Chat quotes (2)

Posted by : Le poinçonneur | 29 feb. 2012 | Published in


El drama de mi vida es que yo hubiera querido ser Alain Delon.

Chat quotes (1)*

Posted by : Le poinçonneur | 28 feb. 2012 | Published in


A mí me gusta la gente que llama al capullo, capullo, y al coño, coño.

*En los últimos tiempos, son muchas las horas que dedico a maratonianas sesiones de chat con algunos de mis amigos, gentes de reconocido prestigio que me enriquecen cual yogur con bifidus. Es por ello que se me ha ocurrido entresacarles de vez en cuando una de las perlas que soltamos, ellos y yo, en estos cónclaves exquisitos. Las quotes podrán ser tanto mías como de mis invitados y, por supuesto, inútil aclarar que jamás se revelará la identidad del dicente.

Disfrútenlas.

Fideos con pollo

Posted by : Le poinçonneur | 26 feb. 2012 | Published in



Me inflamo de orgullo y satisfacción en ofrecerles la primera colaboración de mi amigo mariquita para con este su libelo, que es también el de todos Vdes. Tras mucho rogarle, la diva del noroeste ha accedido a iniciar una sección de cocina, palo del saber que controla con precisión cirujana.

Podría extenderme en elogios hacia mi Carlitos, pero él no es muy amante y yo tengo una imagen. Disfruten en vez de su magisterio tanto como yo en un Tube montado con tal contundente originalidad que haría las delicias del mismísimo Valerio Lazarov.

Y cómo no, lo de cada domingo: feliz semana.

Forty thousand and three*

Posted by : Le poinçonneur | 24 feb. 2012 | Published in


*Gracias a la atenta contribución de todos Vdes., Le poinçonneur des Lilas alcanzó ayer sus primeras 40.000 visitas. La efeméride se junta, además, con su tercer aniversario -el tiempo no corre, vuela-. Este medianía les agradece por enésima vez su cariño y les desea el mejor de los fines de semana.

Séanme malos.

Los duques, en La Zarzuela*

Posted by : Le poinçonneur | 23 feb. 2012 | Published in


*Más información, aquí.

MONTAJE: EL JUEVES.

Valencia

Posted by : Le poinçonneur | 21 feb. 2012 | Published in


VIÑETA: QUINO.

M.

Posted by : Le poinçonneur | 20 feb. 2012 | Published in

Mi gran noche*

Posted by : Le poinçonneur | 19 feb. 2012 | Published in


Hoy para mí es un día especial:
hoy saldré por la noche.
Podré vivir lo que el mundo nos da
cuando el sol ya se esconde,
podré cantar una dulce canción
 a la luz de la luna
y acariciar y besar a mi amor
 como no lo hice nunca.

Qué pasará, qué misterio habrá,
puede ser mi gran noche,
y al despertar, ya mi vida sabrá
algo que no conoce.

Caminaré abrazado a mi amor
por las calles sin rumbo,
descubriré que el amor es mejor
cuando todo está oscuro.
Y sin hablar, nuestros pasos se irán
a buscar otra puerta
que se abrirá como mi corazón
cuando tú te me acercas.

Qué pasará, qué misterio habrá,
puede ser mi gran noche,
y al despertar, ya mi vida sabrá
algo que no conoce.

Será, será esta noche ideal
que ya nunca se olvida,
podré reír y cantar y bailar
disfrutando la vida.
Olvidaré la tristeza y el mal
y tanta pena en el mundo
y escucharé los violines cantar
en la noche sin rumbo.

Qué pasará, qué misterio habrá,
puede ser mi gran noche,
y al despertar, ya mi vida sabrá
algo que no conoce.

Raphael, The Boy on Stage. Original de Salvatore Adamo.

*Por que todas y cada una de sus noches, queridos feligreses, sean siempre su gran noche.

Feliz domingo, y cómo no, mejor semana.

Lo poquito agrada y lo mucho enfada

Posted by : Le poinçonneur | 18 feb. 2012 | Published in


Querido Metabolismo:

Te agradezco infinito que, sabedor de lo mal que llevo la edad, insistas, a las puertas de los cuarenta, en demostrarme cada mañana -y cada siesta- que mi adolescencia aún no queda tan lejos.

Ten en cuenta, empero, que el apoteosis y la micción no son compatibles, y que, en ciertos momentos, uno, aun estimando tu cortesía, lo que quiere es aliviar la presión urgentísima de la vejiga.

Esperando que comprendas mi circunstancia, se despide tuyo afectísimo,

LePoin.

Juanito XXXVII

Posted by : Le poinçonneur | 17 feb. 2012 | Published in


El moderno contumaz que tienen sobre este texto -una especie de réplica de bolsillo de Nacho Vegas- es mi amigo Juan Vico, un tipo colorista recientemente reseñado en este libelo a cuenta de un relato erótico de la serie La Folie Nue.

Como dije en su día, son más de dos décadas las que llevamos de amistad, lapso en el que ha pasado de resoplar conmigo para tratar de aprobar Gimnasia -materia dañina y superflua: quítenla ya de los currículos- a convertirse en uno de mis ídolos terrenos.

Mi Juanito, que vive como quiere -como un Dios, básicamente- cumple hoy 37 años en su mejor momento desde todos los puntos de vista. Le deseo, al menos, otros 37 de plenitud -después, ya nos acompañaremos en las unidades hepáticas de cualquier centro hospitalario-.

Te quiero, cabrón.

La tortura*

Posted by : Le poinçonneur | | Published in



Shakira y Alejandro Sanz, Sony-BMG.

*Hay parejas artísticas que no conocen lo que es la química; otras, simplemente, la derrochan.

Empiécenme con buen pie el fin de semana.

Kissy corner

Posted by : Le poinçonneur | 16 feb. 2012 | Published in


Lo que tienen Vdes. sobre estas líneas es un rincón del delicioso y recién remodelado salón pamplonés de mis más que estimados Álex Herrera y Princesa de Hojalata -sus espacios, aquí y aquí- Podría escribir mil fruslerías sobre esta imagen, pero como en ningún caso le harían justicia, prefiero abstenerme y dejar que Vdes. se centren en disfrutarla tanto como yo.

Always Franco

Posted by : Le poinçonneur | 15 feb. 2012 | Published in


No soy yo mucho, vive Dios, de arte moderno, pero esta performance de Eugenio Merino me divierte hasta el extremo de quererla para el salón de mi casa.

FOTO: 20 MINUTOS.

Cool cars (6): Alfa Romeo B.A.T. 7

Posted by : Le poinçonneur | | Published in


Usted*

Posted by : Le poinçonneur | 14 feb. 2012 | Published in


Usted es la culpable
de todas mis angustias,
de todos mis quebrantos.

Usted llenó mi vida
de dulces inquietudes
y amargos desencantos.

Su amor es como un grito
que llevo aquí en mi alma,
aquí, en mi corazón.

Y soy, aunque no quiera,
esclavo de sus ojos,
juguete de su amor.

No, no juegue con mi vida,
ni con mis ilusiones,
son lo único que tengo.

Usted es mi esperanza,
mi única esperanza,
comprenda de una vez.

Que usted me desespera,
me mata, me enloquece
y hasta la vida diera por vencer
el miedo de besarla a usted.

Mayte Martín y Tete Montoliu, K Industria Cultural. Original de Moris Zorrilla y Gabriel Ruiz.

*Como les contaba a mis amigos de Facebook, una de mis fantasías eróticas más preciadas consiste en encamarme con una dama con la que me hable de Vd., manteniendo el tratamiento antes, durante y después.

Ustedear a quien se penetra se me antoja, simplemente, la cuadratura del círculo.

Al otro lado del muro

Posted by : Le poinçonneur | 13 feb. 2012 | Published in


Al otro lado del muro, más allá de las colinas que bordean el valle, ya ha empezado a amanecer. Miguel se revuelve en su litera, intentado inútilmente conciliar un hilo de sueño. Hoy tampoco necesitará mirar el reloj para saber que es aún muy temprano, porque tampoco hoy ha pegado ojo en toda la noche. En la interminable vigilia nocturna, Miguel ha podido contar, una tras otra, las horas de la pantalla fluorescente de su despertador.

Desde que le dieron la noticia, hace hoy una semana, no ha podido volver a dormir. Unas pocas cabezadas esporádicas han sido su único descanso en todo este tiempo.

Tumbado en su litera, con la mirada fija en el techo, Miguel sabe ahora- con una certeza empírica- que las cosas siempre llegan cuando ya no se las espera.

Y es que él hace ya mucho tiempo que dejó de desear ser libre. Miguel no sabe precisar cuándo fue; tal vez en aquella época en que terminó su juventud y empezó a dejar de interesarle lo que pasaba en el mundo exterior. Él había leído en algún sitio que madurar era, en realidad, empezar a pudrirse, y concluyó que definitivamente tenía que ser cierto, porque con la madurez había llegado a olvidar que había vida al otro lado del muro y fue entonces cuando sintió que un inmenso vacío lo empezó a descomponer por dentro.

Volviéndose de un costado, Miguel se asoma a la litera de abajo; donde el Nano -un chaval tan imberbe como precoz- ronca rítmicamente. Miguel no lo conoce mucho, porque sólo hace tres meses que comparten la celda, pero sí lo suficiente como para saber que hoy, el Nano, se cambiaría por él sin pensarlo.

Miguel se pregunta con qué estará soñando el Nano; teniendo en cuenta el poco tiempo que lleva encerrado, posiblemente sueñe que está haciendo marranadas con alguna chavala de su barrio- tan precoz como él- en algún lugar donde no haya muros.

Al principio, él también soñaba. Los sueños eran, entonces, tan reales como su encierro y el argumento se repetía invariablemente: él paseando solo por una calle desierta o por una playa, pero siempre con mucha calma, con la certidumbre de tener todo el tiempo del mundo para llegar a su destino. En ocasiones la Mari lo acompañaba en sus paseos de fantasía, pero nunca había sexo entre ellos, ni tan siquiera llegaban a tocarse, ella se limitaba a caminar junto a él, dos pasos por delante, como guiando su camino.

Miguel no sabe qué habrá sido de la Mari- la última vez que la vio eran todavía unos críos y a ella le gustaba decir que eran novios y que se casarían cuando él regresara de la ciudad- posiblemente terminaría casándose con alguno de los vendedores ambulantes que visitaban el pueblo cada viernes de mercado; porque él nunca regresó y treinta años son muchos años para esperar a nadie.

Así que cuando Miguel salga hoy por fin a la calle, sabe que no habrá nadie esperando para recibirle y por eso maldice a todos y cada uno de los funcionarios del plan de reinserción que han decidido que ya está preparado para reintegrarse a la sociedad.

Cuando le dijo a la psicóloga en prácticas que no quería salir, la chiquilla casi se cae de culo de la sorpresa. Primero se lo tomó a broma y lanzó una risita aguda- mezcla de incredulidad y de nerviosismo- después, cuando vio que Miguel insistía, guardó silencio durante unos minutos y finalmente- mirándole a los ojos por primera vez- le dijo:

«Miguel, usted padece lo que se conoce como el síndrome del preso institucionalizado. Ha pasado tantos años sin libertad que ya no la necesita. Pero no se preocupe, ya verá cómo...».

Miguel no recuerda el resto. Tal vez, cuando él desconectó del discurso, la aprendiz de psicóloga iniciaba una razonadísima perorata con el objeto de hacerle creer que su caso era de lo más normal y que todos los días soltaban a tipos como él, que llevaban más de treinta años encerrados, y que los pobres desgraciados se adaptaban siempre la mar de bien a la vida de fuera.

Pero él no continuó escuchándola. Se puso a darle vueltas a la afirmación de la mocosa y concluyó que tal vez tuviera razón y que se había pasado tanto tiempo entre rejas que había terminado por considera la cárcel como su casa, como su único hogar. Quizás por eso, en los escasos ratos en que había logrado conciliar el sueño en esa semana, siempre le había asaltado la misma pesadilla, en la que él huía despavorido - sin saber nunca de qué- y de la que siempre despertaba cuando estaba a punto de ser atrapado.

Fue entonces cuando tomó la decisión. Cuando saliera a la calle, haría lo necesario para le encerraran otra vez- bastaría con dar un pequeño golpe en algún comercio, nada sangriento- con un poco de suerte y sus antecedentes, sería suficiente para que le volvieran a encerrar para lo que le quedaba de vida.

Con este pensamiento en la cabeza, la mañana ha transcurrido tranquila para Miguel que, como todos los días, ha desayunado solo en su celda. Hace tiempo que dejó de ir al comedor con los demás internos, y que sobrevive alimentándose de galletas y de cosas por el estilo, porque ya no soporta el gusto de la comida de la prisión. Todos los alimentos le saben igual, a una mezcla de dieta baja en sal y pobre en sabor. Dieta de encierro.

Sólo hay una cosa que todavía hoy Miguel añora del mundo exterior, y es comerse una paella, una buena paella de marisco, como las que preparaba su madre en los días de celebración familiar. Mataría por volver a probar una paella como aquellas.

Miguel consulta su reloj. Ya sólo faltan unos minutos para mediodía- hora en que le han anunciado su salida- así que se apresura a revisar el contenido de su maleta: una muda de ropa interior, un par de pantalones, dos camisas y una americana. Después se tantea los bolsillos hasta que da con su pincho –inseparable compañero en todos estos años- que finalmente decide ocultar en la doble suela de su zapato.

El trámite de salida ha sido rápido. Primero ha pasado por caja, para recoger el dinero ganado con su trabajo en el taller de confección del centro. Después el papeleo, la recogida de su carné y por último el examen del detector, que ha pasado fácilmente.

Ya en la calle, Miguel ha tomado el autobús de línea que lo ha llevado hasta la ciudad. Ha permanecido sentado junto a la ventanilla, observando cómo el vehículo se iba vaciando, poco a poco de viajeros y no ha descendido hasta que el conductor le ha gritado que habían llegado al final del trayecto.

Si hubiera tenido con qué compararla, Miguel habría opinado que Lleida era una ciudad fea y desangelada, pero como era el primer lugar habitado que visitaba en muchos años, se ha limitado a constatar que todos los edificios eran de un mismo color gris.

Al principio ha caminado sin rumbo durante un buen rato. La sensación le resultaba agradable; uno más entre la muchedumbre que detiene su paseo para contemplar la actuación de algún artista ambulante. Sólo otro peatón en medio del gentío que aguarda para cruzar un semáforo. Pero después ha empezado a sentir el vértigo de no encontrar ningún obstáculo al final de su camino, ningún muro que lo detenga y el asfalto ha empezado a inclinarse, transformándose en una pendiente y finalmente en un abismo, por el que Miguel habría sido devorado de no haber encontrado refugio en un bar.

El local era pequeño y poco iluminado. Sólo un par de fluorescentes grasientos que arrojan una luz mortecina sobre otras tantas mesas vacías. Miguel se ha atrincherado en la barra, dejando caer la maleta a sus pies, presa todavía de una sensación de mareo que le ha obligado a sujetarse la cabeza con las manos para no desmayarse. Al fondo del mostrador, un hombre gordete y con un delantal lleno de lamparones, se secaba las manos con un paño mientras contemplaba ensimismado las imágenes del televisor colgado de la pared.

Recobrado el aliento, Miguel ha buscado en los bolsillos de su pantalón algo con lo que secarse el sudor y después- amparado por la falta de clientela- se ha quitado el zapato y ha sacado el pincho, camuflándolo en el puño de su camisa.

-¿No se sirve aquí, jefe?- le ha gritado al camarero.

-Ya va hombre, ya va, ¿dónde está el fuego?.

-En mi garganta jefe, que está seca. Póngame una cerveza, haga el favor, sin vaso- le ha contestado Miguel, bajando el tono de voz.

El hombre le ha plantado un botellín helado ante las narices, que Miguel ha engullido en dos tragos.

-Pues sí que había sed, sí señor, que debía venir usted en reserva- Ha bromeado el camarero.

Miguel le ha contestado con un gesto afirmativo, ha mirado a su alrededor para asegurarse de que no había entrado nadie y ha dejado que el pincho se deslizara hasta la palma de su mano, oculto por el mostrador.

-¿No va usted a comer nada?- le ha preguntado el camarero- mire que no es bueno beber con el estómago vacío.

-No, deje, no podría…- ha susurrado Miguel.

-Pues es una lástima- ha insistido el camarero- porque hoy es jueves y tenemos paella. La hace mi mujer, que le sale buenísima…

-¿Paella dice?… ¿paella de marisco?- ha preguntado Miguel en un hilo de voz.

-Hombre, algo de eso lleva, pero tampoco gran cosa, que los tiempos no están para derroches, pero el saborcillo a pescado sí que lo tiene, y bien rico. Qué, ¿se anima?.

Miguel ha apretado el pincho en su mano hasta notar el calor de un hilo de sangre corriéndole por la palma, después, poco a poco, ha aflojado la presión, hasta dejarlo deslizarse dentro de su bolsillo.

-Sírvame una ración generosa, jefe- le ha respondido al fin- y que sea lo que Dios quiera...

TEXTO: MARIBEL RUIZ.
FOTO: CRISTINA COSTALES.

Se você pensa*

Posted by : Le poinçonneur | 12 feb. 2012 | Published in


Se você pensa que vai fazer de mim
o que faz com todo mundo que te ama,
acho bom saber
que pra ficar comigo
vai ter que mudar.

Daqui pra frente

tudo vai ser diferente.
Você tem que aprender a ser gente,
seu orgulho não vale nada, nada.

Você tem a vida inteira pra viver
e saber o que é bom ou o que é ruim.
É melhor pensar depressa e escolher
antes do fim.

Você não sabe
nem nunca procurou saber
que quando a gente ama pra valer
bom é ser feliz e mais nada, nada.

Você tem a vida inteira pra viver
e saber o que é bom ou o que é ruim.
É melhor pensar depressa e escolher
antes do fim.

Você não sabe
nem nunca procurou saber
que quando a gente ama pra valer
bom é ser feliz e mais nada, nada.

Maysa, EMI Music Brasil.

*Y es que, amigos, a veces es necesario plantarse. Disfruten de la semana con mis mejores deseos.                       

Te amo*

Posted by : Le poinçonneur | 11 feb. 2012 | Published in



Rihanna, The Island Def Jam Music Group.

*Indirectamente, un amigo de Facebook me trae a la memoria este encabritante vídeo de Rihanna. Por regla general, la de Jamaica me interesa tanto como las obras completas de Paulo Coelho, aunque la cosa cambia, como es natural, si quien la acompaña es la siempre inasible Laetitia Casta. Qué mujer, amigos.

Por cierto, feliz fin de semana y tal.

Poinçoentrevista 2012: India pregunta*

Posted by : Le poinçonneur | 9 feb. 2012 | Published in


1. Un recuerdo que te haga sentirte héroe.

Cada vez que colgué un cuadro y se mantuvo en su sitio.

2. Un recuerdo que te haga sentirte villano, de los que son recurrentes justo cuando estás a punto de coger el sueño profundo y te pellizcan el estómago.

En una ocasión robé una libreta del cuarto de material de mi colegio. Lo cuento ahora porque ya está prescrito.

3. ¿Le hablas al espejo cuando te lavas la cara, te afeitas y tal... como si fuera otra persona la que tienes delante y quisieras camelártela?

Nunca le hablo al espejo -no quiero acabar encerrado en ninguna habitación de paredes acolchadas-. Lo uso lo justo para los fines que comentas, y en cuanto al autocamelamiento, me queda aún un largo trecho para seducirme a mí mismo hasta ese punto.

4. Tu cosita tiene nombre propio?

Jajaja, pues no, no tiene. Si te apetece bautizarla, tus propuestas serán tenidas en cuenta.

5. ¿Eres de los que alguna vez, hace pipí sentado?

En casa siempre meo sentado. Mi mujer y mis azulejos me lo agradecen a diario.

6. ¿Has sido alguna vez infiel de pensamiento? Pero infiel de llegar a tener sentimiento de culpa.

Evidentemente sí. Y no profundizo que luego todo acaba sabiéndose...

7. ¿Rencores que no consigues enterrar?

No sabría definir la diferencia entre el rencor y el simple no olvido de los hechos dolorosos. No me considero especialmente rencoroso, pero sí hay un par de personas -una, sobre todo- a las que jamás podré perdonar. Cuando cierro ciertas puertas, es para siempre.

8. Eres seguro de ti o reconoces fingirlo a veces?

¿Sólo a veces?

9. Cochinadas cumplidas en materia sexual.

Digamos que llevo unas cuantas -soy un amante del morbo-, pero no pueden ser reveladas por atentar contra mi regla más sagrada: la intimidad de terceros.

Lo dejo para mis memorias.

10. Sabemos que te mola lo exagerado... pero... ¿para que se te vea más o para que no se te vea a ti precisamente?

Certera pregunta a la que, con toda sinceridad, no sé dar respuesta. Yo mismo me lo cuestiono muchísimas veces, y sigo sin saberlo. Probablemente mi esposa pudiera contestarte con toda precisión, pero yo, ca.

*Ya cerrado el plazo -estos sureños, ya se sabe-, a mi adorada India se le ocurrieron unas cuantas preguntas para la poinçoentrevista de este año. Como yo a una morena no le diré nunca que no ni en esta vida ni en las cien siguientes, aquí quedan mis respuestas a sus cuestiones, que siembro junto a mi amor más pertinaz hacia quien tanto lo merece.

Guapa.

Cool cars (5): UrSaab

Posted by : Le poinçonneur | 8 feb. 2012 | Published in

Et Dieu...créa la femme (reprise)*

Posted by : Le poinçonneur | 7 feb. 2012 | Published in


Aunque pueda resultar indecoroso mentar la carne en Viernes Santo, he iniciado el puente disfrutando de Y Dios creó a la mujer, el divertimento de Roger Vadim que dio lugar, hace cinco décadas, a la entronización de Brigitte Bardot como mito sexual galo por excelencia.

Acuñada por la prensa de la época como la segunda industria francesa más próspera después de la Renault, la Bardot redefine en el filme para los restos el concepto de erotismo: muchas lo han intentado, mas ninguna ha conseguido cimbrearse con el donaire que derrocha la parisina. Jamás, tampoco, unos pies descalzos han sido tan matadores como los que acarician a Christian Marquand a la orilla de la playa.

Viendo al pobre Jean-Louis Trintignant echarse sin remedio en brazos de la perdición, me viene a la memoria la exquisita vertiente musical de la vamp, menos conocida pero tan o más remarcable que la cinematográfica. Es posible, por poner un ejemplo, que haya imprudentes que no sepan que fue su voz, y no la de Jane Birkin, la primera en arrullar a Serge Gainsbourg en el corte original de Je t'aime...moi non plus; yo, que estoy a la que salta, ya hace años que peregriné a Perpinyà en busca de The best of Bardot, aurífero recopilatorio de los principales títulos canturreados por la bombinette.

Es éste, a partir de entonces, uno de mis discos de cabecera, lo cual no está exento de riesgo: en mi familia, desde la noche de los tiempos, nos transmitimos de unos a otros toda clase de patologías cardiovasculares. Ya sea por hipertensión arterial, embolias, arritmias ventriculares o soplos diastólicos, tenemos la glamourosa costumbre de morirnos jóvenes -lo contrario, secretamente, nos parece una ordinariez-. Es por ello que Mariano, mi médico, siempre celador de mi maltrecho metabolismo, me abroncaría sonoramente si supiera que, de vez en cuando, a escondidas, extraigo el The best de su caja y, a través de los auriculares, escucho a bajo volumen Moi je joue cuatro o cinco veces seguidas.

Y es que oír a B.B., entre grititos y suspiros, decirle a uno repetidamente vous êtes mon jouet pone a prueba las capacidades coronarias más contrastadas: qué no hará, ay, con las mías.

*Un chateo nocturno con mi ya imprescindible amiga Maribel me apercibe de la necesidad de recuperar este post antiguo sobre Brigitte Bardot y mi filia perpetua por devenir kleenex de hermosas. Va por todas Vdes., sin las que mi existencia sería, simplemente, un erial.

Papel vs megabytes*

Posted by : Le poinçonneur | 6 feb. 2012 | Published in



*Mi amigo y guía espiritual Guille García Alfonsín condensa en unos minutos su opinión -más que autorizada- sobre el presente y futuro de la comunicación en la industria del motor. Vale la pena escucharlo, aunque el muy ladino hable continuamente de Audi y Volkswagen y no miente a mi Alfa Romeo ni una sola vez (me las pagarás).

Don't go breaking my heart

Posted by : Le poinçonneur | 3 feb. 2012 | Published in



Elton John y RuPaul, MCA.

Amour Fou (+18)*

Posted by : Le poinçonneur | 2 feb. 2012 | Published in


Recuerdo la primera vez que nos liamos. Comenzó a lamer mis pezones después de besar mis manos, hizo que me arrodillara en la cama y se metió entre mis piernas, creo que se masturbaba mientras lo hacía. Luego quiso quedarse viviendo conmigo. De esa mórbida relación no pasó ni un solo día en dos años que no nos liásemos. Eso es lo que aún echo de menos. Aún busco esa conexión sexual cósmica, esa mezcla perfecta de sensualidad, inmadurez, avidez, amoralidad, obscenidad y libertad (...).

*Este febrero, es la muy gentil Carla Soza quien se hace cargo de La Folie Nue con este cuento sabrosón ilustrado por ella misma. Desde aquí, mi público y caluroso agradecimiento.

Que lo disfruten.

Vuelven los viajes a Londres

Posted by : Le poinçonneur | 1 feb. 2012 | Published in

Pretendía publicar un post al respecto de la nueva pero vintage ley del aborto que prepara Ruiz-Gallardón, pero, en vez, me contento con enlazarles a la atinada columna que al respecto publica hoy Elvira Lindo en El País, y que suscribo de pe a pa.

La hipocresía elevada al infinito: tal es la sustancia de ciertas políticas.

Y de ciertos políticos.