Rent*

Posted by : Le poinçonneur | 21 dic. 2012 | Published in

 
You dress me up, I'm your puppet.
You buy me things, I love it.
You bring me food, I need it.
You give me love, I feed it.
 
And look at the two of us in sympathy
with everything we see.
I never want anything, it's easy:
you buy whatever I need.
 
But look at my hopes, look at my dreams,
the currency we've spent.
I love you, you pay my rent.
 
You phone me in the evening on hearsay
and bought me caviar.
You took me to a restaurant off Broadway
to tell me who you are.
 
We never-ever argue, we never calculate
the currency we've spent.
I love you, you pay my rent.
 
I'm your puppet,
I love it.
And look at the two of us in sympathy
and sometimes ecstasy.
 
Words mean so little, and money less
when you're lying next to me.
 
But look at my hopes, look at my dreams,
the currency we've spent.
I love you, you pay my rent.

Liza Minnelli, Sony Music. Original de Neil Tennant y Chris Lowe.

*Lanzado en 1989 -como recordarán mis fanses protocuarentones-, Results significó
 el acercamiento -puntual, lamentablemente- de la diva Minnelli al pop sintetizado,
 vía el incontestable concurso de los Pet Shop Boys. Trátase, huelga decir, de uno
 de mis discos de cabecera, siendo la descarnada Rent, quizá, su corte más señero.
Zambúllanse a la de ya. No se arrepentirán.

Delirios

Posted by : Le poinçonneur | 17 dic. 2012 | Published in

Como he comentado por aquí en algunas ocasiones, conozco, por razones biográficas, lo que es la vida estadounidense -hablo de la USA profunda- en su cotidianeidad más descarnada. Es por ello que, como, encima, el país me gusta -la gente, a veces no tanto-, me canso de luchar contra los molinos aprioristas en las discusiones que tan a menudo dedicamos por aquí a los del otro lado del charco.

En Estados Unidos -al menos, en gran parte de su territorio-, la cultura de las armas está tan extendida como aquí la del carajillo. Para un yanqui medio, no hay nada más normal que apelar a la gravedad del Colt ante cualquier situación de riesgo, sea real o imaginada.

Deriva todo ello de la asunción nacional del pueblo elegido, de una formación como Estado basada en comunidades pequeñas y aisladas unas de otras, y de las rémoras que la Guerra Fría se empeñó en dejar a su marcha, hace más de veinte años.

Sazonen todo ello con un pensamiento ultraderechista, religioso y anarca que predica la desconfianza hacia todo bicho viviente -empezando por el inquilino de la Casa Blanca, negro a la sazón- y que deja en manos del ciudadano medio el derecho-deber de defender su familia y su property. Rematen con un lobby armamentístico que mueve miles de millones de dólares y que está más que interesado en mantener un status quo basado en el miedo al próximo y al diferente.

Los vecinos de Nancy Lanza, la madre del asesino de Connecticut -también abatida por su propio hijo- la describen como una vecina amable y una progenitora abnegada y solícita. Tenía, empero, un debe: un juego de armas de fuego -incluyendo rifles de asalto- de fácil acceso para un chaval con una mente perturbada. El resto, por sabido, no debe removerse, en señal de respeto a las víctimas.

Que una madre confunda educar con adiestrar en el tiro a sus hijos demuestra hasta qué punto la todavía primera potencia mundial basa sus fundamentos en pólvora pura. Otro día les cuento el escalofrío que siento cada vez que los neocon de estos pagos propugnan y amagan con importar los delirios de allá: no se extrañen que, en nada, en alguna tertulia cavernícola se defienda por aquí la venta libre de armas. El TDT party, que lo llaman.

Some men are coming to kill us. We're gonna kill them first

Posted by : Le poinçonneur | 5 dic. 2012 | Published in


Por política de empresa, suelo ser bastante escéptico hacia los reboots, esas nuevas interpretaciones de clásicos del cine de acción que se han puesto tan de moda últimamente. Los Batman de Nolan me resultan soporíferos -me falta ver el tercero-, y tiemblo ante el Superman que prepara el mismo tipo, delegando esta vez la dirección a Zack Snyder. Básicamente, la receta consiste siempre en lo mismo: convertir a un héroe antaño cascabelero en un ser atormentado, taciturno y pollicorto, dando pátina de trascendencia a lo que jamás la tuvo.

Es por ello que la revisitación de James Bond que hace Sam Mendes en Skyfall pudiera resultar tan peligrosa: casas desvencijadas, pasados atribulados, parajes escoceses y relaciones materno-filiales entre asesinos. Mas Mendes, vencedor, consigue en su reboot hacer palmear al fanático que llevo dentro, obsesionado como estoy con double O-seven desde mi más tierna infancia.

Hay que afrontarlo: Craig -chínchate, Connery- es el mejor intérprete que hasta la fecha ha conocido el siervo de Su Graciosa Majestad, y el ex de la Winslet consigue acercar la saga a lo inédito, convirtiendo al producto en cine de autor sin restarle un ápice de contundencia. Hay que agradecer, empero, el concurso de una Judi Dench que hace olvidar cualquier antecedente masculino en la cúpula del MI6. Sazonen la cosa con un Albert Finney incombustible y una Naomie Harris que dará -está dando- mucho que hablar, y que conste que me callo los spoilers.

Me rindo a la evidencia: tanto como detesto a Javier Bardem en lo personal -¿es posible señor más cansino?- tengo que alabarlo en lo fílmico. Su Silva está a la altura de los mejores villanos de la serie -viénenme a la memoria Michael Lonsdale, Telly Savalas o Christopher Walken-, y como lo que es, es, quede aquí mi pleitesía.

Skyfall, amigos, es, en suma, un filme impecable que sentará cátedra, y que rivaliza con la nunca suficientemente reivindicada Agente 007 al Servicio Secreto de Su Majestad por adjudicarse el título de cumbre de la franquicia. Corran a verla.