es Paco Rabal. Teresa, Emma Penella. Doña Emilia y Búfalo son María Luisa Ponte y Rafael Álvarez, El Brujo. Les acompañan -entre otros- Fernando Fernán Gómez, Manuel Zarzo, Carmen de la Maza, Beatriz Carvajal, Luis Miguel Calvo, Cristina Hoyos y Lola Flores.

Juncal y yo hemos pasado un par de días juntos, disfrutándonos, por gentileza de mi DVD. Hacía más de veinte años que no nos veíamos, pero el calor del reencuentro entre viejos amigos no entiende de calendarios.

Tomen nota.

Agustín González

Posted by : Le poinçonneur | 26 ene 2010 | Published in

El inconmensurable Agustín González Martínez nació en Madrid el 24 de marzo de 1930. En su juventud, inició diversas carreras universitarias -entre ellas, la de Filosofía y Letras-, pero su vocación artística le hizo abandonarlas en favor del Teatro Español Universitario -el mítico TEU-, donde tuvo su primer contacto con las tablas. Jamás volvería a bajarse.

Calvo, y de físico y voz particulares, los papeles de galán le estuvieron vedados desde el principio. Aun así, en 1954 debutó en el cine de la mano de Juan Antonio Bardem con Felices pascuas, inicio de una trayectoria fílmica que comprendería casi centena y media de títulos, entre los que destacaron Atraco a las tres, Volver a empezar, Los santos inocentes o Belle Époque.

Histriónico, brilló en multitud de roles secundarios tanto en la comedia como en el drama, siendo especialmente memorables sus delirantes curas -La escopeta nacional, La corte de Faraón-, próximos al poder y a la buena mesa. Colaboró repetidamente con Berlanga, Camus, Fernán-Gómez o Garci, que lo dirigió en Tíovivo c. 1950, su última película. Fue también habitual su presencia en la pequeña pantalla, casi siempre en series cómicas tan estupendas como Historias de la frivolidad o las más recientes Los ladrones van a la oficina o 7 vidas .

Era hermano de Manuel González, componente del grupo Los Brincos, y mantuvo una relación sentimental durante más de treinta años con la gran actriz María Luisa Ponte, con quien jamás llegaría a casarse.

Adorado por el público más exigente, González se despidió de los escenarios a finales de 2004 con la obra Tres hombres y un destino, en la que compartía cartel con José Luis López Vázquez y Manuel Alexandre. Pocas semanas después, su estado de salud se deterioró, falleciendo en Madrid el 16 de enero de 2005.

Agustín González es, a qué decirlo, uno de mis actores favoritos. Somos legión quienes lo echamos de menos. Quede aquí, aunque insignificante, mi homenaje.

Aquí no hay playa

Posted by : Le poinçonneur | 15 dic 2009 | Published in

Es cosa sabida que si cualquiera de mis lectores, en este momento, enciende su televisor, lo más probable es que no encuentre más que banalidades, por no decir directamente casquería. No seré yo quien se rasgue las vestiduras ante la decadencia del medio -a Mariñas que no me lo toquen-, mas, veterano, echo de menos en las pantallas el ingenio que décadas atrás las colonizaba. Las raras excepciones -Wyoming, principalmente- no hacen sino confirmar la más que dramática regla.

Al hilo de la brillantez perdida, los connaisseurs mentarán al instante a Guillermo Summers, hermano del recordado Manuel y uno de los mejores entertainers de la ya cincuentona TVE. Acompañado en unas ocasiones por Ignacio Salas -otro tótem- y en otras por la eficaz Susana Hernández, sus programas, descacharrantes, aportaban una nota de color lamentablemente ausente en la TDT. Por supuesto, ni Vasile, ni Lara, ni Roures invertirían hoy un solo euro en dar un minuto a Summers en sus encabritadas parrillas, lo que, lejos de ningunearle, no hace sino aumentar su prestigio.

No ha de ser, empero, el showman sevillano el objeto principal de homenaje de este artículo, sino otro cuyo nombre no cejo en reivindicar. Y es que Summers, vivido, no vio mejor ocasión que su Devórame otra vez para colaborar a principios de los noventa con el gran Paco Valladares, actor de raza felizmente recuperado de una reciente leucemia. En una de las secciones del programa, Valladares, de pie ante un atril, declamaba con entusiasmo las letras de las más conocidas canciones del verano de nuestra historia reciente, otorgando a lo insustancial carácter de verso clásico. El resultado, como es natural, no podía ser sino hilarante, para mi regocijo y el de todos sus incondicionales, nostálgicos ante el talento de un cómico cuyo lugar en el prime time es actualmente usurpado por la inefable Belén Esteban.

Gracias a Youtube, y celebrando la recobrada salud de Paco -mi Paquito, en boca de Elvira Lindo-, ofrezco a mis lectores la genial interpretación valladárica de Aquí no hay playa, del desaparecido grupo The Refrescos. Pagaría millones por el vídeo de Hawai-Bombay, de Mecano -aún me doblo de la risa cada vez que lo recuerdo-, pero nadie ha tenido aún la deferencia de colgarlo. Tiempo al tiempo.

Con ustedes, sin más preámbulo, don Francisco Valladares, maestro de rapsodas.


VÍDEO: TVE.

El reparto de mi vida

Posted by : Le poinçonneur | 8 nov 2009 | Published in

La muerte de un actor es una muerte doble o triple o infinita, porque con él se mueren todos aquellos personajes que podría haber encarnado y no le ofrecieron. López Vázquez había muerto ya un poco antes de morir porque los directores no le llamaban para ofrecerle papeles a su altura y un actor sin personajes es un hombre disminuido. Él, que era un señor al que no le importaba manifestar educadamente su fastidio, se quejaba con franqueza en una entrevista que le hizo Juan Cruz hace unos cinco años en la que el cómico brilla: no por su simpatía ni por un especial apasionamiento, brilla por su autenticidad. Es el señor mayor que no le encuentra la gracia a ser mayor, el ciudadano que no le encuentra el chiste a estos tiempos, el cómico que se siente extraño entre los suyos, el actor que no habla de su método ni de los sufrimientos psicológicos de su oficio. ¡Milagro: un ser humano que se representa a sí mismo tal cual es! Todo esto expresado con claridad de madrileño antiguo, silabeando mucho las palabras. Permítanme conmoverme por la muerte de este cómico viejo de una manera especial. Poco o nada tiene que ver esta emoción con la pomposidad que se inyecta en las necrológicas culturales y que las hace flotar como globos sobre nuestras cabezas. Pero a los globos se los lleva el viento; en cambio, el recuerdo que deja un viejo cómico está amarrado al de nuestra propia vida. Muere López Vázquez y se me dispara la imaginación haciendo un reparto con esa troupe de secundarios que protagonizaron teatro y cine en los años cincuenta y sesenta. Mi abuelo, claro, sería Pepe Isbert; mi padre, por supuesto, ese pedazo de hombre que era José Bódalo; mi madre, la dulce Elvira Quintillá; mi portero de finca, Cassen; mi tía soltera y sentenciosa, la gran María Luisa Ponte; las amigas de mi tía soltera, Laly Soldevila, Mary Carrillo y Luisa Sala; la chacha, Florinda Chico; otra chacha, Gracita Morales; esa vecina jaquetona que llevaba un sostén de los que hacían los pechos picudos sería Emma Penella; Tony Leblanc, el amigo liante de mi padre; la secretaria de mi padre para alarma de mi madre, Conchita Velasco; mi tío soltero al que le gustaban las chicas de revista, Manuel Alexandre; Paquito Valladares, el solterón que recita en las bodas; el director del colegio, Agustín González; el cura, Sazatornil; José Luis Ozores, la cara franca y alegre de cualquier trabajador manual; las vecinas elegantes, las Gutiérrez Caba y Rafaela Aparicio, que podría ser una abuela o una chacha, gritando a la hora de comer: "¡Que se enfrían las cocletas!". Podría seguir fantaseando con un reparto de actores que habrían de representar a todas las personas que habitaban mi universo infantil; dejando a un lado la presencia poderosa de mis padres, todos ellos serían lo que son en mi recuerdo: maravillosos secundarios que dan color y gracia a tu biografía. Lo extraordinario es que si pienso en López Vázquez, su cara se me confunde con la de la mayoría de los hombres que yo observaba desde mi estatura infantil. López Vázquez puede ser el director de banco, el empleado pelota, el portero de finca, el tío, el adulto rijoso y sobón; resumiendo: puedo asegurar que en mi escalera vivían varios López Vázquez, en mi calle, en mi familia; incluso, si pienso en las amigas solteras de mi tía soltera, a esa edad en que la cara se amojama y unos pelillos inoportunos pueblan las barbillas femeninas, si las recuerdo velando al Señor en la tarde de Jueves Santo, con sus gestos de dolor religioso alumbrados por la luz de las velas, siento que todas me miran de pronto desde el recuerdo con la cara de López Vázquez en Mi querida señorita. Cómo no extrañarle si su cara, sus gestos y su manera precisa de hablar se confunden con los de las personas entre las que me crié. Los tiempos son otros. No creo que a ninguno de los que conforman mi irrealizable reparto les hicieran muchas entrevistas a lo largo de su vida laboral. Es imposible imaginar, por ejemplo, a Rafaela Aparicio ofreciendo entrevista tras entrevista para explicar cómo había interiorizado el papel de asistenta en La vida por delante, o señalando el injusto desdén con el que la figura de la asistenta suele ser tratada en el cine, o alabando a ese genio (el director). No. Entonces se les prestaba mucha menos atención, su vida (aunque tenían la condición extraordinaria de cómicos) se parecía de manera más precisa a la de la gente común a la que debían representar. Así que cuando llegaban a aquel programa, Cómicos, de Diego Galán estaban tan ávidos de que se les hiciera caso como vírgenes a la hora de contar sus aventuras. Habían vivido mucho y podían contar mucho. Hay ahora en España grandes actores, más preparados físicamente, más intelectualizados, por así decirlo, pero debieran aprender de sus mayores, verlos una vez y otra en las buenas y en las malas películas de las que siempre salían airosos; olvidar algo de lo que aprendieron en la escuela, o desaprenderlo, buscar el misterio de representar a la gente con la que se cruzan a diario. Considerarse a sí mismos como personas corrientes con un oficio. Un oficio como el de López Vázquez que, sin ser un actor internacional, consiguió convertirse en el mejor actor del mundo, según Chaplin.

Elvira Lindo, El País, hoy.

FOTO:
PÚBLICO.

Homenaje a un grande

Posted by : Le poinçonneur | 15 oct 2009 | Published in


Operación cabaretera (1967), Ízaro Films. Dirección de Mariano Ozores.

Rafaela Aparicio

Posted by : Le poinçonneur | 28 sept 2009 | Published in

Marbella era aún un pueblecito de pescadores cuando acogió el nacimiento de Rafaela Díaz Valiente. Era el 9 de abril de 1906.

Rafaela se diplomó en Magisterio, pero a los 23 años, quizá cansada de niños ajenos, se puso el Aparicio para lanzarse al teatro, su vocación, ámbito en el que conoció al que sería su marido, Erasmo Pascual.

El posterior salto a Madrid le permitió a acceder a trabajos cinematográficos, primero pequeños, luego, más grandes. Empezó en 1935 sin frase en Nobleza baturra, de Florián Rey.

Casi siempre fue secundaria, en papeles de chacha, monja malcarada o suegra omnipresente, normalmente en comedias de mediana calidad y superior taquilla. De Marisol rumbo a Río a Sor Citroën, pasando por Las Ibéricas F.C. o El Cid Cabreador. No faltaron, sin embargo, incursiones en el drama, al lado de Saura -Ana y los lobos, Mamá cumple 100 años-, Aranda -Cambio de sexo- o Erice -El sur-. Las más de las veces, su figura pequeña y regordeta se merendó en pantalla a las starlettes de turno.

Adorada por el público, enlazó un rodaje tras otro durante más de cuatro décadas. Con sus facultades visiblemente mermadas, y ya casi nonagenaria, acabó su vida artística vergonzantemente bufoneada en la Tele 5 de las mamachicho. Muchos nos sonrojamos al verla desvariar junto a Bertín Osborne en programas indignos de su categoría.

Rafaela, nuestra gran cómica, murió en Madrid el 9 de junio de 1996.

José Sazatornil, "Saza"

Posted by : Le poinçonneur | 11 sept 2009 | Published in


Desmintiendo esa gilipollez según la cual los catalanes no tenemos sentido del humor, José Sazatornil Buendía vino al mundo en Barcelona, el 13 de agosto de 1926. Debutó en el teatro a los 13 años, pasando al llegar a la veintena a la compañía de Paco Martínez Soria. Rodó su primer filme -Fantasía española, Javier Setó- en 1953.

De físico circunspecto, ideal para el contraste, Saza se ha desenvuelto primordialmente en el ámbito de la comedia, regalando con su genio filmes de Berlanga -El verdugo, Todos a la cárcel-, Cuerda -impagable su guardia civil en Amanece, que no es poco-, Lazaga -El turismo es un gran invento- o Forqué -Las que tienen que servir-. Siempre en papeles secundarios. En cuanto al timing, claro: artísticamente, siempre desbordó.

Con todo, y volviendo a Berlanga, a mis ojos, su momento de oro se halla en La escopeta nacional, donde formó impagable pareja con Mónica Randall dando vida a un industrial de porteros automáticos que acude con su querida a la cacería organizada por el demencial marqués de Leguineche -Luis Escobar, que en gloria esté-. Costeando la montería, se le ha prometido pelotazo seguro en las promociones de viviendas de protección oficial que deberá aprobar el ministro tardofranquista Antonio Ferrandis. España en cinco líneas.

El gran cómico barcelonés rodó su último filme en 2006 -Vete de mí, Víctor García León-. Desde entonces, recibe de vez en cuando homenajes. Siempre insuficientes, tal es su arte.

María Luisa Ponte*

Posted by : Le poinçonneur | 4 sept 2009 | Published in


María Luisa Ponte Mancini nació en Medina de Ríoseco, provincia de Valladolid, el 21 de junio de 1918. De familia de actores, debutó ya de adolescente en el teatro, con obras de Ibsen o Cervantes. En 1952 rodó su primera película, La estrella de Sierra Morena, de Ramón Torrado, iniciándose así una fructífera carrera fílmica que la haría brillar, casi siempre de secundaria, en cintas tan señeras como El pisito (Marco Ferreri) o El verdugo (Luis García Berlanga).

En las décadas siguientes combinó sus intervenciones en los Estudio 1 de RTVE con colaboraciones con cineastas tan dispares como Jesús Franco, Mariano Ozores o Mario Camus. Sin hacer ascos a la astracanada, no tuvo reparos en abordar proyectos arriesgados como Tamaño natural (Berlanga, otra vez) o La petición (Pilar Miró).

Su particular físico, unido a su voz gruñona, la convirtieron en vehículo preferente para la comedia. Recuerdo con especial cariño su papel de madre de Ana Belén en La corte de Faraón (José Luis García Sánchez), probablemente el filme con el reparto más estelar de la historia del cine español.

Viuda prematuramente del también actor José Luis López de Rueda, padre de su única hija, mantuvo, durante casi treinta años, una relación sentimental con el no menos grande Agustín González, próximo objeto de atención en este cuadernillo.

Se despidió de las cámaras con su intervención en Canción de cuna, de José Luis Garci, a mediados de los noventa.

Murió en Madrid el 2 de mayo de 1996.

Vayan estas líneas en su recuerdo.

Foto: RTVE.

*Aunque últimamente lo tengo bastante abandonado, el cine nacional ha sido siempre mi preferido, por la cercanía de sus historias y protagonistas. Nuestra filmografía está llena de excepcionales actores y actrices que, por razones diversas, no consiguieron entre el gran público el reconocimiento que merecían, que sí disfrutaron a veces en el ámbito teatral, por definición más reducido. Muchos, empero, desarrollaron carreras cinematográficas tan brillantes como duraderas, normalmente en papeles de reparto en los que, a menudo, eclipsaban con su talento a los galanes o primeras actrices de turno. Creo de justicia reivindicar el trabajo de aquellos cómicos a quienes tanto debo. A ello me pongo dedicándoles esta sección que hoy se inicia, y que espero, como siempre, que sea del agrado de mis lectores.