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Mi tío (edición homenaje)*

Posted by : Le poinçonneur | 12 mar 2012 | Published in


Dentro de unas semanas, mi tío Manuel cumple los 83.

No se ha quitado el bigote desde que hizo la mili. Con él, deviene un híbrido entre David Niven y el padre de Julio Iglesias.

Llegó a Barcelona soltero, aún reciente la posguerra. Trabajó en lo que encontró. Según me cuenta, -a lo que dice hay que concederle un 50% de credibilidad-, se recorrió todas las casas de putas del Barrio Chino. El polvo salía a duro. Al final, acabó intimando con una gallega. La que es hoy mi tía, mientras tanto, lo esperaba en su pueblo andaluz bordando el vestido de novia.

De pequeño, me enseñó a tirarme pedos de la manera más sonora posible. No le importaba que mi abuela -su suegra- estuviera presente.

Es capaz de comerse guindillas picantísimas sin echar una sola lágrima. La leche, sin embargo, le sienta como un tiro desde que lo operaron de una úlcera, poco antes de nacer yo.

No tiene inconveniente en bajarse los pantalones en una reunión familiar si lo juzga menester. He sido testigo de ello en varias ocasiones.

Ya jubilado, le dio por ir solo a la playa nudista. Siempre negó que fuera a hacer de mirón.

Echa sal a las naranjas.

Se sacó el carnet yendo para cincuentón. Tuvo un 127 verde hierba hasta el 86, en que lo cambió por un Opel Corsa blanco que dio de baja el año pasado, según él, en estado impecable. El coche, en realidad, se caía a pedazos. Aunque su modo de conducir me recordaba a Los autos locos, jamás tuvo un accidente. Tampoco pinchó una rueda.

Pasa las tardes tumbado en el sofá viendo El diario de Patricia.

Hasta hace unos meses no tomaba ni un solo medicamento.

Siempre he sido su sobrino favorito.

De huertos adyacentes, competía con mi padre a ver quién cosechaba los tomates más gordos. No ganó ni un solo año.

En los bares del barrio era el rey de la barrecha.

El único periódico que ha leído en su vida es El Caso.

Escondía las revistas guarras debajo del colchón.

Mi tío Manuel, a qué decirlo, es uno de mis referentes. No sé qué será de mí el día que me falte.

*Ayer despedimos para siempre -porque no creo en el otro barrio- a mi tío Manuel. En vez de dedicarle una elegía o un texto arrebatado, creo mucho mejor recuperar este antiguo post escrito cuando él estaba vivo y en estado aún aceptable. Se ha ido un connaisseur, y, sin él, el mundo es hoy un poco más aburrido. Por suerte para mí, tomé buena nota de sus enseñanzas ya desde la cuna y pienso aplicarlas hasta que me toque seguirlo.

Estando este sábado mi tío el calavera aún de cuerpo presente, me tomé un
gintonic a su salud; hoy, le dejo estas letras que no le harán justicia.

Manolo, eres grande.

IMAGEN: GAUMONT FILMS.

Et Dieu...créa la femme (reprise)*

Posted by : Le poinçonneur | 7 feb 2012 | Published in


Aunque pueda resultar indecoroso mentar la carne en Viernes Santo, he iniciado el puente disfrutando de Y Dios creó a la mujer, el divertimento de Roger Vadim que dio lugar, hace cinco décadas, a la entronización de Brigitte Bardot como mito sexual galo por excelencia.

Acuñada por la prensa de la época como la segunda industria francesa más próspera después de la Renault, la Bardot redefine en el filme para los restos el concepto de erotismo: muchas lo han intentado, mas ninguna ha conseguido cimbrearse con el donaire que derrocha la parisina. Jamás, tampoco, unos pies descalzos han sido tan matadores como los que acarician a Christian Marquand a la orilla de la playa.

Viendo al pobre Jean-Louis Trintignant echarse sin remedio en brazos de la perdición, me viene a la memoria la exquisita vertiente musical de la vamp, menos conocida pero tan o más remarcable que la cinematográfica. Es posible, por poner un ejemplo, que haya imprudentes que no sepan que fue su voz, y no la de Jane Birkin, la primera en arrullar a Serge Gainsbourg en el corte original de Je t'aime...moi non plus; yo, que estoy a la que salta, ya hace años que peregriné a Perpinyà en busca de The best of Bardot, aurífero recopilatorio de los principales títulos canturreados por la bombinette.

Es éste, a partir de entonces, uno de mis discos de cabecera, lo cual no está exento de riesgo: en mi familia, desde la noche de los tiempos, nos transmitimos de unos a otros toda clase de patologías cardiovasculares. Ya sea por hipertensión arterial, embolias, arritmias ventriculares o soplos diastólicos, tenemos la glamourosa costumbre de morirnos jóvenes -lo contrario, secretamente, nos parece una ordinariez-. Es por ello que Mariano, mi médico, siempre celador de mi maltrecho metabolismo, me abroncaría sonoramente si supiera que, de vez en cuando, a escondidas, extraigo el The best de su caja y, a través de los auriculares, escucho a bajo volumen Moi je joue cuatro o cinco veces seguidas.

Y es que oír a B.B., entre grititos y suspiros, decirle a uno repetidamente vous êtes mon jouet pone a prueba las capacidades coronarias más contrastadas: qué no hará, ay, con las mías.

*Un chateo nocturno con mi ya imprescindible amiga Maribel me apercibe de la necesidad de recuperar este post antiguo sobre Brigitte Bardot y mi filia perpetua por devenir kleenex de hermosas. Va por todas Vdes., sin las que mi existencia sería, simplemente, un erial.

El gilipollas

Posted by : Le poinçonneur | 26 sept 2010 | Published in

Esta mañana, vuelvo en coche de comprar el periódico cuando, al llegar a un cruce de calles regulado por semáforo -para mí, en verde-, tengo que dar un frenazo. Al otro lado de la intersección, una furgoneta conducida por un anciano casi mesozoico hace caso omiso de la luz roja y se me cruza con toda tranquilidad. En el asiento del acompañante, una muchacha africana de mirada aburrida. Por mor de la intromisión, me quedo varado en medio de un paso de cebra.

Apenas un segundo después, un tipo de sonrisa absurda se acerca con El País bajo el brazo, haciendo ademán de cruzar. Inevitablemente, ha debido presenciar la escena. Azorado, y suponiendo que, en el ínterin, mi semáforo ya debe haber cambiado a rojo, retrocedo un par de metros. El tipo, dando un paso atrás, contempla el destello encarnado del semáforo y me mira condescendiente, con su puñetera sonrisa en los labios. Indignado ante la injusticia que se está fraguando, bajo la ventanilla y le advierto de que ha sido el viejo y no yo quien se ha pasado por el forro el Código de la Circulación. Dando la callada por respuesta, y con aire de perdonarme la vida, se aleja sin dejar de sonreír.

Yo, mientras tanto, barajo seriamente la opción de arrancar y atropellarlo, por gilipollas.

Le disciple du Gainsbarre, 21-09-2008.

Miedo a las agujas*

Posted by : Le poinçonneur | 30 may 2010 | Published in

Ayer por la mañana fui con mi mujer al ambulatorio para que me hicieran un análisis de sangre. Se trata de un trance que no soporto debido a mi terror a las agujas, pero, decidido a hacer de tripas corazón, mientras esperaba a que me llegara el turno, me dediqué a observar a los allí congregados, iniciando la planificación de un post en el que, con la gracia que me caracteriza, narraría las tercas similitudes entre la realidad y los sketches de Martes y Trece. A medida que iba creciéndome ante el seguro éxito de mi inminente crónica, rocé el delirio cuando la enfermera encargada de reclutar incautos llamó a un tal señor Porro. Al instante, un caballero de edad provecta se levantó de su asiento, provocando en nosotros a su paso una hilaridad que pugnábamos por disimular. La sonrisa se congeló en mis dientes cuando, segundos después, fui yo el convocado a la reunión con el matarife. Finalizaba aquí sin yo saberlo el artículo que tenía en mente, iniciándose lo que, sin duda, fue un castigo divino a mi soberbia.

Y es que, traspasado el umbral del cuarto de extracciones, fui conminado a aguardar un segundo llamado que, definitivo, me sentó en una silla de madera ante una practicanta que, mientras me aplicaba alcohol en el brazo, me instaba rutinaria a que apretase la mano. Acongojado en vistas al ya inmediato pinchazo, hice lo que se me pedía al tiempo que apretaba los dientes, mirando hacia el ángulo contrario de la habitación. Una vez sentido el picotazo de la hipodérmica, calculé los segundos que transcurrirían hasta que la presión del algodón en la herida anunciara el fin de mi calvario. Mas, tras un espacio de tiempo indeterminado, abrí los ojos y di con una bata blanca alarmada que convocaba a otras batas blancas para que tirasen de mí en una especie de danza que no acertaba a descifrar. Reparé en que mi cabeza se hallaba a la altura del respaldo de mi asiento, situándose el resto de mi cuerpo casi a nivel del pavimento. Tumbadlo en el suelo, tumbadlo en el suelo, clamaban las batas entre sí mientras me depositaban en el terrazo. Las piernas, las piernas, susurraban, cuando mis pies eran levantados metro y medio por encima de mi rostro.

Mientras una nube de interrogatorios me inquirían sobre mi nivel de consciencia, fui trasladado a una camilla reclinable en la que varios brazos me forzaron a adoptar una posición parecida a la del pino que con tan poca fortuna trataba de practicar en mis ya lejanas clases de gimnasia adolescente. Yo, por mi parte, combinaba la visión de miles de lucecitas con la extraña sensación derivada de la no respuesta de mis miembros a las órdenes de movimiento. De esta guisa permanecí durante unos minutos que se me antojaron eternos hasta que otra bata me ofreció una especie de brebaje que me invitaron a sorber a través de una pajita. Es glucosa pura, bébetelo, imprecaron. Accedí, qué otra cosa podía hacer. Finalizada la ingesta de un líquido marronáceo tan dulzón como repugnante, logré ponerme en pie con el mismo sentido del equilibrio que un potro recién nacido. Avanzando a través de un pasillo que se movía a ritmo de vértigo, conseguí llegar hasta donde me esperaba mi preocupada esposa. Sujétame y vámonos. No hagas preguntas, la conminé, humillado.

Media hora después, arribábamos a mi domicilio después de un viaje por carretera que me recordó los tiovivos de feria de mi niñez.

Le disciple du Gainsbarre, 10-07-2008.

*A Mariano, con mi gratitud eterna, por lo que él sabe.

Salvador

Posted by : Le poinçonneur | 12 abr 2010 | Published in

La Sala de lo Militar del Tribunal Supremo ha rechazado, por tres votos contra dos, la revisión del proceso que condujo al garrote vil al anarquista catalán Salvador Puig Antich en marzo de 1974, acusado de la muerte del policía Francisco Anguas. Los magistrados basan su decisión en la inexistencia de nuevas pruebas que justifiquen debidamente la reapertura del caso, y en la sujeción a Derecho de la sentencia dictada en su día.

Amén de la barbaridad intrínseca que ya supone la condena a muerte de un ser humano, acentuada en aquel entonces por la necesidad del casposo régimen de dar un escarmiento público tras el bombazo a Carrero Blanco, resulta curioso que se considere acorde a Derecho un juicio celebrado en un estado que no era de tal, al negar a sus ciudadanos el ejercicio de las más elementales libertades cívicas. Sorprende más que, en 2007, se entienda legítimo que un tribunal castrense juzgara a un civil por medio de un consejo de guerra, elemento procesal que debería estar reservado exclusivamente a los miembros del Ejército, dada su excepcionalidad.

Aparecen, por otra parte, nuevos testimonios de facultativos que examinaron el cadáver de Anguas, y que evidencian la ensalada de disparos cruzada entre Puig Antich y diversos miembros de los Cuerpos de Seguridad, lo que hacía más que dudosa la certificación exacta de la autoría del tiro fatal. Es posible que Salvador fuera quien realmente acabó con la vida de Anguas. Sería conveniente esclarecerlo, a la luz de las técnicas disponibles en la actualidad. Pero me niego a admitir que se considere justa la pena de muerte, razón más que suficiente para denostar un juicio que no fue más que un exponente de una época que, para ser definitivamente archivada, debe antes ser escrutada en profundidad.

Le disciple du Gainsbarre
, 19-07-2007.

Máscaras

Posted by : Le poinçonneur | 2 mar 2010 | Published in

Hacíame ayer a las calles a fin de solventar mis insignificantes quehaceres domésticos cuando, de repente, me crucé con un mastodóntico y flamante Audi Q7, artefacto que, para los que no lo sepan, es una especie de transatlántico con tracción a las cuatro ruedas que ocupa un tercio de la superficie de un piso de la exministra Trujillo. Al instante, se me ocurrió un post -ahora no pienso, sino que posteo- en el que hablaría de los riquillos de medio pelo que invierten cantidades obscenas en inmensos todoterrenos destinados a no pisar jamás un camino de tierra, simplemente para gozar del presunto poder que confiere conducir un metro por encima de los plebeyos utilitarios.

Andaba yo con una media sonrisa calculando las oleadas de admiración que mi atinada prosa despertaría en mis innumerables lectores cuando, de repente, al esquivar los restos de una deposición canina, reparé en mis pies, y más concretamente, en el calzado que los recubría. Ayer, como cada día, mi generoso cuarenta y cinco se hallaba embutido en unas bambas de color chillón, tocadas con unos calcetines de similar tonalidad. Teniendo en cuenta que el que esto escribe no pasa del sofábol, debo reconocer que cometo el mismo pecado que el exhibicionista conductor del Audi. Al igual que él se gasta sus dineros en un coche de campo para no salir nunca del asfalto, yo me calzo zapatillas de sport con el único fin de parecer moderno, fashion, kumba y gafapasta, que diría mi amigo mariquita, sin que -líbreme Dios- se me ocurra jamás la ordinariez de ponerme a transpirar como un vulgar gorrino practicando deporte alguno. Es de justicia, pues, que pida perdón al tipo del portaaviones cuatroporcuatro por ver antes la paja en su ojo que la viga en el mío.

Arderemos juntos en el infierno de los posturistas y los aparentadores.

Le disciple du Gainsbarre
, 29-08-2007.

Brújulas

Posted by : Le poinçonneur | 22 nov 2009 | Published in

Enormemente interesantes resultan las impresiones que el escritor Javier Marías revela en la edición de hoy de El País. Se define Marías como escritor de brújula, y no, como la mayoría, de mapas. Precisa que hay escritores que necesitan saberlo todo de sus historias y de sus personajes antes de ponerse a escribir, en cierto modo se limitan a desarrollar algo que ya estaba cerrado.

Yo, sin embargo -continúa Marías-, sólo quiero una brújula que me indique el norte. Y no es que no sepa a dónde quiero ir, es que no me gusta trabajar con un mapa y tener la sensación desagradable de que sólo me limito a redactar. A mí me gusta sentir cierta incertidumbre porque si supiera de cabo a rabo lo que va a pasar me aburriría mucho. Sabias palabras. En el mismo sentido, el gran Vilallonga señalaba que jamás empezaba a escribir un artículo si sabía de antemano cómo iba a acabar, al considerar entonces la tarea carente del más mínimo interés.

En mi absoluta insignificancia, no puedo menos que compartir la doctrina de ambos popes. Cuando doy comienzo a una reseña en este cuadernillo, me gusta dejarme llevar por una vaga idea inicial, sin que la planificación alcance a poco más allá de la siguiente frase. Lo atractivo, lo estimulante, consiste en dejarse llevar por los dedos que, en el teclado, martillean por sí solos, acaso porque son ellos, y no yo, quienes contienen las ideas adecuadas, las que merecen componer una línea.

Como bien dice Marías, no hay nada de atrayente en limitarse a verter por escrito la integridad de lo que ya se tenía en mente. Ello, personalmente, me llevaría a la sensación de vomitona que me embargaba cuando, en mi época universitaria, durante un examen, y por miedo a dejarme algo vital en el tintero, arrojaba en el papel, a contrarreloj y compulsivamente, el torpe conocimiento que albergaba en mi castigado interior.

Le disciple du Gainsbarre, 03-10-2008.

El chequeo de la verdad

Posted by : Le poinçonneur | 1 nov 2009 | Published in

Quizá debido a diversas razones, como la provecta edad de gran parte de los miembros de mi familia, la experiencia de décadas en mi barrio o la influencia de las tiras cómicas de Miguel Gila en El Periódico, el colectivo de los jubilados siempre ha constituido para mí una fuente inagotable de anécdotas, ocurrencias, y, en suma, humor de exquisita calidad.

Una amiga mía, que comparte esta afición gerontófila, me contaba el otro día que un vecino suyo acudió recientemente a un hospital para hacerse un electrocardiograma. Al llegar, le quitaron la camisa, lo tendieron en una camilla, le llenaron el pecho de cables y ventosas, y empezaron a formularle diversas preguntas. ¿Cómo se llama? ¿Fuma usted? ¿Bebe? ¿Suele caminar? ¿Añade mucha sal a las comidas? A los pocos segundos, la impresora matricial de la máquina empezó a dibujar trazos indeterminados en un rollo de papel milimetrado que manaba del aparato.

Al finalizar el chequeo, el anciano caballero, acongojado, se dirigió a su domicilio, encontrándose en el portal al padre de mi amiga, al que informó, alarmado, que, sin previo aviso, en el médico acababan de realizarle la prueba del polígrafo -bolígrafo, en sus textuales palabras-. Acabáramos.

Le disciple du Gainsbarre, 18-05-2007.

Columnistas

Posted by : Le poinçonneur | 14 sept 2009 | Published in


Leía yo el otro día un artículo de David Trueba en el dominical de El Periódico acerca del columnismo, ese palo de la expresión escrita que algunos practicamos como hobby, y del que otros hacen, además de oficio, trinchera. Como mi pesimismo sobre el ser humano es cada vez más acentuado, progresivamente voy reduciendo el tiempo que dedico a hojear las páginas de política, internacional y similares para centrarme -amén de las de chismorreo- en las dedicadas a los artículos de opinión, bancal en el que muchos siembran, pero del que sólo unos pocos cosechan un producto digerible.

Se dolía el cineasta en su crónica en relación al ombliguismo de muchos columnistas que parecen estar permanentemente enfadados con el mundo, quejándose de todo y de todos sin ofrecer solución alguna. Lector como soy habitual de los textos del marido de Ariadna Gil, encuentro que el pequeño de los Trueba comete el mismo pecado que la generalidad de los opinadores, viendo la leve pajita en el ojo ajeno antes que la viga hormigonera en el propio. Semana a semana, el director de La buena vida pontifica a diestro y siniestro contra casi cualquier asunto a través de una prosa de aceptable calidad, aunque lamentablemente ausente de sentido del humor, ofreciendo una visión pseudoprogresista de la vida que, a veces, casa mal con el elitismo que desprenden sus textos.

Tengo para mí que el escribidor público, antes de sermonear, lo primero que debe hacer es mirarse en el espejo de la autocrítica para darse cuenta de que, teclado en mano, todos nos convertimos en unos jueces parciales que condenamos al vecino por ver Gran hermano, mientras nosotros, a la misma hora, voceamos como energúmenos jaleando a nuestro equipo de fútbol preferido.

En mi caso concreto, como además de despacharme a gusto contra lo que me da la gana, trato de entretener, por respeto a mis lectores, y en mi humildad, intento con este panfleto satirizarme a mí mismo a diario -motivos me sobran- antes de tirarle al de enfrente, con la intención de conservar la perspectiva y no caer en el mismo páramo que mi estimado Trueba. Si así lo hiciere, que mis innumerables seguidores me lo premien, y, si no, que me lo demanden.

Le disciple du Gainsbarre, 18-09-2007.

Carencias

Posted by : Le poinçonneur | 7 sept 2009 | Published in

No fue a trabajar, porque su empresa había quebrado. Al levantarse, terminó el rollo de papel higiénico. No había repuesto. Trató de desayunar, pero el frigorífico estaba vacío. No pudo afeitarse por falta de espuma. Se vistió con la misma ropa del día anterior. Con el dedo mojado en saliva, pretendió disimular una pequeña mancha de café en el bolsillo de la camisa. Bajó a la calle. Quiso entrar a un bar, pero no tenía dinero. Barajó conducir hasta la playa, para tomar el sol y despejarse con la brisa, pero recordó que no le quedaba gasolina. Deambuló por el barrio, las calles enlentecidas. En el parque, se sentó en un banco. Observó que los habituales jubilados estaban hoy acompañados por varios tipos como él, ausentes, demasiado viejos para ser jóvenes, demasiado jóvenes para ser viejos. Unos niños arrastraban sus mochilas con ruedas, camino del colegio. Junto a la fuente, un perro meaba en la pata de un columpio. Al otro extremo de la plaza, varios comercios cerrados. Grafitos en las persianas metálicas. En el banco, a su derecha, encontró un periódico gratuito. Lo tomó, alisando con la mano las arrugas del papel. La portada estaba presidida por un titular. Se agudiza la crisis económica.

Le disciple du Gainsbarre, 22-09-2008.

Tertulias

Posted by : Le poinçonneur | 24 jul 2009 | Published in

Se interrogaba esta mañana Josep Cuní en su estupenda tertulia televisiva acerca de la oportunidad de las declaraciones que el portavoz adjunto del PSC en el Parlament, Joan Ferran, concede hoy a El Periódico. El socialista se queja del excesivo nacionalismo que, a su juicio, destilan los programas de TV-3 y Catalunya Ràdio, poniendo como ejemplo el hilarante y recurrente uso del eufemismo Estat espanyol en sustitución de España, vocablo tremebundo que algunos insisten en evitar, por razones si no declaradas, sí más que evidentes.

Al margen de lo atinado de algunas de las aseveraciones de Ferran, encuentro su tono, en general, algo exagerado, por no decir alarmista. Me desayunaba yo con mis disquisiciones al efecto cuando la abogada Gemma Calvet ha intervenido rauda para introducir un certero dedo en la llaga, ilustrando la jurista su argumentación con un ejemplo iridiscente: puede ser cierto que en Catalunya se hable poco de España, pero no lo es menos que, en el conjunto de España, existe aún menos conciencia de Estado español, quizá por la asunción de la inquietante pluralidad nacional que ello implica.

Reconociendo en nosotros, catalanets, lo que haya que reconocer, no hay nada más noble que dar la razón a quien, a todas luces, la tiene.

Le disciple du Gainsbarre, 04-12-2007.

Tomás

Posted by : Le poinçonneur | 6 jul 2009 | Published in

No me gustan especialmente las corridas de toros, así como creo claramente excesivo el calificativo fiesta nacional, de un simplismo absoluto. Sin pretenderlo, practico la equidistancia entre los forofos cornúpetas y los hooligans abolicionistas que se manifiestan en pelotas por las calles.

Reconozco, empero, que alguna de las contadas veces que me he asomado a la vera de mi padre a una retransmisión televisiva, he visto algún pase, algún movimiento, alguna escena que, aisladamente, me ha parecido de una belleza absoluta. En mi ignorancia, sin ser capaz de ir mucho más allá, llevo tiempo sintiendo una curiosidad in crescendo hacia la figura de José Tomás, calificado por algunos como el matador total.

A pesar de que sólo puedo hablar de oídas -Tomás no permite que se ofrezcan sus faenas por televisión, y yo, evidentemente, jamás pondré el pie en un coso-, algo ha de haber de extraordinario en un hombre que, con tres cornadas en el cuerpo, insiste en rematar una lidia para acabar saliendo entre ovaciones con el traje recubierto de sangre, propia y ajena.

Los entendidos cuentan y no acaban de su valor, de su autenticidad, de su apego al toreo como forma de vida y no de promoción. Las crudas imágenes de su actuación de ayer en Las Ventas consiguen repugnarme al tiempo que me fascinan.

Como reza el refranero, algo tendrá el agua cuando la bendicen.

Le disciple du Gainsbarre, 16-06-2008.

Cagontusmuertos

Posted by : Le poinçonneur | 4 may 2009 | Published in

Atendiendo esta mañana mis quehaceres administrativos habituales, encaminábame yo por las calles de mi pueblo cuando ha brotado de la nada un requiebro que un desconocido dirigía a otro: cagontusmuertos. Al instante, me han venido a la memoria las súplicas que, invariablemente, he dirigido a mis sucesivos profesores de inglés para que me enseñaran insultos y palabrotas en el idioma de Shakespeare.

Nunca hallé, sin embargo, comparación alguna entre los raciales improperios hispanos y los anglosajones, infinitamente más cándidos. ¿Cómo explicar a un londinense que pretenda zaherirme, pongamos por caso, que los españoles, para ofender al próximo, hacemos ademán de defecar sobre las sepulturas de padres, madres y hermanos ajenos? El de la pérfida Albión, como máximo, me llamaría bastardo, a lo que yo respondería con un ataque de risa, y, encima, cagándome genéricamente en sus difuntos.

Si me tocase mucho las narices, usaría la versión heavy, haciendo extensivas las aguas mayores a todos y cada uno de sus finados -cagontostusmuertos-, lo que ya acabaría de rematarlo.

De algún modo hay que vengar lo de la Invencible, y a mí, a patriota, no me gana nadie.

Le disciple du Gainsbarre, 18-07-2007.

Saldos

Posted by : Le poinçonneur | 5 abr 2009 | Published in

Año tras año, las televisiones nos obsequian con imágenes de hordas al asalto de los grandes almacenes el primer día de la temporada de rebajas. A bolsazo limpio, probas madres de familia de natural calmado se transforman en una especie de luchadoras de sumo capaces de retarse por un picardías de oferta.

Cuánta energía malgastada. Los auténticos connaisseurs de la compra compulsiva, por el contrario, nos abstenemos de sufrir codazos y pisotones, y guardamos nuestros euros para la semana siguiente. Aquélla en que, tras la marabunta, los comercios saldan a precios de risa las escasas prendas supervivientes.

Gracias a mi perspicacia, anteayer me hice con un jersey negro de pico del Pull & Bear por la módica cantidad de 3,99 euros. Los meapilas de turno me echarán en cara que no me gusta el negro y jamás visto de ese color. Tienen razón, pero, infelices, ¿y lo barato que me ha costado?

Ladran, luego cabalgamos.

Le disciple du Gainsbarre, 13-07-2007.

Junot, leyenda viva

Posted by : Le poinçonneur | 29 mar 2009 | Published in

Maestro de maestros, Philippe Junot nació en París el 19 de abril de 1940. De fama legendaria y contrastada en las boîtes de la Ville Lumière, combinaba su dandismo con una labia que le hizo acreedor de los favores de innumerables damas.

A finales de los setenta, una veinteañera y huracanada Carolina de Mónaco, con la excusa de unos estudios en la Sorbonne, se instaló en el apartamento paterno de la Avenue Foch, desde el que, noche tras noche, partía a los locales más chic de la capital en busca de la libertad que mamá Grace le negaba. En una de sus incursiones festivas se cruzó con el maduro Philippe, que, al instante, la cautivó por ser el primer hombre que la trató como una mujer corriente.

El idilio fue instantáneo, y el matrimonio, imprescindible tras la divulgación de unas imágenes de la princesa y el playboy compartiendo yate en paños menores. Según la mitología, cuando Tessa de Baviera, invitada al enlace, acudió a dar la enhorabuena a Rainiero, éste le contestó: no me felicites, mejor dame el pésame.

Tras un par de tormentosos años dedicados a las fiestas y eventos más selectos de Montecarlo, Nueva York o Marbella, pasó lo que tenía que pasar, publicándose unas instantáneas del príncipe consorte en actitud comprometida con la espectacular modelo costarricense Giannina Facio. El divorcio fue inevitable, y, con él, el nacimiento del mito Junot, el crápula que conquistó a la princesa más bella del mundo.

Como diría su colega Julio Iglesias, lo mejor de tu vida, me lo he llevado yo, lo mejor de tu vida, lo he disfrutado yo...

Le disciple du Gainsbarre, 20-02-2008.

Ciertas sotanas

Posted by : Le poinçonneur | 22 mar 2009 | Published in

Sostiene Bernardo Álvarez, obispo de Tenerife, que la homosexualidad es algo que perjudica a las personas y a la sociedad. Sostiene el obispo que, en ocasiones, se practica como se puede practicar el abuso de menores y que puede haber niños, sostiene, que consientan la agresión sexual. Sostiene el obispo que de hecho, los hay. Hay adolescentes de 13 años que son menores y están perfectamente de acuerdo y, además, deseándolo. Incluso si te descuidas te provocan, acaba sosteniendo el obispo.

Finalizado el barato homenaje a Tabucchi, ante manifestaciones como éstas, que en un primer momento me provocaron la indigestión de los cruasanes del desayuno de ayer, quiero, ya más calmado y reconducida mi postura, romper una lanza en favor de la Iglesia, y recordar al primado que la existencia de niñas preadolescentes de tendencia casquivana la conoce todo el que haya leído la Lolita de Nabokov. También sabemos de ellas los que no tenemos tan lejana la EGB, por la que pululaban nínfulas apenas puberales que relegaban a la Rizzo de Grease a la categoría de mera aficionada. Sin embargo, a pesar de ser, como fui, uno de los desgraciados que no llegaron a catarlas, jamás encontréme ni de lejos con una vamp infantil que, en lugar de rondar a sus contemporáneos, insistiera en cachondar a un tipo con sotana que le cuadruplicara la edad. Estaré, a partir de ahora, al acecho, y, si diera con alguna, le endiño dos collejas; la primera, por pervertir al clero, y la segunda, por guarra. Lo mismo haré si el provocador es de signo masculino, lo que evidenciaría una doble desviación, aún más terrorífica.

Desde aquí mi solidaridad para con Álvarez y todos los sacerdotes, obispos y frailes corrompidos por la maldad de tanto criajo degenerado. Urge un acto público de desagravio.

Postdata: hablando de Lolita, no puedo dejar de recordar la tronchante definición que el gran Manuel Vázquez Montalbán dio de la obra: es un libro demasiado largo a propósito de una niña aburridísima y un poco puta. Impagable MVM.

Le disciple du Gainsbarre, 28-12-2007.

Paula

Posted by : Le poinçonneur | 15 mar 2009 | Published in

Esta mañana, mi reloj digital de Spiderman proyectaba las siete horas y cincuenta y un minutos en la pared de mi dormitorio cuando los graznidos de la vecina de al lado levantando a su hija han interrumpido un sueño de lo más estimulante. Y es que, en mi onirismo, estaba a puntito de ligarme a una Paula Echevarría descalza que me sonreía juguetona desde el quicio de una puerta. Loco de rabia, y mientras repasaba mentalmente el árbol genealógico de mi colindante, he reparado en la belleza absoluta de los tobillos de la señora de Bustamante, última visión fantasiosa que conservo antes de la desagradable interrupción.

Fetichista, dirán algunos. Connaisseur, responderemos al unísono el maestro Berlanga y éste, su feligrés.

Le disciple du Gainsbarre, 25-01-2008.

Carlos

Posted by : Le poinçonneur | 7 mar 2009 | Published in

Los domingos, mi señora esposa y yo solemos ir a comer a un restaurante cercano donde nos tratan y nos sentimos como en casa. Carlos, uno de los camareros, es un simpático negrón de La Habana que, a petición nuestra, nos sirve cada semana una botella de vino maison que nosotros mezclamos o no con gaseosa según sea la capacidad de resistencia etílica de que gocemos a cada ocasión. Al llegar a los postres, exhibimos una risa floja con la que adornamos cualquier comentario que sale de nuestras bocas. El otro día, con la copa en la mano, le confesé a Carlos algo que llevaba callándome desde hace tiempo: con la llegada del otoño, se vuelve más blanco. El habanero, con una paciencia infinita, se limitó a carcajearse y a traerme mi habitual crema catalana. Ayer, avergonzado, le pedí disculpas por si le había molestado mi alcoholizada observación. No sólo no le molestó, sino que nos animó a acompañarlo a Cuba en su próximo viaje. Este Carlos es un gran tipo.

Le disciple du Gainsbarre, 01-10-2007.

A Pepe

Posted by : Le poinçonneur | 1 mar 2009 | Published in

Algunas almas caritativas que leen este blog -gracias, una vez más, a todas ellas- tienen la amabilidad de ensalzar mis presuntas habilidades monologuísticas, en base a las que, por alguna razón que desconozco, a veces me envalentono contando de forma teatral alguna anécdota ante audiencias estupefactas que apuran sus copas tratando de desentrañar algún aspecto psicoanalítico del pelmazo que tienen delante. Uno de mis más celebrados sucedidos es el relativo a un enema-lavativa que tuve que aplicarme una vez, hace ya años, con ocasión de una humillante prueba médica rectal. Sin ánimo de ser exhaustivo, el estremecimiento moral y físico que me causó el citado enema me provocó una especie de implosión intestinal de la que todavía me acuerdo, casi una década después. Hace un par de días, en el estimable Dutifrí de Tele 5, el enorme Pepe Rubianes explicó a un tronchado Xavier Sardà un caso similar que le ocurrió a él mismo en relación a un zumo de frutas que ingirió en Nairobi con idénticos resultados laxantes. Agradeciendo como agradezco a mis conocidos la generosidad con que obsequian mis limitadas dotes humorísticas, el que esto escribe no puede más que plegarse ante el talento de Rubianes, que narró sin despeinarse cómo, literalmente, se cagó encima de un humilde keniata ante la imposibilidad de bajarse los pantalones con la presteza que el momento requería. Como bien sabe mi sufrida esposa, soy particularmente querente a los chistes de caca, culo, pedo y pis. El maestro Rubianes inserta cuatro tacos en una frase de diez palabras sin pestañear, cubriendo la performance de una pátina hilarante que desencaja las mandíbulas del más serio de sus espectadores. Yo sólo soy un triste imitador del más grande de los histriones. Pepe, bautízame.

Le disciple du Gainsbarre, 12-06-2007.

De homenaje

Posted by : Le poinçonneur | 23 feb 2009 | Published in

Repasando a vuela pluma el contenido de este libelo con ocasión de su primer cumpleaños, me doy cuenta de que mi pasión por el sexo femenino, lejos de remitir, sigue incrementándose, como no podía ser de otro modo. Hace un par de semanas, La noche temática ofreció Searching for Debra Winger, un estupendo documental de Rosanna Arquette sobre las actrices maduras, ésas que, para muchos, se vuelven transparentes en cuanto empiezan a flirtear con la cuarentena. Desfilaron nombres como los de Jane Fonda, Sharon Stone, Michelle Pfeiffer, Charlotte Rampling o Diane Lane, a cual más subyugante. Quiero hoy, sin embargo, recordar a una star que no aparecía en el trabajo de la Arquette, pero que simboliza una de las filias que preside mi existencia desde tiempos inmemoriales. Y es que siempre he querido ser, al menos una vez en la vida, un trasunto del personaje de Dustin Hoffman en El graduado, para que una dama como Anne Bancroft pudiera hacer conmigo lo que quisiera. Mientras que el inexperto Hoffman, en la película, se quedaba con Katharine Ross, la insulsa hija de Mrs Robinson, yo, sin dudarlo, hubiera escogido a la madre, tan malvada, caprichosa y magnética como sólo une femme à quarante ans puede ser sin perder la compostura. Desde aquí, mi homenaje a la Bancroft, una de las mayores delicias que ha visto nuestra civilización.

Le disciple du Gainsbarre, 27-12-2007.