Nouvelle vague

Posted by : Le poinçonneur | 12 ene 2010 | Published in



Haciendo clic en las capturas anteriores, mis feligreses podrán acceder a Hotel Existence y Mi nave de los locos, premières absolutas en el acervo panfletario hispano. Sus autores respectivos -mi esposa y uno de mis amigos más queridos- atesoran entusiasmo, carisma y vivencias imborrables -ambos me han visto desnudo-. Ahora, casi al alimón, han decidido compartir con el orbe sus más íntimas inquietudes. Brindo por ellos.

Visítenlos. Son gentes limpias, cumplidoras y de total confianza. Mi antítesis, en una palabra.

Lo evidente

Posted by : Le poinçonneur | | Published in

El Roto, El País, hoy.

Artist of the Century*

Posted by : Le poinçonneur | 11 ene 2010 | Published in


Dicen las crónicas que el Rey acaba de cumplir 75 años. Una fruslería reduccionista para quien es, por derecho propio, eterno.

*De todos los calificativos dedicados a Elvis, mi favorito siempre ha sido el de Artist of the Century. Con todo, se queda corto: no es el artista del siglo -por el XX-, sino de los siglos. De todos, pasados y futuros.

Malasangre

Posted by : Le poinçonneur | 10 ene 2010 | Published in

Malasangre se escapó al doblar la esquina.
Le abrió su capa la noche y le escondió.
Y con los ojos colorados, la vecina
del entresuelo
amaneció.
...y no ha de buscarte más
solloza y jura
sentadita en el cubo de la basura.

Aún piensa que el rocío
y la barriga hueca
te dirán por dónde volver.
Que cruzarás la calle,
empujarás la puerta
y buscarás algo de comer.
Que mancharás la alfombra,
bajarás los ojos
y te irás a esconder a un rincón
afligido...
Malasangre consentido.

Mala sangre, dice, que anda por tus venas...
..."Fíjese usted que no es la primera vez".
..."Que se alborota con calor y luna llena".
..."Que se desespera,
y tras cualquiera
echa a correr".

Mala sangre que te salva,
perro ingrato,
de que te dio cariño, cobijo y plato,
y te entregó su casa,
sus noches de invierno
y su calor de buena mujer.
Convirtió en caricias
tus lamidos lerdos
y te enseñó el hocico a mover.
Muchas son las deudas,
perro callejero.
Cualquier día no vas a ser
bienvenido.
Malasangre consentido.

Qué alegría
la del sol cuando te vea
festejando con el día,
sin bozal y sin correa.

Y no vuelvas a rondar esa escalera,
que en cualquier momento puede suceder,
que te dejen de un mal golpe de tijera
sin atributos
para ejercer.

Y uno menos a sembrar de hijos la Tierra...
Y hay tantas calles,
tanto sol
y tanta perra necesitando marido,
Malasangre consentido,
Malasangre consentido.

Joan Manuel Serrat, Sony Music (...para piel de manzana, 1975).

La segunda oportunidad (19)

Posted by : Le poinçonneur | 9 ene 2010 | Published in

Choque de frente.

VÍDEO: PACO COSTAS.

Camille Montes

Posted by : Le poinçonneur | 8 ene 2010 | Published in

Me produce especial repelús la actual tendencia revisionista que los grandes estudios aplican en relación a sagas míticas más que consolidadas en el imaginario colectivo. Normalmente, la cosa consiste en rodar en penumbra -que siempre aporta solemnidad-, multiplicar por cuatro las escenas violentas y poner de protagonista a un tío con cara de palo que convierta a Lee van Cleef en Jim Carrey por la vía de la comparación. Pestiños como El caballero oscuro son el resultado.

Incondicional que soy de la franquicia de los Broccoli desde mucho antes de la pubertad, es fácil suponer mi inquietud cuando se anunció el nuevo giro que se daría a las desventuras del veterano agente isabelino a través del fichaje de Daniel Craig. Previo pago de la entrada, llegó la tranquilidad: a pesar del shock que me supuso ver a Bond en porreta sufriendo tortura en sus partes íntimas, la propuesta se me antojó deslumbrante. Refundación sí, pero de la buena.

Y es que tal fue el éxito de la inapelable Casino Royale que acabó por desmerecer a Quantum of solace, su más que correcta secuela. Ciertas deficiencias narrativas, agudizadas por una inédita continuidad argumental -nunca un filme Bond retomó el hilo del anterior- dejan en notable bajo lo que antes fue matrícula. No pasa de ahí el drama, por más que se empeñen algunos agoreros. Sólo la espectacular car chase del inicio, la mejor desde Goldeneye -Aston contra Alfa: el sueño de un connaisseur- vale más que las tres Matrix juntas. Reseñables también los villanos: Mathieu Amalric -el correoso conseguidor Dominic Greene- y Jesper Christensen, tan afortunado como inasible en su rol de Mr White, el líder de Quantum, trasunto posmoderno de la antigua SPECTRA de los tiempos de Connery.

Con todo, lo diamantino de la propuesta se encarna, una vez más, en la protagonista femenina. Nadie mejor que la desarmante modelo rusa Olga Kurylenko para dar vida a Camille Montes, una improbable boliviana de origen eslavo dispuesta a todo para vengar a sus padres, asesinados por el travieso general Medrano -Joaquín Cosio-, postizo exdictador del país andino.

La historia traumático-justiciera de la Montes remeda al instante a la Melina Havelock que Carole Bouquet bordó en Sólo para tus ojos. La gran diferencia entre ambas reside en que, mientras la francesa rezumaba fría sofisticación, la contemporánea Kurylenko exuda puro sexo desde el primer minuto.

Descalza, magullada y embutida en un vertiginoso traje negro en medio del desierto chileno, la más reciente bondette -que actúa, además, de forma muy correcta-, está tan desfachatadamente buena que su contemplación debiera estar prohibida para alguien que, como el que esto escribe, tuviera antecedentes de problemas cardíacos.

Ayer, despreciando el peligro, la paladée en Blu-ray y a 42 pulgadas. En el fondo, en mi familia, llegar a viejo siempre resultó una ordinariez.

Vente pa Madrid

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Ketama y Antonio Flores, Sony Music.

Viva la Fisher

Posted by : Le poinçonneur | 6 ene 2010 | Published in

Si yo fuera quien quisiera ser, levantaría oleadas de admiración por mi serena belleza, mi cuerpo escultural, mi astronómica cuenta corriente y mis cientos de muescas en el cabecero. Como no lo soy, tengo que arrastrarme con lo que Dios me dio, ante lo que no me queda, a menudo, otra defensa que el humor.

Físicamente no valgo un pimiento, mi trayectoria profesional no es la de un triunfador -qué decir de mi bolsillo- y cultivo varias enfermedades crónicas -una de ellas no precisamente leve-, circunstancias todas que sobrellevo con la alegría que me caracteriza, qué remedio me queda.

Es por ello que me muerdo las uñas por tener que perderme el a buen seguro descacharrante monólogo que Carrie Fisher presenta estos días en Broadway y que -me temo- habrá caído de la cartelera la próxima vez que pise la Gran Manzana.

La Fisher, anclada de por vida a esa saga galáctica que empezó bien y acabó fatal -o viceversa, cosas de las precuelas- tiene a bien descojonarse de sí misma a cuenta de sus debes, entre los que cuenta alcoholismo, drogadicción y trastorno bipolar, amén de una carrera que un generoso calificaría de irregular. Algunos dicen que la religión es el opio de las masas. Pues bien, yo tomé masas de opio religiosamente, suelta en una de las perlas del espectáculo.

A mí, que siempre la he estimado, si me la mentan, mi primera palabra no será para Star Wars, sino para su secundario en Cuando Harry encontró a Sally..., manifiesto que supera y centuplica a todo lo que haga George Lucas en esta vida y las siguientes. Ídem para Shampoo, donde lucía carne adolescente para un Warren Beatty huracanado como as usual.

Retomando el hilo inicial, hay que tenerlos muy bien puestos para satirizarse a uno mismo, más de forma pública. Yo, que siempre seré un mierda, no paso de hacerlo mal y a ratos en esta gacetilla, reducto de mediocridad. Mi Carrie, arrojada, lo aventa a voz en grito desde un escenario y en la capital del mundo.

Para ella la gloria, más que merecida.

Quai

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Ellos no

Posted by : Le poinçonneur | 5 ene 2010 | Published in


Por razones muy personales que no corresponde aquí revelar, estoy particularmente sensibilizado contra la utilización de los niños por parte de los adultos para fines que no les competen en absoluto. Por la especial e intensísima protección que merecen en relación a nuestras disputas y mezquindades, la cosa no sólo me indigna, sino que me revuelve hasta la naúsea. No es mucho mejor -no digo nada que no se sepa- mi opinión hacia la política del PP y sus acólitos en multitud de asuntos -por no decir todos-.

Ahora, en Madrid, ocurre esto. Qué asco, amigos.

20 años sin Juantxu*

Posted by : Le poinçonneur | | Published in

No recuerdo aquella semana navideña de 1989 como se recuerda un reportaje, sino como una pesadilla. También fue una premonición. Yo había salido de Madrid, semanas antes y acompañada por el fotógrafo Juantxu Rodríguez, para realizar un trabajo que recogería la labor de los jesuitas españoles en América Latina. En Panamá, nuestro objetivo se vio brutalmente truncado.

Una semana después de nuestra llegada a la capital panameña, Juantxu y yo regresamos a España. Yo lo hacía viva, por los pelos, y él, en un féretro sellado. Ésa es la pesadilla.

Recuerdo Panamá como una ciudad blanca, de calor pegajoso y ondulantes crestas de palmeras bordeando el océano; recuerdo la sensualidad de la gente y recuerdo también a Rodrigo, que nos hizo de chófer, y a Rafael Candanedo, periodista local que se convertiría en un gran ayuda, y recuerdo unas cervezas compartidas con el delegado de la agencia EFE, Andreu Claret, que me puso al corriente del momento tirantísimo que se vivía en el país a causa de la disputa por el canal, por las malas relaciones entre el general Noriega y su antiguo patrocinador, el Gobierno de Estados Unidos, en ese momento presidido por George Bush, padre, que mientras dirigió la CIA había sido quien más usó a Noriega como agente doble.

También recuerdo una madrugada -poco antes de la una, hora local- en que me desperté súbitamente, creyendo no haber desconectado el televisor. "Una película de tiros", pensé. Y no. Los disparos se escuchaban en las cercanías de nuestro hotel, el Marriott. Desde el ventanal abierto a un paisaje paradisíaco vi algo que nunca antes había podido contemplar con tanta perspectiva. Un bombardeo. Un genuino, auténtico, supertécnico y moderno bombardeo, por parte del ejército más poderoso del mundo, sobre uno de los barrios más paupérrimos de la capital, El Chorrillo.

Juantxu usó la puerta que comunicaba nuestras habitaciones para entrar en la mía y, con su audaz sonrisa de joven reportero gráfico sin miedo, exclamó: "¡Han invadido! ¡Tengo montado el trípode!". Pues se necesitaba inmovilidad para captar las siluetas monstruosas de los aviones, el infierno de fuego que parían sobre los panameños indefensos. Yo le dije que callara, que los norieguistas estaban tomando rehenes norteamericanos en el hotel, perteneciente a una cadena gringa. Echados en el suelo, escuchamos la radio. Ninguna emisora daba noticia alguna, hasta que conseguí conectar Radio Caracol, a la que llamaban panameños desesperados, contando lo que estaba ocurriendo.

Nunca recuperamos el trípode, ni las fotos que hizo Juantxu en aquel momento. En cuanto se hizo de día nos largamos con lo puesto y el imprescindible material de trabajo, y nos dedicamos a recorrer la ciudad con Rodrigo, que había dimitido instantánea y hábilmente de su empleo en el casino del hotel para convertirse en nuestro chófer.

Recuerdo que la ciudad que encontramos a la salida del hotel -en adelante pernoctaríamos en la Embajada de España, en donde el titular, don Tomás Lozano, se comportó como un padre- no se parecía en nada a la que había creído entrever a mi llegada. Recuerdo los carros de combate USA, las avionetas achicharradas de un helipuerto turístico, y más tarde, tras una inútil conferencia de prensa en la ya obsoleta cancillería panameña -Guillermo Endara, el títere adiposo puesto por Bush, había jurado la presidencia en una base de la zona del canal; Noriega estaba en paradero desconocido-, recuerdo haber tenido que correr entre disparos hasta la legación española, que se encontraba al otro lado de la plaza. Recuerdo los saqueos, perpetrados por panameños de todas las clases sociales -un hombre intentaba sacar de una tienda una lancha motora, manejando el volante; una mujer arrastraba varias piezas de tela de brocado; otros arrastraban lavadoras, frigoríficos, cascos de peluquería-; recuerdo los ojos de ira del propietario de un supermercado, que se defendía de los saqueadores armado con un palo, y cómo se echó a llorar cuando le pagué una botella de imprescindible whisky, mientras sus compatriotas trataban de asaltarle. Recuerdo las patadas contra los cierres metálicos de la muchedumbre enajenada, los alaridos de los norieguistas linchados, los cuerpos que se amontonaban en los pasillos de la morgue del hospital de Santo Tomás. Recuerdo a los prisioneros, maniatados y boca abajo en los parques, con las botas de los marines en sus espaldas. Recuerdo, sobre todo, que los soldados de las fuerzas invasoras, que habían bombardeado una ciudad para imponer la democracia, no hicieron nada para impedir que el caos les asegurara la necesidad de orden.

El 21 de diciembre, Juantxu y yo volvimos al hotel Marriott para intentar recoger nuestras pertenencias. Se hallaba en poder de los norieguistas cuando lo abandonamos, y ahora lo controlaban tropas estadounidenses. Por encima del hombro de uno de los soldados que nos conminaron a marcharnos vi cadáveres alineados en el vestíbulo. Tal vez entre ellos se encontraba el amable director que nos había invitado a una copa en ese mismo lugar, que ya pertenecía a otro mundo: el vestíbulo, con su Santa Claus montado en reno colgado del techo, era un símbolo de la locura, de la destrucción. Como la ciudad entera.

Recuerdo que retrocedimos hacia un edificio destinado a convenciones, y que vimos acercarse lentamente un convoy de los marines por la avenida que bordea el mar, y permanecimos quietos mientras giraba en dirección al Marriott, y a nosotros, que montábamos la guardia enfrente. Había otros fotógrafos: entre ellos, Roberto Armicione, de Reuters en Honduras, y uno o dos franceses. Yo miré a mi alrededor, buscando francotiradores. Ni uno. Ni dónde esconderse.

No sé quién abrió fuego antes, seguramente los que llegaban, incapaces de distinguir a los suyos, entre otras cosas porque Estados Unidos había proporcionado los uniformes del Ejército panameño. Lo que sí sé es que la tanqueta que encabezaba la comitiva detuvo sus disparos, tras abatir a unos cuantos de los suyos. Luego, la torreta de donde salía el fuego dio un giro de 45 grados y enfocó al grupo de periodistas. Eché a correr entre las detonaciones que me ensordecían, con Rodrigo y un amigo, hacia la única protección que se nos ofrecía, por risible que parezca: el automóvil. Antes de apretujarme con los otros bajo su panza llamé a Juantxu a gritos, pero él se había ido con su cámara. Le vi caminar hacia delante y caer, pero quise pensar que lo hacía para tomar una foto mejor. Era tan joven. En realidad, ya estaba muerto. Una bala le atravesó el ojo izquierdo y así murió, abrazadito a su cámara.

Fue una pesadilla y una premonición. Porque regresé a España con un féretro y con la convicción de que Estados Unidos inauguraba una nueva era de intervenciones imperialistas ajenas a la legalidad internacional, en las que la presencia de la prensa libre no iba a ser bienvenida. Con los soldados habían aterrizado sus propias cadenas de televisión, que instalaron sus estudios en las bases del canal y empezaron a difundir información embustera y sesgada.

Esto es lo que recuerdo de Panamá. No lo que escribí.

Maruja Torres, El País, 06-08-2006.

*El 21 de diciembre de 1989, Juantxu Rodríguez, fotógrafo del diario
El País, murió en Panamá abatido por marines del Ejército estadounidense mientras cubría la invasión que derrocó a Noriega. Maruja Torres, a su lado, salvó la vida casi por casualidad. La cronista, desde entonces, nunca ha dejado de rendirle tributo, ya sea en sus memorias -Mujer en guerra, Planeta, 1999-, en la reseña anterior o en vídeos como éste. Con motivo del 20º aniversario de la muerte de Juantxu se ha organizado una exposición con sus obras en la Escuela de Fotografía Centro de Imagen de Madrid (Fuenterrabía, 4). Una buena ocasión para recordar, además, a José Couso, Julio A. Parrado, Ricardo Ortega y todos los periodistas españoles caídos en conflictos bélicos, quizá por querer mostrar lo que no debía ser mostrado. Desde aquí, mi homenaje a todos ellos.

Bendito amanecer

Posted by : Le poinçonneur | 3 ene 2010 | Published in


Aunque, como casi todas, ella misma no se lo cree -normalmente insiste en darse el visto bueno sólo cuando va repintada, repeinada, revestida y retaconada-, mi mujer, también como casi todas, está deliciosa recién despierta, en la cama, y, a poder ser, en cueros. Sin artificios ni accesorios de ningún tipo. Me sitúo más allá del puro sexo: entro en el delicado jardín de lo sublime.

Como comentaba hace poco el buen Álex -no recuerdo si en este panfleto o en el suyo-, nada hay más bello que el cuerpo desnudo de una dama. Para muestra, esta fotografía de Natalia Verbeke que hoy publica El País Semanal.

Pura lírica.

FOTO: JERÓNIMO ÁLVAREZ/EL PAÍS.

El señor A.

Posted by : Le poinçonneur | 2 ene 2010 | Published in


Ayer murió el señor A., uno de mis profesores de la EGB. Aunque no detallaré aquí su nombre -por respeto a su intimidad y a la de su familia-, sí querría expresar en público mi agradecimiento a alguien sin el que, en cierto modo, no sería quien soy en estos momentos.

Buen viaje, profe. Que le vaya bonito.

La segunda oportunidad (18)

Posted by : Le poinçonneur | | Published in

Alcance por detrás.

VÍDEO: PACO COSTAS.

Ciega, sordomuda

Posted by : Le poinçonneur | 1 ene 2010 | Published in

Shakira, Sony Music.

VÍDEO: MTV.